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Un mediodía soleado, con la brisa del lago salpicando los vagones del ferrocarril. Pasadas las doce se escuchó el pito del tren propiedad de la compañía Ferrocarril del Pacífico, el que puso alerta a los estibadores que prestos ofrecían sus servicios para ganarse el sustento de cada día.

Una caja que "no causaba ninguna expectación entre las maletas que iban en el vagón de equipajes del tren" vendría a cambiar la forma de entretenimiento de los nicaragüenses. Con precisión se sabe que era un baúl metálico y en su interior viajaba, desarmado, el primer cinematógrafo que llegó a Nicaragua, a inicios de diciembre de 1899.

Estreno

Así, ya en 1900 se realiza la primera exhibición de cine en el primer teatro que hubo en Managua, el memorable Teatro Castaño, que estuvo en una posición geográfica envidiable: al costado sur del Palacio Nacional, donde guardaban los coches del presidente José Santos Zelaya.

Esas son las fechas claves que marcan la llegada del cine a nuestro país como medio de entretenimiento, datos que se recogen en una obra grande no por ser voluminosa, sino por la riqueza de su contenido: “A la conquista de un sueño. Historia del cine en Nicaragua”.

El libro es obra de la escritora nicaragüense Karly Gaitán y empezar a recorrerlo significa para el lector someterse a una amalgama de historia que por la agilidad de la prosa con que fue construida no cansa, sino que, por el contrario, despierta la ansiedad por seguir ahondando en sus páginas.

Desde esas primeras proyecciones que podían costar 50 centavos de peso plata hasta la situación actual y las proyecciones hacia el futuro del cine en Nicaragua se encuentran condensadas en esta obra que tiene más de 200 fotografías de lugares e impulsores del séptimo arte en nuestro país.

¿Qué te llevó a realizar esta investigación tan ambiciosa?

Cuando inicié, en 2004, no era una investigación ambiciosa, solamente buscaba saber la diferencia y semejanza entre el “cine somocista” y el “cine sandinista”, para un ensayo de fin de cuatrimestre en la universidad. Al iniciar me di cuenta de que una historiografía tan escasa en un país sobre el tema del cine me llevaba a un laberinto enorme de aquellos profesionales de categoría “muy difícil” que se publican en libros de entretenimiento. Me motivó saber que iba a escribir de la nada. Sin antecedentes amplios, todo listo para construirse, para armarse y descubrirse.

Este libro me hizo sufrir (pero no me sacó canas...). Fue un trabajo de 10 años que vale la pena celebrarse. Sobre lo que quería descubrir, supe que el llamado “cine somocista” y el “cine sandinista” son la misma cosa.

¿Qué obstáculos encontraste en el camino?

Todos los obstáculos de diferentes tamaños, categorías, formas, colores, dimensiones. Colección de obstáculos. El mayor es que ni había antecedentes, solo recolecciones orales de testimonios. Monografías que en tres páginas hacían el resumen del cine antes de 1979, iniciando con los años cincuenta. Había cincuenta años perdidos en la historia del cine en Nicaragua. Como dice mi amigo Franklin Caldera, hice un trabajo arqueológico. Busqué de la nada. Pasé ocho años en los sótanos de la Hemeroteca Nacional examinando periódicos antiguos, con una lámpara de minero atada como diadema a la frente, guantes de tela, desinfectante de espray para papel, mascarilla para protegerme, camisa manga larga, como minero o arqueólogo examinando, buscando.

Entrevisté a mucha gente, he contado y grabé en total 686 horas de entrevistas, con cada persona me quedaba unas dos horas y a muchos los entrevisté personalmente, o hablamos más de cuatro horas por Skype. Yo no tenía secretaria que me transcribiera como las tienen muchos investigadores, me tocó el play-pause y con audífonos casi la misma cantidad de horas.

¿Cómo definís el cine en Nicaragua?

El cine en Nicaragua no es distinto al de otros países de América Latina. Para crear una escuela, un tipo de género de cine se necesita más años, más experiencia, más cinematografía nacional. Pero claro que se puede decir “cine nicaragüense”, es decir el hecho en este país. Sin embargo, es bueno resaltar que lo que pudiera llamarse así es la colección de “noticieros Incine”, porque tienen una unanimidad, un estilo, un concepto.

De ahí todos los esfuerzos han sido aislados en estilo, cada quien trabajando con su estilo, con su firma propia. Los cineastas de los años ochenta cada uno tiene su propia cinematografía (que no es lo mismo que filmografía) y eso es muy bueno para la construcción de un cine nacional, o sea, la unión de todos los esfuerzos, pero no es diferente el cine nicaragüense al resto. Podrías más hablar de “cine latinoamericano”, porque es más semejante uno al otro, se forma con todos un esqueleto que funciona más como un cuerpo, con coordinación y armonía. Y semejanzas...

¿Qué ha detenido el crecimiento de esta industria en nuestro país?

Un solo factor: dinero. Ese es el problema en general en América Latina y el “cine independiente”. Se tiende a llamar “independientes” al cine no-hollywoodense, como si se tratase de una agrupación de anarquistas rebelados contra un cine grande. Pero el cine independiente es el que no es ni Hollywood ni gubernamental. O sea, el cine de todo el mundo, menos Hollywood.

Ese cine “independiente” es una mayoría, pero esos cineastas y su público aman sentirse rebelados, no alineados, como si son minoría. Tal vez es mejor sentirse así, héroe, luchador, que la mayoría arrolladora. Ese cine es la mayoría arrolladora, es el cine que llega a un público más diverso. Aquí hay ideas buenas, artes, estudios, buen ojo para cámara, conocimientos técnicos y teóricos de primer mundo. Falta dinero.

En la Historia (con mayúscula) han debido unirse genios y millonarios para que los grandes inventos de la humanidad existieran. Uno da las ideas y la fórmula y el otro el dinero. El día que los millonarios y los creativos se unan el cine se desarrollará de forma que nunca se ha visto. Lo que hace falta es convencer a un millonario que te dé seis millones de dólares para que hagás una película...

¿Cuál es el principal aporte de esta obra?

Ella toda es el aporte. No ha existido antes un libro sobre historia del cine en Nicaragua que abarque todo desde que vino el cinematógrafo a Managua. Es un aporte creo que bastante serio al patrimonio cultural de la nación. Costa Rica tiene su historia del cine en un libro, y su historiadora (María Lourdes Cortés), Guatemala también. Existe el libro sobre el cine en Centroamérica, de la misma autora, pero de Nicaragua no.

Yo conozco amigos de todas las disciplinas artísticas y no soy de nadie ni del grupo de nadie. Entonces mi aporte es nacional, del arte, pero más que todo de la Historia, ese sí es mi sueño, la Historia, lo que me gusta, y si alguna vez he soñado estar en un gremio es en una academia de Historia. Es un aporte historiográfico que no solo al cine viene a hacer. Aquí hay un poco historia del teatro, de la televisión, del video, de la arquitectura de Managua, estudios sociológicos de varias épocas, análisis etnográficos, estudios comunicacionales, mucha antropología.

¿Dónde estará disponible el libro?

En Literato y en Fucine. Pueden pedirlo también en publicaciones@fucine.org.ni.