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El año que nos dejaron Augusto Monterroso y Roberto Bolaño, hace una década, llegó Guillermo Goussen Padilla a la Hoya de Huesca, a enseñarnos a escribir y a leer, a platicar entre cerveza y cerveza con quienes abusamos del pleonasmo de subir/arriba y bajar/abajo.

Diez años después vuelve con un libro bajo el brazo –después de Hombres de letras, ahí donde el dolor se situaba entre el occipital y la vida–, Como Cuba Libre es una historia de historias, de Ulises, de ese homérico viajante que somos todos, del médico que regresa a su país, a la revolución, a la guerra, de quien sueña con entender la historia reciente, de quien como Varguitas se pregunta: ¿en qué momento se jodió Nicaragua?, como si miráramos a Zapateros y Rajoys y les estiráramos las orejas por su incompetencia, por negligentes e ineptos. Ulises regresa a Nicaragua cuando entra en la literatura, cuando deja la medicina, queriendo entender su país, viajando por ciudades donde el ruido de sandinistas y somocistas oculta las carencias del pueblo.

Ulises asiste a combates de boxeo, platica en los bares donde los paisanos se conocen, se quieren, se critican y desnudan, y se escribe con su madre, su madre le escribe cartas metaliterarias donde, del Quijote a Vila-Matas, una historia dentro de otra historia nos invita a ver el trabajo de construcción de la novela.

Como Cuba Libre tiene que ver con la metaficción, y también con la autoficción, con la otredad del narrador, con el trasunto de un autor que reflexiona sobre la contemporaneidad, con el alter ego de quien sabe que la descripción paisajística era más propia de Salgari, de quien disfruta narrando episodios borgianos, como cuando ganó el Premio de Relatos Ciudad de Zaragoza. De quien bebe de Faulkner para crear escenas corales, de quien saca a pasear al cazador-recolector que nos acompaña, de quien necesita de banda sonora a ritmo de bolero, de quien nos envuelve con cinematográficas imágenes, lejos del western o Cantinflas, más cerca de un costumbrismo donde el realismo mágico deviene real maravilloso, las sombras de Rulfo nos persiguen y Kavafis, Pessoa y tantos caminantes como Guillermo pueblan de vida estas aventuras y desventuras donde el lirismo se combina con la crudeza de una realidad exuberante por fructífera, de un mundo que entremezcla política y sociedad, amor y deseo, familia y necesidad.

Como Lazarillo, sorteando curvas y escalones, de Ulises a Penélope, Como Cuba Libre es un viaje sin nostalgia, un paseo alambicado donde Guillermo nos invita a sus delicatessen lingüísticas, a la riqueza de vocabulario, al cambio de registro, a las voces polifónicas, a esa magia indefinible, siempre disfrutable, de la literatura.