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Aunque es habitual que un artista muestre su ego sin complejos, destacando su yo personal,  Cristina Bergoglio es un caso especial. Es una creadora que, partiendo de su obra y desde muy dentro de su persona, ofrece el mensaje de que en este mundo se puede brillar “sin ego, sin falsos ornatos, desde la misma naturaleza de las cosas”, con un cierto paralelismo con el papa Francisco, que quizás le confiere su relación de sobrina del Pontífice.

De profesión arquitecto, Bergoglio recibe a Efe en una céntrica cafetería de Madrid, mostrando su amplia y agradable sonrisa. Esta sonrisa muestra la fuerza de haber llegado a la pintura, solo una de sus cualidades artísticas, manejándose en el camino a través de la literatura y la ciencia, por las que se interesó desde su más tierna infancia, “desde que mi madre --médico de profesión-- me regaló a los cinco años un microscopio de los buenos... en lugar de una muñeca”, confiesa.

¿Qué relación le une con el papa Francisco?
Existe un paralelismo entre la historia de Francisco y mi vida. Un paralelismo que no se toca a nivel personal.

¿Coinciden de alguna forma?
Me consta que, de vez en cuando,  lee alguna de mis investigaciones en el campo del estudio de la mente y de las emociones.

Como él no tiene tiempo, yo le ofrezco estos estudios porque, en el fondo, los dos buscamos entender el sufrimiento y trascenderlo. Él como sacerdote y cabeza de la Iglesia católica, y yo como una humilde estudiosa del tema y como una creadora.

Efectivamente, Cristina Bergoglio además de pintar también es una escritora de libros sobre estos temas, como “Vivir renaciendo” y el último que va a editar, titulado “El éxito natural”, en el que indica cómo llegar al éxito siguiendo los pasos que sigue... una sencilla rosa.

¿Cómo le transmite sus investigaciones al papa?
A través de un sacerdote. Con discreción y prudencia puedo hacerle llegar alguno de los artículos más serios y trabajados que elaboro. Pero no soy la “sobrina pesada” que esté queriendo contactar con él de continuo, porque soy sumamente respetuosa de su tiempo y mi tiempo, y cada uno de los dos debe cumplir una función en esta sociedad. No necesitamos quedar para comer un asado –risas-- aunque ya me encantaría. Simplemente al hacer esta entrevista estoy contactando con él de una forma espiritual.

¿Qué ha cambiado en usted desde que Francisco ascendió al máximo poder eclesiástico?
Desde que he llegado a la cúspide algo en mí dice que mi compromiso con el estudio de este campo del sufrimiento debe ser mayor, aunque siempre ha sido importante desde que me curé de un cáncer. Mi investigación comienza a partir de la enfermedad, que la tuve siendo muy joven, demasiado para asumirla.  Ahí es cuando empiezo a leer libros que me acercan a mi madre, una mujer brillante en la universidad en Argentina.

Una persona que ha influido mucho en usted...
Por ella viene mi interés en los libros y la lectura, de la familia de mi madre (apellidada De Mattia), no de la familia paterna, que es  por donde emparento con el papa.

En estos tiempos es inusual que un artista se mueva por el espectro artístico y también por el científico, ¿cómo comienza su interés por la ciencia?

A los cinco años, cuando mi mamá me regaló un microscopio, me enfadé, porque quería una muñeca. Pero con ese instrumento se inicia mi interés por la física cuántica, en la que llevo inmersa más de 20 años. Tenía también un telescopio. Vivíamos en Córdoba (Argentina) y me crié en un espacio físico muy grande.

Con los dos elementos tenía a su disposición un poco la esencia, el micro y el macrocosmos.

Sí, fui una niña que podía leer, que podría investigar, que iba a un colegio mixto, no religioso. Creo que fue una infancia ideal para un creador. Me interesó y llegué a tener un conocimiento importante de astronomía.

¿Esto forma de alguna manera una creadora integral?
Efectivamente. También comienzo a  manifestar que me interesa la poesía, con mi madre siempre por detrás de todo esto.

¿Es ahí donde comienza su pasión por la literatura?
Así es y mis padres me proponen, sin obligarme, que vaya a talleres de pintura y de literatura desde los 12 años.

¿Pero sigue también con sus estudios normales?
Claro, a la vez, estudio con grandes pintores en Córdoba y voy a talleres literarios.

¿Cómo canaliza su interés por la Literatura?
Cuando estoy terminando mi carrera pido consejo a Augusto Monterroso y a Francisco Umbral, entre otros autores de relieve, a quienes envío mis ensayos para que me los evalúen. También hago lo mismo con algunas pinturas a prestigiosos autores, especialmente de México.

¿Y qué le dicen?
Me contestan todos y me dicen que sí, que me ven como una artista, pero como un diamante en bruto y me aconsejan que me venga a Europa. Yo no me veía viviendo en México, aunque me trataron como a una reina.

¿Qué añora de su Argentina natal?
A mi familia y la vivienda en el medio natural.

¿Cómo ve el arte latinoamericano actual?
Veo a todas las personas como la misma cosa, pero es cierto que cada contexto propicia un estilo de personalidad. El latinoamericano triunfa cuando pasa por Europa y cuando obtiene unos pilares del éxito que nuestra tierra no te da.

¿Cuáles son algunos de esos pilares?
La perseverancia o la humildad, que los latinos no poseemos demasiado... (ja, ja, ja, risas) quizás menos el argentino. Pero dicho desde el mayor respeto. Yo utilizo mucha la ironía de mis orígenes y sobre mí misma. Todo artista tiene que pasar por los dos continentes si quiere ser bueno. No se puede quedar solo en Latinoamérica,  porque le faltaría esta cosa tan antigua como los egipcios, los romanos. Hay que ir hasta allí y tocarlo. No solo conocerlo.

Y los valores latinos...
Los latinoamericanos tenemos algo muy hermoso que es la conexión con la Tierra, con Gaia, que le falta al europeo. Estamos muy enraizados con la naturaleza.  Cuando has tocado lo europeo, tienes que hacer lo mismo con los mayas, con los aztecas.

Solo así  te conviertes en un artista global  que expresa “verdad”. Eso es lo que hay que buscar y no la fama. La naturaleza es la gran maestra. El papa Francisco también tiene que aprender de ella, como todos. No valemos más que las hormigas. Somos importantes, pero no tanto como creemos.

Cristina Bergoglio indica que su formación proviene, entre otros, del escritor de origen alemán y nacionalidad canadiense, autor de “El poder del ahora”, Eckhart Tolle, de quien dice “está considerado como el gran sabio del momento”.

Sobre la influencia en su obra pictórica, indica: “Mi pintura también habla del aquí y el ahora. Los taxis, el movimiento. Eso significa que en el aquí y el ahora se mueve todo y eso no tiene que perturbar a la parte tuya que no se mueve. Cuando tu vives desde lo que no se mueve, lo que se mueve en tu vida es maravilloso”.

Felicidad

Perfil• “Soy una persona muy comprometida con el concepto de la felicidad, pero desde un punto de vista muy científico. La filosofía zen es un método del entendimiento de la mente, no una religión ni un dogma, no es, pues,  casualidad, que a muchos autores estudiosos de la felicidad en la actualidad nos guste el método zen. Es una percepción correcta y sensata de la mente humana”.