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Sus pies están en el siglo XXI, pero su mente y sus pinceles se concentran en la esencia de las sociedades prehispánicas, cuyo desarrollo científico le apasiona, la fuerza de su mitología lo apabulla y el poder de su creatividad lo absorbe y lo obliga a crear y recrear cada uno de esos elementos.

Armando Mejía Godoy con sus pinturas reunidas en la exposición “Huellas de la raza” se convierte en el narrador de un universo mítico en el que restaura la iconografía de ese mundo prehispánico, así como de lo primitivo y lo atávico, según la doctora María Dolores G. Torres.

Visitar su exposición equivale a realizar una expedición por los senderos de los petroglifos, la estatuaria, los rituales y la cerámica de esa raza en la que tenemos raíz y que fue conquistada por los colonizadores que, como bien evidencia su cuadro América Nuestra, vinieron a hacer florecer el sincretismo no solo cultural y religioso, sino también de razas.

Desde hace años he comenzado una obra que llamo de arte rupestre. La verdad es que estamos acostumbrados a imitar siempre a Occidente y su pintura, a pesar de que hay un arte evolucionado de estilos y formas en nuestros ancestros, por eso al descubrir nuestras culturas me he encontrado con un arte maravilloso que no tiene que envidiarle nada a nadie”, señaló Mejía Godoy.

A él no le interesan ni los volúmenes ni los rostros ni los colores de la pintura occidental, porque todos esos elementos los ha encontrado desde en los primeros petroglifos hasta en las cosas más exóticas, como los dibujos de la cerámica.

El círculo en su obra

“Los ancestros ya habían inventado el pincel de cinco imágenes con el que podían hacer cinco líneas al mismo tiempo, manejaron el oro y la plata, el azogue y el mercurio. Lo misterioso para mí es que no usaron la rueda más allá de lo espiritual, y para mí que fue porque le tuvieron respeto, por ello yo indago en el círculo que lo usaron para la calendarización del tiempo y del viento”, afirmó.

Y es que la prevalencia del círculo en estos cuadros es innegable y los usa para simbolizar el paso del tiempo y los ciclos del viento, pero más allá de ello existe entre sus cuadros y el cosmos ancestral una simbiosis perfecta marcada por la relación directa entre los antepasados y los astros. Sus mujeres lunas en cuadros repujados y la constante presencia del planeta Venus en las más de 70 obras que conforman esta exposición son la esencia de ese aspecto.

Más de cincuenta años como pintor avalan a Armando Mejía Godoy, quien afirma que su pintura regional es carente de cielos, se ha enfocado en la tierra y los caminos, por ello es para él una pintura agraria directamente proporcional a su perfil de agrónomo.

“Todo el registro mental que hice por ser agrónomo me permite tener conocimientos de cómo son los animales y conocer las costumbres de la gente del campo”, afirmó este también traductor de la lengua náhuatl.

Altamira y América

Llama particularmente la atención que además de petroglifos de América también hay cuadros que hacen alusión a las cuevas de Altamira, y respecto a ello el pintor dijo que le gusta enseñar y con este ejercicio pretende transmitir que las sensaciones de las cuevas de Altamira son las mismas que se perciben en nuestras cuevas, además de que usaron los mismos colorantes y óxidos.

 

70

OBRAS integran su trabajo “Huellas de la raza”

 

50

AÑOS de carrera pictórica.

 

"Al descubrir nuestras culturas me he encontrado con un arte maravilloso que no tiene que envidiarle nada a nadie".

Armando Mejía Godoy

PINTOR