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El escritor nicaragüense Juan Sobalvarro quizás estaría hoy en un consultorio escribiendo recetas para sus pacientes en lugar de  condensar en versos y piezas narrativas sus vivencias, pues dejó la carrera  de medicina porque tenía el sueño de ser escritor. Colgó la gabacha y el estetoscopio para estudiar artes y letras.

Muchos años después de haber tomado esa decisión asegura que haber estudiado esa carrera le ayudó a cumplir ese anhelo, además, confiesa que fue “afortunado porque así conocí a Marta Leonor González y fundamos el grupo de los 400 elefantes, creamos un revista, en 1994. Ahí debuté como escritor,  empezamos a mandar mis poemas a suplementos de periódicos como El Nuevo Amanecer Cultural y fue hasta el 2000 que publiqué mi primer poemario, que para haber sido el de debut  fue bastante extenso, porque tenía cuatro secciones, una de ellas estaba dedicada a la guerra, gracias a la experiencia vivida en el servicio militar, los demás eran de diversos tipos”.

Sobalvarro admite que ser escritor en Nicaragua es difícil y lo considera incluso absurdo, “porque vivimos en un país en el que no existen editoriales, por lo que el escritor tiene que ser su propio gestor  y todo eso dificulta la proyección, porque además no hay espacios para hacerlo.Aunque uno publique un libro casi no hay manera de venderlo”.

Él considera que esto nos pone en desventaja respecto a escritores de otros países donde sí hay un mercado que los impulsa y está convencido de que es el mismo escenario para los centroamericanos: “somos casi anónimos y solo somos medio conocidos en la región, además de la dificultad  que significa escribir bien, porque se requiere formación. Sin olvidar que entre escritores nos despedazamos unos a otros, por otro lado está la crítica que aunque no es académica no deja de ser despiadada”.

“Inventario sonámbulo”  

Juan Sobalvarro ha publicado seis libros, el segundo fue de cuentos y estaba compuesto por historias de la guerra bajo el título “Para qué tanto cuento”, luego publicó “Perra vida”, su testimonio del Servicio Militar, el tercero fue “Agenda del desempleado”, el que define como prosas breves entre poética y narrativa, “El dueño de la pelota” es una narración de temas diversos y ahora “Inventario sonámbulo”.

“El título es un poco azaroso y tiene que ver con que la poesía es hasta cierto punto inaccesible, inalcanzable, incluso para el poeta. Estamos persiguiéndola toda el tiempo y por muchas herramientas y formación que tengás no hay poeta que agote la poesía, es un búsqueda de todos los tiempos y el poeta al final es como un sonámbulo, alguien que solo va tanteando como en la oscuridad y solo a veces se logra encontrar la poesía que busca.

El inventario es porque  recojo una serie de poemas que tenía dispersos  o que no estaban organizados de forma orgánica, algunos eran inéditos otros solo se habían publicado en suplementos y revistas. Hago rescate de algunos poemas que me gustan del primer libro”, explicó. Para él la gracia es que “Inventario sonámbulo” es un abanico temático en el que aborda el amor pero no en el sentido tradicional de lágrimas, sino como una realidad cotidiana, como una posibilidad.

Los poetas están como peleados con el tema amoroso, pero creo que falta el enfoque del amor no idealizado. Está el tema de la guerra que es uno de los temas constantes, también está la amistad, las soledad y la rutina.

Sobalvarro, el escritor-editor

¿Cómo ha sido la experiencia en el mundo editorial?

Creo que ha sido una de las más bonitas que he tenido. Ser escritor-editor es una experiencia que no la viven todos. En primer lugar debo decirte que además de hacer el papel de editor, yo soy el que diagramo los libros. Me fascina diseñar, sobre todo las portadas, es un espacio para dejar volar la imaginación.

Aunque sea otro el autor del libro, a mí me complace y es importante en un país como el nuestro que necesitamos difundir más la cultura. Algunos escritores que publicamos están debutando en 400 elefantes, pero también trabajamos con autores ya consagrados.

Se dice que somos un país de poeta, pero hay algunos poetas que no llenan las expectativas, ¿cuál es tu actitud como editor frente a esa realidad?

Uno como editor tiene que ser honesto,a veces puede ser hasta un amigo el que te pasa un material que no está presentable pero no podemos permitirnos el lujo de engañarnos y toca decir que no. Hay que decir que no cuando toca.

¿Crees que hacen falta talleres de poesía en el país para potenciar la calidad de los aspirantes a poetas?

Yo creo que sí y tiene que ver con lo que me decías anteriormente de que Nicaragua es una tierra de poetas, pero primero hay que discutir  si lo es o no, porque se produce mucho texto pero la calidad habría que evaluarla. Hace falta escuela, pero el problema es que por ejemplo la escuela que hubo en los 80 era muy esquemática y provinciana. Tuvo una repercusión muy negativa porque ahora que viajamos a festivales vemos poesía de calidad y siento que tenemos en Nicaragua como un desfase, falta exigencia y talleres que formen y deformen, que haya método, que no sea solo improvisado.  Si ves en los premios internacionales no hay nicas ganando premios, ahorita un nica ganó el Rogelio Sinán pero es un autor maduro, no los jóvenes y hay poca promoción de la narrativa pero está teniendo como un aire nuevo. Falta nutrirse no solo de la literatura local. Me fascina la narrativa corta, he visto la mezcla de animación con narrativa corta y me parece genial sobre todo para los jóvenes.  

¿Se puede vivir de editar libros?

Nosotros no vivimos de editar libros, lo hacemos porque nos gusta. El problema en Nicaragua que enfrentan las editoriales son varios, encabezados por el tema de la distribución, porque se necesita montar empresas. El mercado funciona muy lento. La mejor forma de vender es ir directamente donde el lector.  Es un mercado poco estimulante y es así para toda la región centroamericana.

Los editores vienen a eventos y discuten siempre lo mismo, se proyectan alianzas y nunca pasa nada. Otra cosa que nos pone en desventaja es que nos bombardean con editoriales fuertes y los libros nicas quedan en desventaja y habría que recurrir a una publicidad gigantesca y no hay plata para hacerlo.

¿Por qué crees que los libros de autoayuda son exitosos?

Yo creo que esa literatura en sí no es mala, el problema es que hay lectores que solo se limitan a leer eso. Creo que influye el hecho de que nuestro sistema educativo nos deja muchas deficiencias y la gente siempre anda buscando cómo llenar vacíos, que a veces también pueden venir del plano afectivo. Esos vacíos que nos deja la familia, todo está ligado y estos libros ofrecen alternativas más fáciles que la poesía, porque esta recurre a formas más abstractas y la poesía no te aconseja sobre la vida,  no es la sabiduría popular su columna vertebral por eso exige más por parte del lector.

 

 

 

 

 

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