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Los estudios de los académicos de nuestro país sobre Rubén Darío proponen una interpretación étnico identitaria (Pablo Antonio Cuadra) o se detienen y deleitan en lo estilístico (E. Zepeda Henríquez, J. Ycaza Tijerino); otros en lo biográfico (Edelberto Torres, Nidia Palacios), o bien en estudios históricos o temáticos y mitológicos como los de J. E. Arellano o Alejandro Chamorro Cole. Hay también escritos que analizan la obra dariana desde la prosa y el periodismo o de las ideas pedagógicas y políticas como los trabajos de Carlos Tunnermannn B. También son notables y únicos los enfoques filosóficos de Alejandro Serrano Caldera quien examina la poesía de Darío llamando a éste un centauro ontológico.

Pero siempre hay un ángulo nuevo o un nuevo método para abordar la obra poética de R. Darío que aún nos deslumbra y asombra por la vigencia de su pensamiento y su estética que en su caso vienen a ser lo mismo. Si queremos aplicar un método cualquiera que sea a la obra de Rubén Darío vale, después de todo un método es un discurso como dice Edgar Morin.

De modo que el objeto real del estudio o la investigación es la obra poética en si. Los usos o lecturas que se hacen de R. Darío son meras construcciones sociales que han servido para legitimar un Rubén Darío de princesas y de cisnes, plumas, oro y pedrería lo mismo que un antiimperialista que raya en el socialismo. Las interpretaciones marxistas con base en epistemologías obsoletas son las peores. ¡Dios salve a Don Rubén de caer bajo la lupa del marxismo vulgar!

Con todo y estos abordajes de la obra del gran Rubén y casi a cien años de su muerte, todavía no existen obras completas de Él, debidamente estudiadas por los académicos de Nicaragua y publicadas por el Estado. Incluso que se le estudia vagamente en los subsistemas de educación. Todos los estudios darianos hasta hoy son fragmentarios.

De lo que se trata es estudiar a Darío desde una perspectiva hermenéutica filosófica, partiendo de su propia e inmensa relojería que es su obra poética. Es decir, situarlo en su horizonte y extraer de su lírica una hermeneusis que nos produzca una lectura conjugada de la tradición y el lenguaje poético al uso

La lirica de R. Darío requiere de un doble abordaje; el estético literario y el existencial y no de inciertos contextos o implicaciones biográficas.

La interpretación hermenéutica permite forjar un deslinde con los estudios culturales, por ejemplo, que lo hacen irreconocible en su identidad que al fin éstos no son más que lecturas forzadas por cánones teóricos y literarios anglosajones mal aprendidos y peor aplicados.

La estética de Rubén Darío sabemos que es una estética platónica o mejor aun neoplatónica por aquello de la ascesis a la Belleza.

Si se emprende una lectura de la poesía de Rubén Darío desde su “iniciación melódica” hasta su último canto(a si como los prólogos de sus libros de poemas que son manifiestos estéticos) se encuentra a un poeta cultivador de formas antiguas y modernas que jamás ha encontrado otro poeta en español a no ser Góngora y Quevedo, los ilustres retratos que colgaban arriba de su cabeza. Por esto no es aventurado decir que R. Darío es el precursor de las vanguardias literarias latinoamericanas que además de sincronizar con la Modernidad, abre surcos que grandes poetas de América y España continuarán con sus visiones revolucionarias. No hay poeta importante de América Latina que no lleve la música, el ritmo y la libertad de la flauta del gran Pan. Sin modernismo no hay modernidad para nosotros, americanos surgidos de una placenta estelar como diría José Lezama Lima.

Sin embargo, importa lo que subyace a la revolución de las formas poéticas que es la Existencia. La existencia es el sostén de la poesía de Rubén Darío. Y aquí me refiero a existencia en los términos de la hermenéutica fenomenológica, tales como: ser, finitud, temporalidad, existencia, angustia, dolor, amor, muerte, nada y la particularidad de los entes. Esto es al menos, el prisma que da reflejos de una lectura de la obra poética de Don Rubén que desde los primeros libros no solo nos proyecta al genial artista de la palabra, sino al poeta que siempre dirá lo que el ser le dicta a través de su poesía profundamente humana y existencial. La poesía de Darío es una ontología que se resuelve en una estética y se piensa al revés, la estética dariana es modo de la ontología. Recordemos que estética es experiencia y la existencia de Darío está ligada indisolublemente a la estética libertaria

No se trata de establecer a priori una fácil o apresurada respuesta tal como es decir que hay en R. Darío un existencialismo católico o un existencialismo vitalista.

