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Mantener el linaje y la pureza de su sangre era al parecer el principal motor para que en el antiguo Egipto los faraones sostuvieran relaciones sexuales con los miembros de su propia familia.

Aunque esto era presunción desde 1922, cuando se encontró la tumba de Tutankamón, una investigación realizada por la Universidad de Zúrich ha logrado una comprobación científica que deja poco margen de duda. "Estudiaron 259 momias, todas ellas de la realeza de la época con el objetivo de establecer la altura de los fallecidos y compararla con la de los plebeyos de entonces, según informa ABC. "Tras terminar las mediciones nos percatamos de que la altura de los faraones cambió menos a lo largo del tiempo que la de los plebeyos. Eso es un indicador de consanguineidad", destacó el profesor Frank Rühli, uno de los principales impulsores del estudio.