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Más que cuadros, son piezas artísticas impregnadas de un mundo de sentimientos. En primer lugar el nexo indisoluble entre madre e hijo, en una muestra que concibió con el fin de conmemorar el segundo aniversario del fallecimiento de ella. Además, respeto, admiración y agradecimiento para quienes fueron sus grandes maestros.

“Homenajes” es el nombre de la exposición que el arquitecto Luis Morales Alonso inauguró el miércoles 24 de abril en el Instituto Nicaragüense de Cultura Hispánica, tras su última exposición realizada en 2010 para celebrar sus 50 años.

“Mi meta era hacer una exposición cada año, pero con las ocupaciones que tengo ahora es muy complicado, pero en realidad me encanta mi trabajo, me gusta viajar, porque además de que voy a acompañar a los artistas y a los promotores culturales en su trabajo, también aprendo de lo que voy viendo y conociendo de mi Nicaragua, para enriquecer más la información que uso para mi mismo trabajo. Eso me alimenta y he seguido trabajando en mis ratos libres, los domingos o fines de semana, aunque cuando ando en visitas hago anotaciones y fotografías para mi trabajo”, confesó.

Según el artista, en esta exposición hay cosas muy diferentes a las que ha hecho antes, aunque conserva los trabajos en metal, que es su principal característica, por ser un material que usa para transmitir sus emociones. En esta muestra reconoce que hay más colorido en los metales, pues afirma que se ha atrevido más a ir abordando el color, al que confiesa le ha tenido un poquito de miedo. Además, “Homenajes” está marcado por la presencia de muchos elementos de la naturaleza.

“Hay muchos árboles que son muy simbólicos para nuestra cultura, hay varios trabajos dedicados a la ceiba, al mango, al jocote, al cacao, a los chilamates, hay una serie de árboles dedicada al poeta Pablo Antonio Cuadra, que tiene “Siete árboles contra el atardecer”, donde habla y describe cada uno desde la trascendencia que tiene nuestra cultura antigua indígena y eso me llena mucho, porque trabajo con la memoria de la antigüedad, de la tradición indígena que me nutre; entonces esto de los árboles tiene esa dedicatoria”.

“Homenajes” está dedicada a varios artistas y en primer lugar a su mamá, porque desde pequeño ella detectó que tenía esa afición por el arte y lo inscribió a los diez años en la Escuela Nacional de Bellas Artes, donde conoció a los grandes artistas y maestros.

“Entre mis maestros rindo homenaje a Leoncio Sáenz y Orlando Sobalvarro, quienes también fueron mis amigos. A través de Leoncio conocí a los grandes maestros universales, en conversaciones y en visitas a los grandes museos del mundo. Hay obras dedicadas al maestro Francisco Toledo, uno de los grandes artistas de todos los siglos, otras a don Francisco Amighetti, de Costa Rica, a Emilio Pettoruti, a quien no conocí pero su obra me ha gustado, así como la Carlos Mérida”.

“En este homenaje no puede faltar la figura de Armando Morales que tuve la dicha gracias a la revolución de atenderlo y conversar con él y aprendí mucho”.

En cuanto a la serie de árboles afirmó que es triste ver que en algunas ciudades ya hay pocos árboles, “porque ellos son los edificios que habitan las aves con su canto”. Además, enfatizó que el cuidado a la madre tierra tiene que ver con la responsabilidad que tenemos sobre los recursos de la tierra, que es un ser vivo.

Incontables son los juicios que se pueden emitir sobre esta exposición que estará abierta hasta el 14 de mayo en el Instituto Nicaragüense de Cultura Hispánica.