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A fines de 1913 en Valldemosa, Mallorca, tuvo Darío un tremendo tiempo para el reposo y “un dichoso laboreo literario”. De allí salieron poemas como La Cartuja, Valldemosa y Los Olivos, y la novela que títuló El oro de Mallorca, hace 100 años.

Azul…, hace 125 años (Valparaiso, julio 1888), cuando el poeta tenía 21 años, inició la sorprendente renovación de las letras hispanoamericanas: “Mi amado viejo libro primigenio, el que iniciara un movimiento mental que habría de tener después tantas triunfantes consecuencias…” (Diario de Centro América, Guatemala, 23/4/1915).

Aunque hubo otras obras poéticas precursoras (Abrojos y Rimas, 1887), es Azul… la que marca la internacionalización de Rubén. Su intenso ciclo creativo se abrió al mundo con Azul…, y se cerró, después de casi veinticinco años, con El oro de Mallorca, cuando el poeta llegaba al final de sus años. El primer intento por escribir una novela fue Emelina (1887), después El hombre de oro (1897) ambientada en la antigua Roma.

La Asamblea Nacional de Nicaragua en sesión solemne rindió homenaje al poeta de Hispanoamérica por la publicación de Azul… y presentó con la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua el 12 de diciembre, El oro de Mallorca, cuya edición y notas, a cargo de Pablo Kraudy, incluyen un anexo que finaliza la que el autor consideró una novela inconclusa.

El capítulo VI (febrero, 1914), desde la observación de lector, se comprende como un final posible para la corta novela autobiográfica; cierra con una afirmación que consuma una trama: “A la Cartuja, en Valldemosa”. Sin embargo, el autor en diversas ocasiones comentó que tenía pendiente finalizar la obra y lo indicó como: “fin de la primera parte”.

En entrevista publicada en el Diario de Centro-América (Guatemala, 20/3/1915), traducida de The New York Tribune, titulada Justicia de la prensa americana al primer poeta de habla española: “…Viviré –dijo el poeta- en la finca de un amigo hasta terminar mi próximo libro, una novela; después marcharé a Buenos Aires y otras ciudades sudamericanas”.

El 29 de marzo (1915), el diario guatemalteco publica, con el título Rubén Darío en la miseria?: “…, tomándola del New York Tribune, publicamos la noticia de que el poeta tenía el proyecto de venir a Guatemala y en la paz de nuestros campos escribir una novela absolutamente regional”. Un mes después comenta (20/4/1915): “En Nueva York enfermó gravemente, y para mejor convalecer o para dar cima a sus propósitos literarios de escribir una novela de asunto regional, vuelve a estas tierras centroamericanas, donde más se le quiere y admira cada día, porque es hijo de ellas”.

A los dos días de su llegada a Guatemala, el Diario de Centro-América lo entrevista en el Hotel Imperial. Con el título Hablando con Rubén Darío (22/4/1915), ante la pregunta: “¿Permanecerá entre nosotros mucho tiempo? ¿Tiene algún trabajo literario por emprender?”. El poeta respondió: “No sé cuánto tiempo tendré el gusto de estar en Guatemala aún. Por prescripción médica he de guardar el mayor y más absoluto reposo. La novela que estaba publicando en La Nación y que se titula El oro de Mallorca, está a medio hacer…”

El “Anexo a El oro de Mallorca” que incluye la nueva edición, no identifica fecha de elaboración, aunque debió ser entre mayo y diciembre de 1915, durante los meses que estuvo en Guatemala o el primero en Nicaragua.

El breve capítulo adicional encaja en el estilo, el carácter autobiográfico y meditabundo de los anteriores, continúa la narración y concluye con un final que el lector también puede reconocer: “…y al amanecer del siguiente día desembarcaba en la ciudad condal. En el muelle le esperaba la amiga exquisita, y juntos se dirigieron al hotel”.

De lo publicado en New York y Guatemala (marzo, 1915) se evidencia la intención de Darío de escribir “una novela absolutamente regional” y de “terminar mi próximo libro, una novela”. ¿Se refería realmente a otra o a la continuación de El oro de Mallorca?

El oro de Mallorca, desde mi óptica de lector puede considerarse concluida en el capítulo VI. El anexo la continua y cierra según interés del autor. Lo que realmente sigue estando inconcluso, ineludible obligación a las puertas del centenario de su muerte, es la recopilación y publicación de su vasta obra diversa y dispersa, confirmando que conocemos poco a Rubén Darío, uno de nuestros principales referentes de la identidad nacional e hispanoamericana.

 

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