•  |
  •  |

Que yo sepa, pues muy poco sé de cine y de sus héroes, Peter O´Toole -Irlanda 1936 y fallecido el domingo pasado en Londres-, fue quizá el único actor que ascendió al estrellato gracias a su actuación en el primer film para el que fue contratado. “Lawrence de Arabia”, en 1963 fue, es y será un clásico del cine del siglo XX, desde donde ascendió a la fama, para permanecer en ella hasta su muerte.

Es casi imposible no evocar algunas escenas de O´Toole en ese film. Desde su escuálida figura de teniente del ejército inglés destacado en Egipto para derrotar al ejército turco -a su vez remanente del imperio otomano-, y apoderarse del petróleo árabe, asunto por cierto actual; el film está colmado de escenas sinceramente grandiosas.

O´toole pudo oponer la debilidad de su rango inferior y su cultura ante los políticos y militares ingleses que ambicionaban la posesión del desierto árabe y de su petróleo, que interpretan Claude Ryans, el político francés, y Jack Hawkins, el coronel inglés; asunto no muy común en un teniente inglés.

Quienes interpretamos sus gestos sentimos que desde el fondo de su figura ridiculizaba a los poderosos políticos y militares, pues recibiendo órdenes de su superior, Jack Hawkins, lo desconcierta con una frase de Temístocles.

Su calidad de actor pudo como nadie imprimir en su rostro la desgracia de algunos episodios en el film. Cuando está capturado en guarnición turca y es sometido a latigazos por sicarios del coronel, interpretado por el puertoriqueño José Ferrer; éste, en los pocos momentos de su presencia en el film, dio lecciones de actuación. “¿Eres árabe…?”, lo interroga Ferrer… “Yes, efendi…”, le responde O´Toole, suplicante.

O cuando sorprende a Omar Shariff y regresa –solo– al desierto por un árabe caído de su camello y que dejaban a su suerte. “Está escrito aquí -tocándose la mente- que volveré…”, le dice a Shariff, y éste lo increpa: “Inglés estúpido…”. Pero cuando horas después O´Toole regresa con el árabe desfallecido, antes de caer al lecho por el cansancio, le repite a Shariff: “¿Ves..? Todo está escrito aquí”, y se toca nuevamente la sien.

O´Toole no ganó el Oscar por ese épico film sino que Hollywpod le concedió la estatuilla por lo honroso de su carrera, y hasta muchos años después. Actor de teatro, más que de cine, conocía a Shakespaere al dedillo.

Hay otro film (El último emperador) en que interpreta al tutor del joven emperador chino. Cuando O´Toole llega íngrimo a Palacio, que yo recuerde, hace una entrada triunfal espectacular hasta el trono del emperador. O´Toole opacó totalmente a Su Majestad.

Después de O´Toole, en Inglaterra solamente queda terrestre Anthony Hopkins. Ya se han marchado los grandes europeos: el húngaro Peter Ustinov, el francés Jean Gabin, el italiano Lino Ventura, el japonés Toshiro Mifune. Hollywood no produce actores así; la mayoría de ellos son “marketing”, con poquísimas excepciones, claro.

O´Toole murió el domingo a los 81 años en Londres, lleno de recuerdos, rodeado de sus hijos. Era picado. Tomaba tragos casi constantemente. En mi galería de actores de mi bar, veo su fotografía ataviado de ropas árabes. Sus intensos ojos azules, su rostro ovoide. Recuerdo su cabello intensamente amarillo. El conservaba un gesto en sus labios en el que bajaba al mentón y denotaba la posesión de ser un actor de cine fuera del común -y del verdadero cine-, del que ahora hay tan pocos. Es que los actores ingleses imponen una diferencia.