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Hacer cine no es tarea fácil cuando no se cuenta con los suficientes recursos para sostener una profesión artística compleja y costosa, por lo que es loable el esfuerzo de los cineastas nicaragüenses por producir, en medio de crisis económicas, proyectos fílmicos cuya inversión es cultural.

A pesar de esta situación contamos con una producción cinematográfica nacional. La década noventa significó la caída total del cine nicaragüense y el derrumbe de las instituciones que lo representaban.

“En 1991… debido a que una de las políticas del gobierno era la devolución de propiedades confiscadas la década anterior… INCINE (Instituto Nicaragüense de Cine) se trasladó a otra casa en el barrio Monseñor Lezcano, después tuvieron problemas con el Banco de la Vivienda, luego pasaron al Canal 6 y de ahí a unas bodegas del mismo; ahí estuvieron hasta 1996. En 1997 se trasladaron a la Cinemateca, y hace diez años se instalaron en el Palacio Nacional hasta la actualidad”, relata Karly Gaitán, investigadora de la historia del cine en Nicaragua.

El desamparo estatal provocó que algunos miembros de INCINE fundaran sus productoras cinematográficas independientes y comenzaran a realizar documentales financiados por organizaciones no gubernamentales. “Los cineastas independientes buscamos fondos en las ONG, las cuales sólo tienen políticas de desarrollo y sociales, no culturales… En este sentido, quien te financia influye en la producción”, explicó la cineasta nicaragüense de origen francés, Florence Jaugey.

Gracias a esos organismos se ha dado continuidad al trabajo cinematográfico, y se ha logrado la capacitación de productores y equipo técnico. Así se empezaron a tratar problemáticas sociales que con el tiempo se transformaron en tópicos recurrentes como la violencia contra la mujer, el abuso sexual, las migraciones, el sida, la contaminación ambiental, entre otros, producto de las condiciones a las que se tuvo que adecuar el cine para sobrevivir en un nuevo contexto.

En medio de este clima de incertidumbre, a finales de 1995 ocurrió un evento positivo: el rodaje de la película “La canción de Carla”, que causó expectativas y esperanzas sobre el futuro del cine en Nicaragua. Es un film dirigido por el cineasta británico Ken Loach, protagonizado por Robert Carlyle, Scott Glenn y la nicaragüense Oyanka Cabezas.

Con la colaboración de cineastas nicaragüenses se inició la filmación el 13 de noviembre de 1995 en los municipios de Estelí, Condega, Ducualí y Managua. Luego se continúo en Glasgow, Escocia, y en enero de 1996 retornaron a Nicaragua para proseguir con el rodaje.

La película aborda el tema de la guerra sandinista, por lo que fue catalogada como un trabajo panfletario que aludía al candidato a la presidencia por el FSLN, Daniel Ortega. Además, para 1996 los problemas del país comenzaron a ser más bien económicos y sociales, y la guerra se volvió un tema del pasado.

Lamentablemente esta película no generó el impulso cinematográfico esperado, pero fue una tregua en medio del panorama desolador. Pasaron trece años para que se presentara el largometraje “La Yuma”, escrita, producida y realizada por Jaugey, y que desde su estrenó consiguió éxito a nivel nacional e internacional.

“La Yuma” es una coproducción de Camila Films de Nicaragua, Ivania Films de México, Wanda Visión de España y Araprod de Francia, con personal técnico de Ecuador, Guatemala, Costa Rica y Nicaragua, además del reparto artístico nicaragüense. La realización esperó diez años, y gran parte de ese tiempo fue para conseguir fondos. El rodaje se realizó en tan sólo treinta y dos días.

Respecto al origen de la película Jaugey dijo que quería abordar un tema sobre la juventud “porque en Nicaragua es la mayoría, y su talento se desperdicia”, quería algo “que fuera contemporáneo, no sobre la revolución… sino del país”, que ya nadie mencionaba en las noticias.

En un ambiente social violento, el personaje de “La Yuma” debe enfrentar problemas como la pobreza, el desamor familiar, el desempleo, la discriminación social y otras situaciones que la impulsan a descubrirse a sí misma. El estreno de este film fue todo un fenómeno para la historia del cine nicaragüense, que no lo esperaban ni los realizadores. El éxito alcanzado en el exterior desde su estreno en Francia (2009), creó una gran expectativa entre el público nacional.

Pero el encanto que provocó “La Yuma” volvió a desvanecerse y el cine nicaragüense continúa pagando un alto costo. Si ha sobrevivido es por la perseverancia de sus adeptos, quienes han buscado la manera de sacarlo adelante, aunque los avances no sean sustanciales. En comparación con los gobiernos anteriores, el nuevo gobierno sandinista ha puesto más atención a la crisis pero no ha conseguido realizar un proyecto estratégico eficiente que fortalezca realmente el séptimo arte en Nicaragua.