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El Instituto Nicaragüense de Cultura Hispánica (INCH) se sumó a los homenajes póstumos consagrados a Socorro Bonilla Castellón, fallecida el miércoles primero de diciembre de 2010. El jueves 2, en la Universidad del Valle --de la que ella fue rectora fundacional-- intervenimos René González Mejía, presidente del INCH, y el suscrito, expresidente. René, en su lectura de respectivo acuerdo de pésame, recordó que Socorro había ejercido veinte años los siguientes cargos en la junta directiva nacional: vocal, tesorera, secretaria de relaciones internacionales, secretaria de vinculación universitaria y vicepresidenta.

Becaria graduada en Madrid
Por mi parte, inicié la semblanza de su personalidad anotando que fue una de las primeras becarias del INCH, graduándose en la Real Escuela Superior de Arte Dramático y obteniendo diploma en la Cátedra Tirso Molina de Madrid, aparte de realizar curso intensivo de periodismo en Santander y de interpretar en tres escenarios madrileños --el propio Instituto de Cultura Hispánica, el Colegio Mayor Guadalupe y la Casa del Brasil-- Antes del desayuno, monólogo del dramaturgo norteamericano Eugenio O’Neill (1888-1953).

De acuerdo con una crítica de la revista Cuadernos Hispanoamericanos, Socorro “puso en pie un personaje tan vivo y variado como la señora Rowland, en la que se mezclan los sentimientos más variados: los celos, el cansancio, el sarcasmo, el horror, la ternura y el amor… Lo hizo acertadamente, manteniendo la emoción con una contención interior y una intensidad hacia dentro que evitó todo peligro de melodrama. Quizá lo más significativo en ella sea su ademán y su gesto, breve, siempre ceñido, pero cabal”.

Lo mismo lograría, años después, en otro montaje --ahora en Managua, auspiciado por el INCH y dirigido por Alberto Ycaza-- de Antes del desayuno. Para entonces, la joven masatepina --que había egresado de la Escuela Normal Central de Señoritas, bajo la dirección de la gran educadora y pionera del feminismo Josefa Toledo de Aguerri-- era ya artista entregada intensamente hacia su vocación. Tras estudiar Secretariado Ejecutivo, también se había inclinado por el arte declamatorio y el teatro. Así en 1960 formaba parte de alumnas del Teatro Experimental de la Escuela Nacional de Bellas Artes. Allí tuvo la oportunidad de ser dirigida por Adán Castillo, nicaragüense (en la obra En un burro tres baturros), Ricardo Quinteros, argentino (en Las manos son inocentes de José López Rubio), Tacho Sánchez, chileno (en Monserrat de Enmanuel Robles) y Franco Cerutti (en El Malentendido de Albert Camus).

Igualmente, en 1961 se hizo acreedora del premio “Güegüense de Oro” como la actriz joven más promisoria y mereció este elogio de Rodrigo Peñalba, director de la Escuela: “Socorro Bonilla es alma y nervio de nuestra agrupación; activa, ordenada, sensitiva, organizadora a la vez. Justo es un aplauso para ella y el agradecimiento de todos los que sabemos lo que vale”.
La Comedia Nacional de Nicaragua y su trayectoria
Más aún: a su regreso de España, había fundado el 13 de mayo de 1965 --hace cincuenta años-- el grupo Comedia Nacional de Nicaragua, el más cohesionado y duradero de los surgidos durante la década de los sesenta. He aquí los amigos y amigas de Socorro que la acompañaron en la constitución de dicho grupo: el periodista Gabry Rivas, el narrador Adolfo Calero Orozco, el actor Mamerto Martínez, el abogado Manuel Monterrey Solórzano, el político y también abogado Pedro J. Quintanilla, el coronel Jorge Granera, José María Falla, la actriz Blanca Amador, Esperanza Bermúdez de Morales, Carmen Centeno Gómez, Sofía Solórzano de Ocón y Joyce de Pérez.

El lema de la Comedia Nacional era: luchar por la cultura teatral y por la subsistencia del actor nacional. Y esta afanosa lucha la mantuvo a lo largo de casi toda su existencia con entusiasmo creador y temple admirable de mujer. Más de medio centenar fueron las obras dramáticas en que participó como directora, productora o actriz. Los árboles mueren de pie, de su maestro Alejandro Casona (1903-1965), fue la primera estrenada por la Comedia Nacional, en el Teatro de la Cruz Roja de Managua, el 11 de agosto de 1965. En ella Socorro interpretó el papel de Marta Isabel. A veinticuatro llegaron sus representaciones (incluyendo escenarios en otros siete departamentos) y a casi diez mil córdobas ascendieron las ganancias --un récord sin precedentes-- fuera del montaje que costaría 12,219 córdobas. La dirigió el mexicano César Sobrevals.

Los verdes campos del Edén, de Antonio Gala --dramaturgo español como Casona-- se representó durante quince días consecutivos en el Teatro de la Escuela Nacional de Bellas Artes en 1966. Dirigida por Socorro, constaba de dieciocho personajes. Antígona, de Jean Anouhild, bajo la dirección del argentino Carlos Jiménez, se estrenó en febrero de 1967, en el Teatro González; de nuevo Socorro actuaría, ahora como protagonista. En 1968, con el auspicio de la UNAN, la Comedia Nacional llevó al Auditorio Ruiz Ayesta de León el Proceso a cuatro monjas, del italiano Vladimir Cajoli (1911-1979) y luego a Bellas Artes. “El triunfo fue rotundo y las críticas excelentes”, apuntó la propia Socorro, su directora. Luis Adolfo Reyes fue proclamado mejor actor del año y Orsola Tomaselli mejor escenógrafa.

