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Influenciada por sus abuelos maternos, Elisa Picado tuvo la oportunidad de escuchar desde niña música lírica y trataba de cantar como aquellas mujeres de voces hermosas y agudas.

Su primer encuentro con la música fue en la parroquia Nuestra Señora de Fátima, de la Colonia Centroamérica, donde se unió al coro, aprendió piano y guitarra, y escuchó a algunos de los muchachos que cantaban en el Coro Nacional de Nicaragua, con voces educadas que la hicieron soñar con pertenecer a esta agrupación.

En 2002, impulsada por su madre, participó en una audición y fue seleccionada. La ubicaron en la cuerda de las sopranos ,y no podía creer que pretendieran que cantara tan agudo.

“Sin embargo no se equivocaron, ni el director del coro, el maestro Juan Manuel Mena, ni mi primer profesor de canto, el tenor Ramón González (q.e.p.d.).

Ese mismo año canté mi primera obra como solista en el Teatro Nacional Rubén Darío, una canción japonesa acerca de la naturaleza”, señaló Picado.

En 2005, entró al Conservatorio de Música de la Upoli y comenzó sus clases con el maestro Alberto San José, de origen cubano.

“Él hizo que me enamorara literalmente de la ópera, inmediatamente me invitó a formar parte del Grupo Lírico de Nicaragua, agrupación de la que formo parte hasta el día de hoy.

Ese mismo año canté en el coro de la zarzuela ‘La corte del faraón’ y, por un golpe de suerte, hice mi primer papel en el teatro interpretando a una viuda”, afirmó.

Con Camerata Bach

En 2006, el maestro Ramón Rodríguez la escuchó mientras preparaban un concierto de Navidad y la invitó a cantar por primera vez con la Camerata Bach en la Catedral de Managua, en el concierto “Coros y aires navideños alemanes y nicaragüenses”.

En Italia, pudo participar en un curso de perfeccionamiento vocal con la maestra Luceta Bizzi, del Festival Pucciniano, y en Guatemala con el maestro Luís Felipe Jirón (q.e.p.d.).

Acerca de su voz

“Cuando inicié mi carrera musical fue claro que era una soprano con todas las características dramáticas en mi voz e interpretación. Mi timbre es de una soprano lírica con algunas características peculiares como un gran volumen, proyección y dramatismo”.

“Para tener una formación más integral en las artes escénicas, también he participado en talleres de actuación que me han ayudado a perfeccionar mi expresión corporal y mi actitud física al canto. Esto ha sido especialmente importante para transmitir el carácter de las obras y el sentimiento”.