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Rara, con ese adjetivo la escritora nicaragüense Daisy Zamora define su infancia y su adolescencia, porque asegura que era diferente a sus contemporáneas, leía mucho y los chicos pensaban que hablar con ella era como hacerlo con un diccionario.

“Hoja chigüe” es el apodo que su abuelo eligió para ella, aunque logró comprender la metáfora hasta que conoció la planta, cuya flor es muy linda pero sus hojas son ásperas como lija.

Habla varios idiomas, ha ganado diversos premios por su obra poética, incluido el Mariano Fiallos Gil, ha trabajado en distintas universidades de Estados Unidos y es una feminista confesa y sobre todo comprometida.Daisy Zamora imparte clases en la Universidad del Estado de San Francisco, Estados Unidos.

¿Enfrentó la soledad por ser diferente a las demás niñas?

Yo era muy activa. Me subía a los árboles, me gustaba andar a caballo a pelo, y por eso me miraban como rara, pero tenía un abuelo que me aceptaba así y el hecho de tener ese abuelo que entendió mi forma de ser, me sirvió para crecer de una forma diferente a muchas de mis contemporáneas.

Fui una adolescente muy excéntrica. Era rara, repito. Una de mis amigas me dijo que nunca leyó “Crimen y Castigo” de Dostoievski, porque yo se lo contaba en los recreos. Leía mucho, no encontraba novio, los chavalos se acercaban y yo les empezaba a hablar de literatura y cosas serias y con disimulo se iban.

Tuve una adolescencia bastante aislada. En el colegio había una biblioteca excelente y como era una educación bilingüe, pude leer libros en inglés, además me entró el afán de aprender idiomas. Estudié italiano, portugués y francés. Conocer ciertos autores en su lengua original me ayudó a ampliar mi comprensión poética.

Entonces, definitivamente dentro de mí hay una persona solitaria que ama esa soledad, una persona reflexiva y observadora, pero también soy una persona radical en mis observaciones.

¿Desde cuándo empezó a identificarse con el feminismo?

Quizás desde niña, porque desde pequeña vi las diferencias entre lo que se les permite a los varones y lo que se les deja hacer a las niñas. Siempre las niñas teníamos más restricciones y para mí eso no tenía razón de ser. Soy feminista en el sentido más profundo, porque hemos sido marginadas. Yo creo que debemos buscar la equidad de género, no la igualdad, porque hombres y mujeres somos diferentes.

Tengo una solidaridad absoluta con todas las mujeres del mundo. Me siento hermana de todas y unida a todas, porque todas padecemos lo mismo sin importar el lugar en que estemos. Las que están entre millones y diamantes sufren igual que las mujeres que no tienen nada.

La mujer nicaragüense para mí es totalmente admirable. En uno de mis libros hay una parte que se llama “Yo soy las otras mujeres”, porque me siento totalmente identificada con la planchadora, la costurera, la mesera, el ama de casa, con la mujer que es despreciada por el marido y la obliga a una miseria moral al estar dependiendo de él. Somos seres extraordinarios, para mí todas somos heroicas.

¿Es una persona radical?

Te puedo decir que mi apariencia externa es engañosa. La gente piensa que yo soy bien tranquila, que soy muy llevadera, tengo cara de ovejita, pero no. En realidad yo soy fuerte, mis posiciones son radicales, es como si fueran dos personas, una que anda en el mundo exterior y otra que soy yo, la verdadera.

¿Existe alguna mujer que pueda reconocer como inspiración?

Sor Juana Inés de la Cruz es uno de mis modelos de vida, cuando la descubrí no podía asimilar la injusticia de que ella haya nacido en una época que no le correspondía y que haya perdido su vida, que haya sido sacrificada solo por ser un ser humano brillante, con una inteligencia tan lúcida que vivió atrapada en el cuerpo de una mujer.

Yo tengo esa conciencia de que nuestra inteligencia es como ella decía, sin sexo, pero la sociedad, las costumbres y las relaciones familiares están organizadas para mantenernos dentro de ciertos límites y eso es una tragedia, y vivir con lucidez esa tragedia es lo que ha sido mi vida. Esto lo he expresado en mi poesía.

¿Cómo califica el rol de la maternidad que nos asigna la sociedad?

Somos vistas como una función en la sociedad, no somos vistas como individuas con proyectos y sueños, sino como las que damos vida, y no entienden que eso también debe ser una opción. Nosotros debemos decidir si queremos o no tener hijos, pero vivimos en sociedades tecnológicamente avanzadas, en las que hay una contradicción tremenda entre el avance científico y lo que ha cambiado nuestra mentalidad. Nuestros cerebros siguen funcionando igual a como estaban en el tiempo de los romanos. No hemos cambiado.