Otras piezas montadas por la Comedia Nacional antes de 1979 fueron El amante (1969), del norteamericano Hardol Pinter (1930-2008); Living Room (1970), del inglés Graham Green (1904-1991), de nuevo bajo el auspicio de la UNAN; Las mujeres sabias (1973) de Moliere, adaptada por Enrique Llovet (1917-2010); Sí quiero (1974), del español Alfonso Paso (1926-1978); La Asamblea de las Mujeres (1975), de Aristófanes; La tercera palabra, del ya citado Casona; Seis personajes en busca de autor (1977), de Luigi Pirandello (1867-1936); y Judas (1978), monólogo del nicaragüense Enrique Fernández Morales (1918-1982).

El estreno de “Judas” en el TNRD
Involucrado como asesor literario, asistí al estreno de Judas en el Teatro Nacional Rubén Darío el 7 de julio de 1978 y le dediqué una crítica, reconociendo la capacidad de su directora que realizaría su labor con un recurso acertado: una plástica escenográfica de nueve personajes femeninos e “imaginarios” que completaron, enriqueciéndola, la interpretación del único personaje “visible”: Iván Argüello. Este se consagró como actor estelar: se impuso en todo momento por su versatilidad de actitudes y movimiento, por su perfecta vocalización y variedad total; en fin: por su absoluto dominio de la naturaleza blasfematoria y conflictiva de Judas. Argüello se dio por entero, con una maestría pocas veces desarrollada hasta entonces en nuestros escenarios.

Anteriormente, el suscrito había presenciado Sí quiero en el Instituto Nacional de Oriente, donde actuaban Charles Delgadillo --quien viajó luego a España para emprender carrera teatral-- y Ruth Obregón, fallecida en 1979. Entonces el elenco de la Comedia Nacional lo integraban, entre otros, Mayra Bonilla, Erasmo Alizaga --que asumiría  la dirección artística a partir de los años ochenta--, Aníbal Almanza, Zayda Urbina, Marina Obregón, Ivonne García y Luis Harold Aburto. Mientras tanto, Socorro acumulaba una fructífera labor en su Escuela de Teatro y Declamación (Evelyn Martínez fue su alumna más notable), interpretando a Rubén Darío personalmente (como en Ciudad Darío, en enero de 1967) y en recitales de poesía coral, siendo su éxito más clamoroso el Recital que ofreció ella sola, en el Teatro Nacional Rubén Darío, el 27 de abril de 1977.

Promotora teatral en los colegios y entre los niños
También había impulsado la actividad teatral en centros de enseñanza secundaria. Por ejemplo, fundó grupos experimentales en el Instituto Miguel de Cervantes, Centro Experimental México, Instituto Nacional Ramírez Goyena y Colegio Faure de Nicaragua, llevando a escena respectivamente Los hombrecillos de gris del mexicano Pablo Salinas Pérez, El Oso de Antón Chejov, El entierro de Juan García de Adolfo Calero Orozco y Ciencias exactas.

Asimismo, se había destacado como promotora del teatro para niños, labor que continuaría en los ochenta y noventa, escenificando tanto obras de autores extranjeros (Dulcita y el burrito de Carlos José Reyes, El Gato simple de Fidel Galván y Pelusín Frutero de Doris Alonso) como las de su esposo Octavio Robleto (Un jardín para ser feliz, Retablo navideño, La Gallina ciega, Pasada entre Tío Coyote y Tío Conejo, etcétera). Erasmo Alizaba continuaría esa importante tarea de dirigir y estrenar el 2 de mayo de 1994 La Cenicienta, en versión de la Comedia Nacional.

Cabe recordar otras piezas representadas por el grupo de Socorro: Cantata a Simón Bolívar (1983) del venezolano César Rengifo (1915-1980); La Olla (1986) de Tito Macio Plauto; Qué cuarenta días y qué cuarenta noches (1987), creación colectiva estructurada con textos del mártir Leonel Rugama, que participó en el festival internacional de teatro en Cádiz; El jardín de los cerezos (1988) de Antón Chejov, dirigida por el soviético Adolfo Shapiro; los entremeses cervantinos “El juez de los divorcios” y “El viejo celoso”, adaptados en una sola pieza “Los celos y el divorcio” (1989); El pagador de promesas (1991), de Alfredo Días Gómez (1922-1999), dirigida por Nelson Door; Chinfonía burguesa (1991) de José Coronel Urtecho y Joaquín Pasos; El día que me quieras (1993), del también venezolano José Ignacio Cabrujas (1937-1995); y el espectáculo memorable que fue Juana Mostega (1993), de Pablo Antonio Cuadra (1912-2002), estrenado en el INCH, el 4 de junio de 1993, con motivo del Primer Encuentro Centroamericano de Institutos de Cultura Hispánica.

El teatro: la razón de su vida
Las anteriores no fueron todas las obras en las cuales participó Socorro (se me quedaron en el tintero, por lo menos, El enfermo imaginario de Moliere, Las Criadas de Jean Genet, Qué pasó en Monimbó y Por aquí pasó un soldado, ambas de Octavio Robleto); pero dan una idea aproximada de su fecunda trayectoria. Ella hizo del teatro la razón de su vida y creía que “mejora la conciencia de la multitud, porque la recrea, la enseña, la nutre”.

No podía, pues, pasar inadvertido el fallecimiento de Socorro Bonilla Castellón ni el cincuentenario de la fundación de su grupo: Comedia Nacional de Nicaragua. Porque ella fue artista consumada, educadora constante, sincera amiga y, sobre todo, mujer de temple.