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Danilo Abud Sánchez es uno de los nuevos coriferos en el arte de la palabra escrita. Médico psiquiatra, campean en todos sus libros la visión poética del mundo, la metafísica cristiana, judía y árabe; la fusión entre ciencia y literatura, la fusión con el cosmos como una liberación o catarsis que en muchos casos nos limpia de toda mácula, de todo ese detritus maligno y perverso que abunda en este mundo hasta elevarnos a la morada del creador.

Oscar Wilde ya dijo que el artista es el creador de la cosa bella, y la belleza puede tener muchas facetas, muchos matices como en el caso de Abud Sánchez, cuya obra es ciclópea y torrencial, y que solo nos recuerda a Hugo o a Lope Vega, el Fénix de los Ingenios.

Voltaire, en su famosa novela “Cándido” y en contraposición con Leibniz, dice que este mundo es cual un jardín que todos debemos cultivar. Quiero felicitar una vez más a Danilo Abud Sánchez por ayudar a plantar las flores de la más rara belleza en medio de la densa floresta de la literatura universal.

En el “Teatro del Yo-yo” destaca la necesidad que tenemos de librarnos del egoísmo empobrecedor, pues Dios aborrece esto, lo mismo que la altivez de los hombres y de construir una sola patria, una sola raza, un oikomene, un mundo único en el que cubra el mismo techo a todo género humano.

En cuanto a “Amor universal”, como en todas sus obras recientes, nos encontramos con ese viaje eterno cantado por tantos escritores, poetas o filósofos, en el que siempre se comienza el recorrido en este mundo innoble, lleno de odio, con una cultura de muerte. En el caso de la vida actual: envidia, maledicencia, traición, adulterio en todas sus formas. Recorremos ascensionalmente todos los circuitos infernales, pasamos por todas las terrazas del purgatorio hasta exclamar como el poeta florentino, cuando ha llegado a la cima de su centro penitencial: dolce color dòriental zafiro.

Por otra parte, en todos sus “Relatos cuánticos”, así como en todos sus libros, sobresale un vehemente anhelo de integrar a todos los hombres en una sola patria: a través de el amor, la educación y la cultura, pues la cultura es universal: un concierto de Beethoven, Brahms, Liszt o Grieg, gusta lo mismo en Nicaragua que en los Estados Unidos, en Alemania, Francia o Noruega.

Se ha dicho que nuestro vasto y copioso mundo es una gran aldea folclórica y sui generis, pero respetando las características y peculiaridades de cada país, de cada nación, de cada raza, de cada pueblo, debemos exaltar al hombre como un todo, y esto es precisamente lo que hace Danilo Abud en todos y cada uno de sus libros; exaltando así una cultura de paz mundial a través de esta integración basada en el Amor, la Educación y la Cultura.