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ADMIRABLE KARLY: Sugeridos por la lectura de tu excelente historia del cine en Nicaragua y de los nicaragüenses relacionados con el séptimo arte, te adjunto los siguientes datos con sus fuentes respectivas.

Darío y el cine

Como era de esperarse, Rubén Darío no fue ajeno ni indiferente al invento de los hermanos Lumiere en 1895. Es cierto que en 1916, cuando falleció, el cine continuaba siendo mudo; pero él pudo apreciar su importancia. Así lo declaró en el artículo “Evocaciones artísticas” al recomendar la creación de un museo antropológico moderno de nuestra América en Buenos Aires —desde los tiempos incaicos y los de Moctezuma hasta la independencia, y más acá aún–– para constituir “un espectáculo hermoso e instructivo”. En dicho museo, según él, podía aplicarse a la reproducción artística del pasado el método del barón de Kanzler, agregando: “La fotografía, las proyecciones, son hoy un elemento admirable en las conferencias. Y si se aplica el cinematógrafo, tanto mejor” (El Cojo Ilustrado, Caracas, XIII, 1904, p. 320).

Dos años después, Darío había asistido en Londres a una amplia sala, presidida por un telón blanco, para admirar el “bioscope” americano, uno de los pioneros sistemas de proyección cinematográfica. El artista de circo Randall Williams lo había popularizado en Inglaterra cuando en 1897, convirtió la Ghost Show, que solía presentar en las ferias, en una Films Show. En su crónica “Londoniana. Diversiones inglesas” (La Nación, 14 de junio de 1906), Rubén escribe que “un telón blanco lo anuncia”, para describirlo: “Entre los temblorosos chorros de luz que atraviesan la sala a obscuras, surgen en la gran sábana muchedumbres en movimiento, barcos que cortan las aguas, muelles embanderados. El rey de Inglaterra desembarca en Atenas; y cuando el soberano se lleva la mano al bicornio, las gentes baten palmas. Y ha de acabar el número óptico con las sabidas payasadas de cómicos incidentes. Aquí es un hambriento tramp que se roba una pierna de carnero y es perseguido por todo un ejército de transeúntes. Después son las aventuras y desventuras de una vieja de mala sombra. Noto que las gentes ríen con parsimonia, sin faltar carcajadas que podrían pasar por absolutamente meridionales.” RD: Crónicas desconocidas: 1906-1914, edición crítica y notas de Günther Schmigalle (Managua, Academia Nicaragüense de la Lengua, 2011, pp. 15-16).

A partir de enero, 1910, Rubén Darío comenzó a publicar en La Nación, de Buenos Aires, una serie de breves crónicas tituladas “Films”. Cuarenta y cuatro sumaron esas entregas: “Films catalanes” (una), “Films de la Corte” (cinco), “Films de París” (veintinueve), “Films de travesía” (una), “Films de viajes” (cuatro), “Films habaneros” (tres) y “Films” (únicamente dos). Pero cada serie constaba, en su mayoría, de tres piezas vinculadas entre sí, la cantidad de filmes suman casi el centenar. Estas series han sido rescatadas por el dariísta alemán Günther Schmigalle en el segundo volumen ––ya citado–– de su compilación crítica.

Otras, exactamente dieciocho, las incorporó Darío en la sección inicial de su libro Todo al vuelo (Madrid, Renacimiento, 1912): “Films de París”. No contienen juicios literarios, ni opiniones sobre aspectos políticos, sino retratos vivos de personajes y precisas descripciones urbanas, parisinas, en una prosa condensada, influida por las imágenes sucesivas de lenguaje cinematográfico. Véase este fragmento de un “Film habanero”, tomado de las crónicas recogidas por Schmigalle. Me refiero a “El Vedado”, barrio de gentes ricas, de cuyos pintorescos chalets con jardines “salen las amas blancas y las criadas negras, unas a montar en sus automóviles o carruajes, las otras a hacer sus compras. Por las calles pasan cantando su mercancía los vendedores de frutas, y por las mañanas, en ciertas calles, hay un ruido de dos mil diablos. Son los proveedores, son las carretas que vienen de las huertas cercanas, son los mulatitos que gritan, El Habana Post, El Mundo o El Triunfo. Por las noches se oyen ecos de cantos y música de pianos en las moradas en que hay mujeres admirables. ¡Admirables las habaneras del Vedado!”.

Dos proyecciones en León

En el capítulo 2 de tu obra (“Compartiendo la sala oscura: 1913-1919”), habría que incorporar dos proyecciones presentadas en León. Una: a las nueve de la noche del 28 de diciembre de 1914 en el atrio de Catedral, titulada en el programa de actividades celebratorios de los cien años de la universidad: “Recreación instructiva cinematográfica ofrecida por la Juventud Médica de Nicaragua” (Álbum del centenario de la inauguración de la histórica Universidad de León, Nicaragua. Managua, Tipografía Nacional, 1915, p. 48).

