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El pasado 20 de noviembre la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua le tributó un homenaje a don Sofonías Salvatierra, uno de los más importantes historiadores centroamericanos del siglo XX, a los cincuenta años de fallecimiento. Pablo Kraudy, Fidel Ernesto Narváez Espinales, Aldo Díaz Lacayo y yo desarrollamos respectivamente sus facetas de pensador, político y los aspectos más sobresalientes de su vida.

Autodidacta tenaz y voraz, filósofo aficionado, intelectual orgánico de la masonería nicaragüense, fervoroso unionista a lo Salvador Mendieta, regenerador social al forjar teórica y prácticamente el ‘Obrerismo Organizado’, liberal de dimensión doctrinaria, notable conferenciante, civilista y conciliador, teórico de la clase media —a la cual representaba—, maestro de historia e historiador connotado; en fin, ‘un patriota y un hombre de bien’ —como lo pedía Benjamín Franklin— fue don Sofonías Salvatierra. Por eso su desconocida trayectoria vital merece ser recordada.

Su moderna concepción historiográfica

Sobre todo por nuestra academia, a cuya fundación contribuyó como vicepresidente de una inicial Academia Nacional de Historia en 1933 (la presidencia fue destinada al arzobispo de Managua, José Antonio Lezcano y Ortega). Así, el 2 de octubre del mismo año, don Sofonías expresaba su moderna concepción historiográfica, afirmando que en dicha academia “se logrará sin duda cambiar la forma y el fondo con que ha sido escrita hasta hoy la historia de nuestro país, sacándola de la unilateralidad que le marca nuestra política constantemente sectaria y personalista, para enmarcarla en el cuadro integral de la nación. El concepto de la Historia ha cambiado profundamente en el sentido de avance, debido a las luces cada vez más claras de la filosofía y el prodigioso desarrollo de los estudios etnográficos, de la economía política, y en general de la sociología. El moderno historiador no se inclina hoy a ver en los acontecimientos humanos meras acciones de los individuos que las ejecutan, sino que, en fuerza de la vida cada vez más colectivizada de los pueblos, observa en aquellos acontecimientos verdaderos fenómenos sociales”.

En 1936, Salvatierra ingresó a la AGHN como miembro de número. De 1943 a 1948 se desempeñó como vicepresidente de la junta directiva, y de 1951 a 1961 fue su secretario. Cinco sumaron sus colaboraciones en la revista de la academia (“La Costa de los Mosquitos. Episodio de doña María Manuela de Rodríguez”, “La fundación de la villa de Rivas”, “Los ferrocarriles de Nicaragua”, “La navegación a vapor en los lagos de Nicaragua” y “Los aguadores de Nicaragua”), investigaciones aun no superadas.

Un reconocimiento en 1971

El 8 de septiembre de 1971, durante mi incorporación a la AGHN, tuve el privilegio de reconocer dos de sus principales aportes historiográficos, de acuerdo con la introducción de mi discurso, publicado en La Prensa del 3 de octubre de ese mismo año:

“…deseo rendir homenaje a un nicaragüense de considerable presencia en estas lides: don Sofonías Salvatierra, quien nunca ha recibido la valoración que de todos merece. Uno de los fundadores y vicepresidente de esta Academia, fue el primero de nosotros que utilizo los fondos documentales del Archivo de Indias, en Sevilla, España; de esta manera limpió nuestra historia de muchos errores que siguen repitiéndose y promovió con su labor la investigación científica que aún nos hace falta. Monumental, en verdad, es su ‘Contribución de la historia de Centroamérica’, integrada por 32 monografías distribuidas en dos tomos que suman más de mil nutridas páginas. Nuestra época, asimismo, debería reconocer su militancia en la causa de la patria, que es y será siempre la del ‘General de hombres libres’. A quien escribió ‘Sandino o la tragedia de un pueblo’ vaya mi reivindicación y evocación.”

Dos rescates de Aldilà

Pero el único historiador actual que ha rescatado la obra de Sofonías Salvatierra es Aldo Díaz Lacayo, gestor de una edición integrada por dos títulos: ‘La gloria aparente’ (1926) y ‘El mayor peligro hace un siglo en Centroamérica’ (1957); me refiero a ‘La guerra nacional’ (2005). Asimismo, asumió realizar una reedición: ‘Sandino o la tragedia de un pueblo’ (2013). No es preciso referir la evidente trascendencia de este volumen.

‘Obrerismo y Nacionalidad’

Me limitaré a destacar la obra de don Sofonías ‘Obrerismo y Nacionalidad’ (1928): orgánica y pionera en su materia. Aparte de una exposición de las organizaciones obreras del mundo, en el pasado y en el presente, y de sus ideologías, contiene un diagnóstico del proletariado urbano y campesino del país. En relación con el agrarismo, su autor opinaba: “Nosotros en Centroamérica, a excepción de la región salvadoreña, de pequeña capacidad territorial y muy densa población, no tenemos otro problema agrario que el de conservar las abundantes tierras despobladas que poseemos, defendiéndolas de la voracidad del político profesional que las vende al extranjero como mercancía abarrotada”. Sin embargo, planteaba: “En el Obrerismo Organizado de Nicaragua hemos sentado el principio de que el suelo y el subsuelo son de la nación, y de que las tierras deben ser repartidas de modo que cada familia posea su heredad. Nosotros pensamos que la tierra es del hombre y cada hombre debe tener su parcela…”

