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Hace 50 años, en el mes de julio se fundó el Grupo Cultural Praxi, y sacó a la luz pública su Manifiesto. El 23 de agosto el grupo inauguró la Galería Praxis, que constituyó su espacio físico emblemático. He aquí tres breves apuntes para una pequeña memoria.

1. Alejandro Aróstegui y yo nos habíamos conocido en Europa donde coincidimos en muchos aspectos sobre la realidad nicaragüense. Llegados a Nicaragua contactamos a César Izquierdo, pintor guatemalteco residente en el país. Los tres organizamos el núcleo original de Praxis, al que se fueron agregando los otros miembros del grupo: Orlando Sobalvarro, Leonel Vanegas, Leoncio Sáenz, Genaro Lugo, Luis Urbina, Arnoldo Guillén, Michele Najlis, Francisco de Asís Fernández, Róger Pérez de la Rocha y Mario Selva. El manifiesto lo redacté yo, pero fue el resultado de una reflexión y consenso colectivo. Jugó el papel de texto cohesionador y orientador del quehacer artístico y existencial de cada uno de nosotros.

Por primera vez, un grupo cultural toma posición de manera consciente contra los valores dominantes en la cultura oligárquica. Rescataría tres grandes posicionamientos: a) el arte y la cultura artística no son una actividad elitista, sino una manifestación más, particular, de las múltiples manifestaciones del ser humano; los artistas e intelectuales no son entes superiores que conforman una casta “sublime” dentro del conjunto de la sociedad (no nos creíamos ni “torres de Dios” ni “liróforos celestes”). b) el rechazo a esa tara de nuestra cultura oligárquica que es el “notabilismo”.

La casta de los “notables”, esa obsesión por figurar mediante el cumplimiento de códigos y normas que se promueven desde las estructuras de poder; con sus pontífices, sus jerarquías estamentales, sus círculos babeantes y sus mezquindades (los clubs del autobombo, los ninguneos, las maledicencias, las serruchadas de piso, etc.). Y c) En consonancia con nuestro repudio al elitismo, nos interesaba y mucho lo que sucedía en nuestra sociedad y a nuestro pueblo. Queríamos, sin sacrificar la sinceridad y el rigor estético de nuestra creación, sin caer en el didactismo ni en las truculencias de lo que se llamaba “arte comprometido”, participar de las vivencias de nuestro pueblo, buscando la comunicación y la simbiosis entre nuestra sociedad, nuestro pueblo y nuestro arte.

Por eso, si bien el grupo Praxis tiene como eje un movimiento pictórico, fue mucho más que eso. Fue un amplio movimiento cultural antioligárquico que integró diferentes formas y actividades artísticas: poesía, arquitectura, teatro, investigación, enseñanza, promoción y divulgación cultural, y edición de medios culturales. Nuestra galería que fue nuestro espacio físico emblemático, también fue un espacio de socialización de múltiples actores sociales que buscaban una transformación de la sociedad: fundadores del FSLN (por ejemplo, Silvio Mayorga), guerrilleros del FSLN (por ejemplo, Camilo Ortega), militantes del PSN (por ejemplo, Onofre Guevara), y de intelectuales que pensaban y luchaban por el cambio social (por ejemplo, Mario Flores Ortiz, Francisco Brockman, Samuel Barreto, Norma Peñalba, Henry Rivas y otros). Más de uno de los miembros del grupo fue pintor y militante clandestino, o poeta y militante clandestino.

2. El gran aporte del grupo Praxis en la historia de la pintura nicaragüense fue el haberla sacado del provincianismo. Con el insoslayable antecedente de Rodrigo Peñalba y la gigantesca labor de Armando Morales (iniciada un poco antes, realizada esencialmente fuera del país y en buena parte paralela a la actividad de Praxis), Praxis eleva la pintura nacional a un plano de excelencia universal. De la única manera en que una pintura local se universaliza: adquiriendo una identidad propia expresada mediante recursos formales universalmente comprensibles.

En un contexto en que proliferaban los “ismos”, en el grupo no caímos en el error de establecer normas estilísticas ni de asumir la identificación con alguno de los “ismos” imperantes. Siempre se respetaron las escogencias, cambios y opciones estilísticas de cada pintor. Sin embargo, la construcción de un arte que buscaba hurgar dentro de su sociedad y su pueblo, terminó por aproximar estilísticamente a los pintores del grupo con algunos rasgos que les son comunes a todos, o casi todos: la presencia de iconos paisajísticos o iconos histórico–populares; la afición por el uso de aditamentos matéricos y de texturas; la preferencia por la paleta sobria con predominio de colores oscuros, ocres y juegos cromáticos limitados; la tendencia a las definiciones de contraste tanto en la composición como en el color; la presencia de desgarramientos o, por el contrario, de equilibrios obsesivos; el dominio de la expresión subjetiva del autor, por encima de su preocupación “documental” u “objetiva”.

Es así, y en este sentido que Praxis introduce una revolución en la forma de hacer pintura en el país. Representa un hito en la evolución de nuestras formas pictóricas. Y sobre todo, crea un arte pictórico profundamente identitario. Un arte que contribuye a definirnos como una comunidad cultural.

3. Algunos señalamientos sobre el funcionamiento del grupo. Uno. Reconocer el liderazgo indiscutible de Alejandro Aróstegui. Sin su entrega y tenacidad difícilmente el grupo hubiera llegado tan lejos. Dos. Mientras funcionó el grupo mantuvo una dinámica interna profundamente democrática. Las decisiones se tomaron colectivamente. Nunca existieron en su seno ni jerarquías ni estamentos. Tres. El trabajo que fue arduo, siempre se compartió y nunca tuvo remuneración.