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La adversidad es brasa fúlgida que quema los estuarios

así son los frutos de mis parameras

fuego y agua

con raíces de coral y salamandras.

... La braveza es la pájara pinta que pajarea sobre las colmenas

la que me hace tomar del huacal de la vida a pesar de su jugo acre

mientras leo en mis facistoles las notas de los himnos que traduzco al cielo

como lisonjeando al Grande

con muñones gestados trepando muros arcangélicos de alabanzas.

Amén de mi saliva chirre

se escuchan en el viento mis magras flautas canoras

en los trapiches de mis esperanzas

se van exprimiendo jugos de cañas de azúcar

entonces el estuario devora a la brasa.

Me esquilma un milagro sacando lo mejor de mis vísceras

y me torno pan reciente y hierba lúcida

se soliviantan las purulencias en mi piel

y me vuelvo fuerte

como mujer invulnerable de sombrilla abierta en mero diluvio

y aun así capturo escualos en mis trasmallos de millones de mallas geometrizadas.

Ya no hay cielos sepultos en las huellas que dejaron las gotas de rocío

ni la casa es el ahogado que lloran los peces azules de la fuente

presintiendo tanquetas y combates.

Mis tejados son un mar rojo que apaga la punta encendida del trueno de barro.

Y ya no se derrumban las cascadas del techo

ni las columnas romanas de mi mar

ni el reino austral de las sílabas una vez en pánico

rompe las palabras húmedas en el hollejo de la almohada.

Y allí afuera el galope del trueno se cercena

con las guillotinas que guardo de los milenios patibularios.

¡Sangre insomne de la paz duerme!

Debajo de tus párpados cerrados ya no se me va la vida

en los brocales de los pozos donde caen los resuellos de los espantos.

YELBA CLARISSA BERRÍOS MOLIERI

 

(Del libro: “Escribires”)