Se trata de mostrar con los propios poemas del maestro Darío que la poesía es una revelación estética y ontológica de la existencia. Arte y existencia son uno en Rubén Darío. La condición del existir dariano es la búsqueda y el desvelamiento de la belleza absoluta. El dijo así en El Canto Errante: “Yo he dicho: Cuando dije que mi poesía era “mía” en mi, sostuve la primera condición de mi existir sin pretensión ninguna de causar sectarismo en mente y voluntad ajena, y en un intenso amor absoluto de la Belleza”. Darío es la persecución de la forma que contendrá el ideal venusino y para imaginarlo tenemos el véspero del atardecer que suspendido brilla inalcanzable.

Los graves problemas ontológicos expuestos en la poesía de R. Darío, son en cierto modo re-velados porque en sus poemas se dice algo fundamental del problema para quedar velado nuevamente en el enigma o el misterio.

Ciertamente no podemos llamar a Darío un filósofo, pero en su poesía encontramos los filosofemas básicos para emprender un estudio de su estética y su pensamiento y de lo que un poeta de su altura y numen puede decir del existente humano. El Coloquio de los Centauros, Los Nocturnos , Canción de Otoño en Primavera, el poema XV en Cantos de Vida y Esperanza y De Otoño , nos dan la idea de la afirmación anterior sobre la angustia, la temporalidad, la muerte, “emperatriz y reina de la Nada” , y la finitud que el propio poeta expresa en el apóstrofe:

“Oh, miseria de toda lucha por lo finito¡/Es como el ala de la mariposa /nuestro brazo que deja el pensamiento escrito,/Nuestra infancia vale la rosa,/el relámpago nuestro mirar,/y el ritmo que en el pecho/nuestro corazón mueve,/ es un ritmo de onda del mar,/o un caer de copo de nieve,/o el del cantar/del ruiseñor,/que dura lo que dura el perfumar/de su hermana la flor.”

En esto del diálogo consigo mismo Rubén Darío es un autor trascendente, el es la “auto- pieza de la disección espiritual, ¡el auto –Hamlet!”, aplicándose el escalpelo o viéndose a si mismo como el príncipe danés dubitativo. Y no digamos el poema breve “Lo Fatal” que es el verdadero existenciario heideggeriano de ser-para-la muerte.

Darío es un poeta que posee una comprensión de la existencia, de esos éxtasis que son el que hubiera sido y no fue, del doloroso o placentero presente y el que está a la vera de lo que será en el reino de las posibilidades, semejante al sueño también la vida se enreda en su propia ilusión.

Para mí que en la obra poética de R. Darío se caracteriza no por una simple dualidad entre la catedral y las ruinas paganas o entre el fauno y el ángel sino por una tensión existencial manifiesta en varios de sus textos poéticos precisamente como son “Divina Psiquis” o “La Cartuja”.

Una de las posibilidades de la “combatida existencia” de Rubén Darío que resulta como una salida o un elemento de la contradicción entre carne y espíritu es Cristo, al que Darío clama, busca y espera. Cristo es a lo que tiende Darío como puede comprobarse en el poema “Spes”·. El Cristo de Darío es el Cristo Esperanza, consuelo y poder de la resurrección.

Según Hans-Georg Gadamer en su libro “Arte y Verdad de las palabras” (1993) la poesía es texto y el texto poético es eminente o sea que es una configuración consistente y autónoma que no se agota en la lectura o en una comprensión anterior; esto es perfectamente aplicable a los textos poéticos de Rubén Darío, están hechos para permanecer y para decir algo del ser y del existente y posibilitar siempre una nueva interpretación.