Labor en el ‘Grupo Patriótico’

Pero la mayor actuación política de Salvatierra fue su exitosa misión en Las Segovias para obtener la paz con Sandino, precedida de las acciones del ‘Grupo Patriótico’ —integrado por ciudadanos honorables— con el fin de conciliar a los partidos y postular la representación de las minorías en el gobierno y la reforma de la constitución. Todo ello ante un nuevo escenario: “La intervención armada de los Estados Unidos en Nicaragua, que duraba casi más de 20 años, estaba próxima a terminar. Había sido anunciado el retiro total de los soldados interventores y era forzoso para la ciudadanía responsable promover el reajuste cívico de los partidos políticos sobre bases democráticas y con las miras de un patriotismo sincero”. En esa iniciativa Salvatierra actuaría de secretario, tarea para la cual lo elevaron al grado 30 sus hermanos masones.

Producción escritural

A su retorno a finales de 1937 de El Salvador, donde permaneció casi tres años exiliado, don Sofonías recibió de sus mismos hermanos el grado 32. Desde entonces vivió consagrado a la enseñanza, al trabajo de su modesta tipografía “Progreso” y a la escritura y producción de libros y folletos personales, 39 en total, incluyendo reediciones. Cinco temáticas revelan: una tendencia partidaria que abarcó tanto la minimización del héroe nacional José Dolores Estrada como el panegírico de Máximo Jerez. Otra representativa de una acuciosa investigación que produjo su ‘Contribución a la historia de Centroamérica’ (1939) y su ‘Síntesis histórica de la Costa de los Mosquitos’. Una tercera de carácter didáctico, manifestada en sus libros de texto para la enseñanza secundaria: ‘Compendio de historia de Centroamérica’, que alcanzó cinco ediciones antes del fallecimiento de su autor; y ‘Apuntes de psicología’.

La cuarta dirección de su obra fue la ensayística, que admite dividirse: a) en aspectos ideológicos, o más bien idealistas, abordados por él en ‘Ideales y esperanzas’ (1914), ‘La evolución de la doctrina liberal’ (1916), ‘Los partidos políticos y la patria’ (1918), ‘Azul y Blanco’ (1919), ‘Comentarios’ (1941), ‘Ideologías’ (1946) y ‘Hechos e ideas’ (1948); b) en indagaciones de índole filosófica o política, tendiente a un pensamiento continental: ‘Sobre la formación de una cultura propia, a la luz de Descartes, América y la democracia’ (1937) y ‘Por el mañana superior de América Latina’ (1951); y c) en estudios sociológicos: ‘Obrerismo y Nacionalidad’ (1928) y ‘Ensayo sobre la clase media en Nicaragua’ (1950), también pionero y escrito en enero de 1949 para la Unión Panamericana. Ahí se lee: “La [clase] media se considera a sí misma como tal y hasta muestra orgullo de reconocerse como la que aporta la luz y la energía viviente, renovadora y orientadora del todo social”. Y ahí, asimismo, hace suyo el pensamiento del francés Pierre Mabille (1900-1952): “Las formas políticas no son una simple expresión de la realidad económica y una traducción directa de las relaciones que existen de unas clases y otras”.

Finalmente, la quinta dirección corresponde a sus testimonios personales, de gran valor histórico: ‘Sandino o la tragedia de un pueblo’ (1934) —del cual existen ya cuatro ediciones— y ‘La verdad os hará libres’ (1935).

El 22 de noviembre de 1964 don Sofonías Salvatierra falleció de embolia cerebral en su casa de habitación, barrio El Calvario, Managua, a los 82 de edad.

Semblanza personal

¿Cómo había sido en su vida cotidiana? El periodista Edgardo Prado, tras visitarle en 1946, anotó que “sentado en una confortable poltrona, se mantiene en el corredor de su casa recibiendo las constantes visitas de sus amigos y parientes. Al entrar en aquel recinto sagrado de sapiencia, deben enmudecer todos para escucharlo. Maneja la palabra con una habilidad asombrosa; nos narra interesantes capítulos de nuestra historia; nos comenta las enseñanzas de Cristo, nos interpreta viejas filosofías y religiones, nos cautiva con sus citas de poetas y músicos […] Sabe jugar póker. Sabe perder pequeñas cantidades de dinero en la mesa verde del Club Internacional con la imperturbabilidad de un filósofo que conoce que el dinero es materia vil. Y sabe también discutir, con encendido entusiasmo, a Kant y a Spengler”.

Añade hiperbólicamente Prado: “Sofonías Salvatierra es uno de los masones más destacados del mundo. Su actuación en la Logia es incomparable; las conferencias que ha pronunciado en el Templo Masónico de Managua lo califican de hombre que ha entrado en los dominios de los grandes iniciados”. Y puntualiza: “Don Sofonías tiene un vicio: fumar cigarrillos puro de exquisita planta. No bebe ni mujerea. No acostumbra hablar mal del prójimo ni de ponerlo en ridículo. Es persona seria: no soporta el roce final de la broma. Su bolsa está abierta, en la medida de sus recursos, para atender las necesidades de los semejantes. Odia la mentira y la charlatanería. Es a veces orgulloso e impetuoso. Pero luego recapacita y vuelve a adquirir su condición natural de hombre manso, humilde y modesto”.