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Una de las mayores satisfacciones de Mario Montenegro es que recientemente sus obras “El Caballito de Palo” e “Historia de dos sapos” han sido traducidas al misquito.

Eso como parte de un proyecto de la editorial Libros para Niños que está abriendo bibliotecas en la Costa Atlántica, donde Montenegro aprovechó para cantar y presentar sus libros a las comunidades.

La traducción fue realizada por Minerva Wilson. “Es histórico que esta literatura infantil se esté traduciendo a un idioma que nos sobrevive como raza y como cultura, me encantaría hablar misquito, es un honor muy grande” expresa Montenegro.

No es la primera vez que le traducen sus obras, una editorial japonesa publicó medio millón de copias de los títulos “El vuelo de los payasos” y “El regalo de la nana engracia”.

Aprovechamos la ocasión para conocerle un poco más.

¿Qué opina sobre el consumo de arte en Nicaragua?

A estas alturas es grave. La gente está pidiendo lo que escucha, lo que se le pone, lo que se promueve… como algunos artistas que vienen de otros países, muchos de ellos de muy mala calidad.

¿Y qué pasa con las producciones nacionales?

Cuando vienen otros, vemos que hay patrocinios por todos lados, y a los nacionales no. Existe una gran cantidad de artistas nicaragüenses de alta calidad que no tienen para dónde agarrar, este país chiquito ha producido artistas de calidad.

¿Qué le motiva a usted para sus creaciones?

Yo tengo una vida muy espontánea, yo nunca me planteé escribir canciones para niños, simplemente escribí; nunca me planteé hacer tal o cual estilo de pintura, respondo a un impulso interno, a mi sensibilidad también, es decir, a mi forma de ver las cosas y a mi forma de ver la vida.

¿Cómo es que se convirtió en artista?

Mis primeros estímulos los tuve dentro del Grupo Gradas, organizado por Rosario Murillo, el cual aglutinaba una cantidad de artistas de todas las disciplinas… que estaban poniendo el arte al servicio del derrocamiento de la dictadura somocista. Después que desapareció, entré a formar parte de la Federación de Talleres de Sonido y ya cantaba algunas cosas.

¿Qué nos puede decir sobre su vínculo con el arte infantil?

Cuando yo estaba chiquito, mi papá que era casi analfabeto me contaba cuentos de los clásicos para niños, que yo no sé de dónde los aprendió, era una cantidad enorme, yo solo los disfrutaba. Cuando dejó de hacerlo me quedé con un vacío. Alguna gente me ha dicho que yo escribo cuentos o canciones para el niño que yo no fui, creo que en parte tienen razón.

¿Tuvo alguna formación académica al respecto?

Con el triunfo de la revolución me mandaron a Cuba a estudiar Teatro Infantil por 2 años, eso terminó de estimularme para hacer este tipo de cosas. Después me dediqué a hacer teatro para niños un tiempo corto… Y a partir de esas experiencias comencé a componer canciones y contar mis propias historias.

El libro “El caballito de palo” ha sido un éxito, ¿cómo surgió la idea?

Lo hice con mi hijo cuando él era un niño, un caballito que había dibujado y me lo quería enseñar, pero no lo encontró, y entonces me dijo ‘El caballito se fue’… y así empieza el cuento: ‘El caballito dio un salto que parecía volar’, entonces le vamos preguntando a la gente qué se hizo el caballito, porque anda haciendo desastres en el vecindario.

Tratándose de un dibujo, cuéntenos sobre su faceta como pintor ¿de qué tratan sus cuadros?

Me hice amigo de un pintor, Juan José Robles que es profesor de arte, me fui a vivir a su casa, y ahí empecé a pegar los primeros pincelazos. Se parecen muchísimo a mis canciones y libros,  son personajes en situaciones absurdas.

Sus cuadros y canciones lo han llevado a festivales internacionales, ¿cuál es la clave?

Empecé a relacionarme con el gremio de pintura,  y a mostrar en los medios lo que yo hacía. Además, cuando me hacen invitaciones para cantar -como sucedió en Alemania, Checoslovaquia, Ginebra- siempre cargo mis pinturas y las muestro. Una expresión de arte me lleva a la otra.

Es un artista multifacético, ¿cómo decide hacer una cosa o la otra?

Yo no me conformo con ver arte, veo una danza y quiero bailar, me ha pasado eso desde pequeño. Quise hacer escultura, creo que todavía me queda tiempo para aprender, pero nunca he hecho nada, solo algunas cosas con piedras.

Para usted ¿el arte se trata de inspiración?

Yo soy de los que creo más en el oficio que en la inspiración, la inspiración existe, pero tenés que hacer oficio: estar todos los días encima del trabajo, pulirlo, buscando lo que se conoce como la perfección, trabajar hasta lograr hacer algo decente.

Actualmente, ¿está trabajando en alguna obra?

En el disco “Escaleras de sal”, no tiene nada que ver con niños.  Las canciones abordan temas rurales, urbanos, políticos, posee un poquito de crítica y humor, con el lenguaje de la calle; espero tenerlo en tres meses.

También estoy preparando una exposición de pintura, que si todo sale bien, iré a Holanda. Y este año, una pintura mía la van a utilizar como afiche del festival “Fiesta de los Colores” en Ginebra.

  • Una trayectoria exitosa

Gracias a sus canciones y pinturas ha tenido presencia en grandes festivales internacionales, por ejemplo, en Checoslovaquia, Ginebra, Japón y Alemania, incluso en más de una ocasión.

Asimismo, entre sus reconocimientos destacan: premio en el festival de la Canción Popular Nicaragüense con “Un Niño Es”; premio en el festival Rafael Gastón Pérez con la canción “Amor sin Tiempo”; y obtuvo el primer lugar en 1984 con “Cartas de Amor para este Tiempo”.