¿La poesía tiene género?

No es que haya poesía de hombre y poesía de mujeres, sino que cada quien escribe desde su condición vital, desde su condición existencial y entonces la voz nuestra tiene otro registro y tiene también la capacidad de ver otras cosas. Hasta ahora es que estamos hablando. Yo me alegro de ver que hay tantas poetas jóvenes que ya no tienen ningún problema en publicar.

¿En qué momento empezó a escribir?

Creo que los primeros ejemplos de poemas que tengo son de cuando tenía 8 años. Cuando yo escribía cosas mi papá las llevaba a que las pasaran a máquina, por eso tengo tres o cuatro poemas, uno para mi gato, otro de una niña que se llamaba Daisy, bien centrada en mí misma, era un cuento en poema y otros poemas religiosos, porque me enseñaban cosas de que la religión tiene magia y mítica. Yo creía que cuando las nubes estaban de cierta forma era porque se había muerto un angelito. O que si llovía y había sol era que la virgen se estaba bañando.

Seguí escribiendo en la adolescencia, todos escribimos en esa época. Mis poemas eran tristísimos porque no tenía novio, nadie quería platicar conmigo porque los chavalos decían que hablar conmigo era como hacerlo con un diccionario.

El poeta Pablo Antonio Cuadra me publicó mi primer poema cuando tenía 17 años y eso para mí fue un momento decisivo, fue cuando me dije que seguiría adelante con mi poesía. El poema se llamaba “Un niño muerto en la carretera”.

¿Cuándo y por qué emigró a Estados Unidos?

Fue en 1997 y aclaro que lo hice por razones personales y no por política. Nunca había pensado en irme de mi país, porque amo Nicaragua.

Entré en una situación difícil en mi vida personal y me vi obligada a irme porque me salió una buena oportunidad. Me fui con mis hijos con la intención de regresar, vine en varias ocasiones buscando trabajo aquí y nunca se dio la oportunidad, y por ello aún estoy allá, porque todavía tengo un trabajo.

Allá he enseñado en diferentes universidades, dando talleres de literatura y de poesía, pero después me establecí primero en la Universidad de Santa Cruz, en California, donde di por varios años talleres. El decano de la facultad de Literatura Latinomericana, Jonathan Fox, había venido chavalo en los 80 a Nicaragua y cuando supo que yo había llegado a San Francisco, me llamó y así me establecí en mis clases, porque antes de eso andaba viajando de universidad en universidad para dar cursos.

Ahí estuve 4 años con esos talleres y publicamos en el 2003 la primera antología de talleres de poesía en español de los Estados Unidos, bajo el título “Lo que nadie más va a escribir”, porque era una publicación pionera.

Después empecé a dar clases en la Universidad de San Francisco, que es de los jesuitas, pero me he quedado desde hace 8 años en la Universidad del Estado de San Francisco, que es la universidad pública donde me gusta mucho enseñar porque los estudiantes son de escasos recursos que han llegado a estudiar con mucho esfuerzo.

Ya nuestra literatura latina tiene presencia en la de Estados Unidos en inglés, en español y en ‘espanglish’. Es una literatura con un nuevo lenguaje y para mí estar allá en el momento en que está ocurriendo esta transformación revolucionaria en la lengua es importantísimo.

¿Cuántos libros ha publicado en Estados Unidos?

Tengo tres libros publicados allá y uno que me publicaron en Inglaterra. Además me han incluido en muchas antologías, incluso me sacaron en un programa de poetas norteamericanos que se llama “The Language of life”, de la televisión estatal.

¿En qué proyecto está trabajando?

Estoy trabajando en un libro nuevo, por primera vez estoy pensando en un concepto de libro. Charles Reznikoff, de los poetas objetivistas, que escribió un libro que se llama “Testimonio”, una obra que va de norte a sur, de este a oeste, de los Estados Unidos y tiene temas: vida social, religión, relaciones familiares, así que retomando esos temas en cada región nació una inspiración para mí, porque me gustaría escribir algo así en el sentido de que incluya qué somos en Nicaragua en un sentido integral, quiero retratar a Nicaragua en poesía.

También escribí una novela que terminé hace como 4 años y vamos a ver si encuentro alguna editorial, es una experiencia completamente diferente a la poesía y estoy escribiendo otra novela. Escribir es mi vida, publicar es otra tarea, si encuentro quien la publique bien, si no ahí estarán.