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Isolda Rodríguez Rosales (Estelí, 1947) es una voz auténtica de la narrativa nicaragüense y una crítica literaria académica, penetrante y acuciosa. Bajo el título “Casa sosegada”, Isolda Rodríguez Rosales, se nos revela como poeta para entregarnos con poderosa visión, el testimonio estético de una mujer en plenitud de conocimiento del amor, el dolor, la sensualidad, la maternidad, la ausencia, el vacío, el lenguaje, el tiempo, el espacio. Es decir, en “Casa sosegada” encontramos al ser femenino en su intimidad de caracol, en su cotidianeidad y combatividad social, en su fruición de paisajes (espacios) y en su trascendencia poética-espiritual.

El texto poético, “Casa sosegada”, de Isolda Rodríguez Rosales, está dividido en tres estancias: 1. Buscádme en la Ola; 2. Estás en Nicaragua; 3. Se escucha un llanto, un gemido. Las tres estancias son transformaciones del numen poético que habita esa “Casa sosegada”. El numen de Isolda, que precisa del sosiego de las casas en la noche, cuando la página en blanco de Mallarmé es más que un níveo desierto, cuando saudades precisan su perfil en la memoria, cuando lo informe del mundo y el dolor humano se tornan tangibles e hirientes, cuando el ser solamente tiene la palabra y su belleza para confesarse y dejar su testimonio en escritura poética.

Con Gastón Bachelard en La poética del espacio, aprendimos que toda casa es un universo porque la habita el ser. Dice Bachelard: “(…) La casa y el universo no son simplemente dos espacios yuxtapuestos. En el reino de la imaginación se animan mutuamente en ensueños contrarios. (…) Así en todo sueño de casa hay una inmensa casa cósmica en potencia. De su centro irradian los vientos, y las gaviotas salen de sus ventanas. Una casa tan dinámica permite al poeta habitar el universo. O, dicho de otra manera, el universo viene a habitar su casa.”

Casa, universo y ser, son los elementos sagrados y mágicos de la poesía de Isolda Rodríguez Rosales que le permiten desplazarse con plena libertad por categorías y concreciones infinitas como el tiempo y el espacio. De ahí que no debe extrañarnos que esta “Casa sosegada” pueda pedirnos que la busquemos en la ola, la situemos en Nicaragua y que sea el oído sensitivo de un llanto, un gemido porque sencillamente afuera y adentro de la “Casa sosegada”, la existencia humana plañe. Y ante ese plañir, Isolda Rodríguez Rosales, por su conciencia social es tan sensible como Rubén Darío en sus Nocturnos frente al dolor de la existencia humana.

En la estancia 1. Buscádme en la ola encontramos un conjunto de textos que conforman series de sentido, de las cuales destaco las más significativas y pertinentes a la unidad temática de “Casa sosegada”:

1. Serie de los ancestros: El hablante lírico de “Casa sosegada”, le confiere un lugar primordial a los ancestros femeninos, como queda grabado en su texto “Antepasadas”:“Isolda, hija de Maruca, nieta de Ceferina y Antonina,/ bisnieta de Arcadia, Juliana, Elisa y Vicenta,/ dejo registro de sus nombres para que los conozcan todos,/ mis hijos, nietos, bisnietos, tataranietos y resto de/ descendencia.”

Pero el hablante lírico también consigna la imago pater de un ancestro masculino, en ese magnífico poema dedicado a su padre titulado “Tus pasos”, donde se alude a una ética y aun destino: “Padre, he querido seguir tus huellas,/ me quedan grandes, no logro seguirte./ Me empino, alargo mis pasos, pero no,/ no me es dado ese andar alado, enérgico,/ por calles y recorridos de la ciudad diamantina/ heredada de tus padres y abuelos legendarios.”

