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De origen cubano, el pintor Arnolkis Turro, después de una larga travesía que lo llevó a Alemania, Guatemala, y Costa Rica, encontró en nuestro país la estancia perfecta para establecerse tras permanecer cuatro años en tierras europeas.

En el año 2005 ingresó al país del que afirma solo tenía un poco de información de su literatura, además de que en pintura conocía sobre la obra del maestro Armando Molares.

“Aquí encontré lo que estaba buscando, porque mi recibimiento fue cultural, me empecé a relacionar con los artistas y empecé a estudiar más sobre el país y sus pintores, que no se internacionalizaron pero que tienen su propio lenguaje", señaló Turro.

Asimismo, dijo que en Nicaragua encontró su destino. Hace pintura y escultura. Esa última afirma que se remonta a su tesis en la Escuela Nacional de Arte, por lo tanto son piezas con un contexto específico, ensambladas más en el entorno social cubano y que representan la situación político-social del país, usando un lenguaje urbano a través de las señales de tránsito y de paisajes citadinos de La Habana.

“Yo desarrollé un lenguaje que evolucioné. Hago collage de metal, que es otro tipo de lenguaje que representa el paisaje tercermundista, sin burguesía, sino con una clase de acceso limitado a derechos básicos", señaló.

Bienal

Con esas esculturas cuya idea surgió en Cuba pero se materializó en Nicaragua, porque dice que al llegar a nuestro país agarraron forma, fue admitido para participar en la Bienal de Arte en Argentina.

“CATM es una agencia que promueve artistas, ellos manejan mi carrera y en busca de proyección decidieron enviar mi portafolio a la Bienal de Arte en Argentina y fui electo entre los postulantes, así que estoy muy contento por este paso", confió el artista.

Turro ya tiene su propio estudio y desea ir desarrollando el lenguaje de la pintura a través del metal, el collage y la composición del volumen. Se considera pintor creador y no escultor, porque afirma que esa es otra dimensión.