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En la novela biográfica, biografía novelada, o simplemente la novela titulada “Manantial”, pretendo asomarme a una época, en un pueblo designado ciudad y capital de la República por las circunstancias, con sus conflictos cotidianos y su gente, para conocer, desde los acontecimientos y la ficción, que todo lo permite, a un hombre quien ineludiblemente convive en un entorno que lo condiciona y lo hace parte, a pesar del anonimato, de las convulsiones históricas de fines del siglo XIX y principios del XX, un pasado que evoluciona y aunque parece irse, sigue siendo actual.

Hay conmemoraciones centenarias con las que ineludiblemente me relaciono. En junio de 1913, hace un siglo, fue fundado el Instituto Pedagógico, en donde tuve la oportunidad de egresar como bachiller en 1978. En diciembre de 2013 cumple un centenario la Arquidiócesis de Managua, de la que soy parte, como católico, por herencia y decisión personal, en donde fue primer Arzobispo José Antonio Lezcano, principal benefactor durante las primeras décadas del Pedagógico.

El Hogar de la Fundación Zacarías Guerra, ubicado en la Colonia Centroamérica, a cargo de los Hermanos Cristianos de La Salle (1963 -1972) y desde 1973 de los Terciarios Capuchinos –llegaron a Nicaragua en 1971 para apoyar el diseño de la ley tutelar de menores–, fue durante mi niñez y adolescencia lugar cotidiano de visitas y encuentros, junto a muchos de mi vecindario.

Dicha institución benefactora, que tuvo como primer presidente al influyente político conservador y académico, primer Arzobispo de la nueva Arquidiócesis, cumple en 2014 cien años, y se encuentra, desde mediados de 2013, celebrando un año jubilar para conmemorar su origen y el siglo transcurrido. Inició al abrirse el testamento de José Zacarías Guerra Rivas (1859-1914) el 9 de mayo de 1914, cuatro días después de fallecer a los cincuenta y cinco años.

Durante años pregunté quién era este personaje raro, huraño e incomprendido, cuya forma de vida motivó habladurías, y su contundente decisión, conocida después de su muerte, tuvo consecuencias inmediatas y efectos que adquirieron dinámica propia, prolongándose, más allá de su comprensión y la nuestra, durante un siglo.

Su nombre, en el hablar común, se hizo cosa, lugar, referencia, quedó como etiqueta o logo material, razón social de una organización no gubernamental, pero perdió de vista a la persona real que, aunque vivió en un tiempo y entorno, sigue existiendo en una particularidad de olvido institucional.

Desde la ficción, sin ataduras, anclado en referencias históricas fundamentales, con los pocos aspectos conocidos de su vida, “Manantial” recorre con José su época, actitudes, sentimientos y pensamientos; su vida posible…

¿Qué efectos tuvo en este hombre de mediados del siglo XIX ser un hijo bastardo de quien llegó a ser Ministro de Relaciones Exteriores del último gobierno conservador? ¿Qué hizo, cómo vivió y se involucró en los dinámicos y complejos sucesos de fines del siglo antepasado, en las convulsiones sociales y políticas, con los conservadores, la revolución liberal, la salida de Zelaya, la intervención, la resistencia?

¿Por qué un hombre adinerado, relacionado con dos conocidas familias de Managua, se encierra en él, vive solitario y austero, lo que le atrae antipatías públicas? ¿Qué lo llevó a plasmar en su testamento, escrito en sigilo seis años antes de su muerte, que su capital era para un asilo de los huérfanos? ¿Cómo lo percibió la gente después de muerto? ¿Qué pasó con el legado del filántropo en el transitar histórico?

La novela, que responde a esas preguntas y deja otras, se divide en dos partes: la primera, extensa, es el cuerpo principal, recorre la privacidad y los acontecimientos del personaje central influenciado por el pensamiento conservador y clerical. La segunda, breve, desde los principales medios de prensa y las formas electrónicas, puntea titulares del siglo entretejidos con las circunstancias del Hogar y de quienes han pasado por allí.

Desde nuestro compromiso con la necesaria obra que no ha sido ajena a la historia política, cultural y social, como contribución para conocer el personaje en su época, su decisión y consecuencias, comparto, lectores y lectoras, esta novela que salió a luz gracias a un grupo de suscriptores, quienes sumaron su apoyo en beneficio del Hogar que lleva el nombre del mencionado –aunque poco conocido– filántropo Zacarías Guerra.

 

 

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