2. Serie de los ángeles, dividida en tres núcleos ángeles amantes, ángeles hijos y ángeles divinos. Así para ángeles amantes encontramos un acabado subconjunto compuesto por estos textos: Amor sólo amor, Más del ángel y Ültimo del ángel, de donde copio esta bella estrofa: “Esa noche, hablé con Dios/ prometí no amar a nadie más./ Derribé el altar, tiré el incienso:/ pero el amor salía a borbotones por el mundo,/ amando, amando, amando a todos./ Entonces, sin altar, reparé sus alas rotas,/ enderecé su aura coronaria/ y lo seguí amando, a pesar de todo…/

3. Serie de la ausencia del ser amado. Esta serie funciona como argamasa para darle coherencia significativa a “Casa sosegada”. Es a través de estos nostálgicos, dolorosos y dichosos textos, que se logra crear una atmósfera amorosa propia de este libro. Esta temática –ausencia del ser amado- es testimoniada desde los más variados ángulos y evidencian un cúmulo de situaciones donde la ausencia del ser amado se hace patente: en recuerdos vivos y concretos que pueden estar bajo la luz de la alegría o detrás de la niebla del llanto. Así por ejemplo se canta a la ausencia del ser amado por abandono de un paisaje con historia, como en el poema Selva Negra: “Desde que te fuiste, nunca volví a Selva Negra,/ pero desde mi retina, recorro cada trocito de tierra,/ tomada de tu mano, asida a tu corazón.”

4. Serie de la conciencia del ser mujer y de su militancia poética, como se explícita en el texto Nosotras: “Somos miles de mujeres/ vamos por el mundo cosechando/ soles, luceros, veranos y brisas./ Madrugamos para embriagarnos de sol,/ aire fresco, llenar los pulmones,/ y seguir adelante./ Parimos y criamos hijos, hijas,/ amorosamente, llenos de mimos,/ jugamos a su lado, cantando, estudiando…/ y un día nos dicen adiós/ secamos las lágrimas y seguimos.”

5. Hay entretejiendo el libro una serie del erotismo como combustible fundamental del amor. El erotismo también funciona como un aditivo para una apasionada lectura de “Casa sosegada”, solamente copio unos versos del poema Cabalgata en noche de luna, líneas que sugieren como la poesía oriental, más que revelan: “Mi cabeza arrullada en tu pecho:/ escucho la agitada cabalgata/ de sístoles y diástoles en desenfrenada/ carrera. Calma, les digo,/ ¿a qué viene ese enloquecido crepitar?”

6. Serie de la trascendencia divina del ser, tema que se desarrolla en textos como Nirvana y en Psiquis o en el sobresaliente texto Viaje al centro de mi misma, de donde copio estos versos: “Finalmente recalé en mi centro/ y allí todo y todo estaba quieto,/la luz, solo luz, el silencio, y detrás del silencio,/ la escala do, re mi fa sol la si do./Cuando alcancé el do, fue la fusión,/ permanecí quieta vibrando en el do,/entonces supe que allí estaba Dios!”

En la estancia 2. Estás en Nicaragua, la “Casa sosegada” en su viaje por el universo ancla en Nicaragua en el terruño de los manes familiares, el lugar de las crónicas de las despiadadas conquistas y colonizaciones extranjeras, en el solar de las luchas sociales y en la belleza amorosa de sus extraordinarios paisajes vistos y contados con poderosa pluma y visión encantada. Así en versos de Diálogo con el Bombacho cara a cara, podemos encontrar un testimonio de los temas tratados por la hablante en esta estancia.

En la estancia 3 se escucha un llanto, un gemido, se albergan los poemas de un alto contenido social y de militancia por la causa de la liberación de la mujer, se establecen diálogos con sus compañeras poetas y se escucha el dolor de la vida en el mundo, cuando la Casa está sosegada y se ausculta el corazón del ser.

Isolda Rodríguez Rosales ha construido una “Casa sosegada” verso a verso para entregarnos un corazón de mujer plena, la visión crítica de los eventos sociales y la dulce obligación de cantar. Sumerjámonos en la lectura de “Casa sosegada” y nos abriremos a la eclosión de la flor, al vuelo de las abejas, a la caricia tántrica o al desafío de las tormentas.