La otra proyección correspondió a la película “Espartaco”, en el mismo sitio, la noche del 3 de agosto de 1925, según crónica de Salomón de la Selva inserta en el periódico Nicaragua Libre (León, núm. 1, 6 de agosto, 1925), órgano de la Liga Patriótica Nicaragüense. El evento se realizó para disfrute del pueblo durante su celebración del retiro de los marines estadounidenses que ocupaban el país desde agosto de 1912.

Adolfo Vivas: Primer nica en Hollywood

El rivense Manuel Martínez Ulloa no parece haber sido el primer nica en Hollywood, sino el granadino Adolfo Vivas (1872-1937). En Estados Unidos, donde vivió largas estadas, Vivas editaría dos publicaciones periódicas: Revista Comercial Americana y Mercurio, traduciendo en esta a los escritores estadounidenses William Jennings Bryan, Horace Greely y Henry Word Beecher, entre otros. Considerándose ya definitivamente “americanizado”, se incorporó como actor de cine en Hollywood, aunque carecemos de testimonios concretos, excepto el siguiente de Pío Bolaños:

“Se instaló frente a la cámara fotográfica, ante las luces de los grandes reflectores y actuó con desenvoltura e inteligencia gracias a su prestancia. Hay una película que ha recorrido América, en donde aparece Vivas rodeado de elegantes mujeres en una escena alegre y bohemia” (Obras II. Managua, Fondo de Promoción Cultural Banco de América, 1977, p. 327).

Martínez Ulloa

En el capítulo 3 (“Noches de cine: nostalgia y calle”), te refieres a otros dos nicas destacados en el mundo hollywoodense: al managüense Joaquín Elizondo, a quien le dedicas un valioso párrafo; y al citado Martínez Ulloa.

Pero, en relación a este, únicamente transcribes una noticia acerca de la película Scaramouche (La Prensa, 6 de marzo, 1926): que el nica tomaba parte en un papel secundario. Pues bien, el chinandegano Gabry Rivas (1890-1969) había escrito que Martínez Ulloa, tras llegar a Nueva Orleans en 1918, y no sin breves estadías en Boston y Nueva York, obtuvo en Hollywood “una pequeña actuación en la película que se presentó al público con el nombre de Who is your brother?, trabajando en ella una semana” “Un nicaragüense en el cine” (La Noticia, 9 de diciembre, 1923). Según Gabry, el rivense era “un tipo alto, de líneas definidas, nervioso, mímico”. Y agregaba:

El make up le ha servido para poner en su rostro la maraña de caracteres que viven en su interior. Su constante paso por los Estudios, le ha ido creando atmósfera y amistades; y a estas horas, Manuel puede decir con orgullo que ha trabajado para la Metro, la Paramount, la Vitagraph, la Ince, la Universal, la Goldwyn, empresas monstruos que reparten, desde el laboratorio de la ficción, pedazos de ciudades, desiertos maravillosos, que en la pantalla cobran vida.

Un dato más aporta Gabry: Martínez Ulloa “contempló la imagen romántica de Pearl White”. Quiso decir que había trabajado con esta actriz, quien posteriormente abandonaría el cine para meterse a monja contemplativa.

Gabry Rivas y Adolfo Menjou

Del mismo Gabry y su experiencia en Hollywood, muy poco afirmas en tu libro. Al respecto, en el suplemento dominical de La Prensa del 3 de noviembre de 1963, con motivo de la muerte de Adolfo Menjou (1890-1963), Gabry declara haber trabajado “como actor de pocas dimensiones” en siete películas. A saber: como Joe en El Presidio, con Juan Landa y José Crespo; interpretando al Burgomaestre en Olimpia, con Elvira Morla y María Alba; y a un barman en En cada puerto un amor. También fue un vendedor de naranjas en Sevilla de mis amores, cuyo protagonista era Ramón Novarro; interpretó el papel de Cschiallock en El Comediante y el de Eduardo Vílchez, un detective, en Del mismo barro, con Carlos Villarias. Finalmente, Rivas fue chofer en Amor audaz, protagonizada por Rosita Moreno, Ramón Perea y Adolfo Menjou.

De origen francés, Menjou desplegó en Hollywood con su donaire parisiense, un cartel estelar. Gabry lo conoció bien, pues Menjou le pagaba 250 dólares semanales por enseñarle español. El nicaragüense le regaló su sombrero panameño de pita para lucirlo con orgulloso desplante. Adolfo Menjou ––fallecido a los 73 años–– había escalado “todos los peldaños del típico característico: desde el galán joven adolescente hasta el conquistador elegante y el anciano decrépito”.

Espera mi próxima carta. Saludos / JEA.