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Ritomar Guillén es un joven escritor oriundo de Juigalpa y asegura que por costumbres es del campo.

“Mi origen es humilde y espero no negar ese hombre de campo que reside en mi interior. Por cuestiones de la guerra la mayoría de mi familia se tuvo que trasladar hacia Managua y otros hasta la comunidad Gaspar García Laviana, jurisdicción de Ticuantepe. Eso fue en 1988, aún recuerdo ese invierno. En esa comunidad cursé mi primaria, con un interruptus de tres meses de estudios en Managua. Inicié mis estudios secundarios en Esquipulas, cerca de Santo Domingo, pero luego regresé a Managua. Fueron dos años duros porque no estaba acostumbrado a la urbe: los buses, las pandillas, gente de diversos orígenes como vecinos, estudiar en un colegio evangélico, etc. Por motivos de inadaptación (nunca pude sentirme cómodo con la poca cantidad de compañeros que tenía, y la poca competencia de ellos para disputar ser el mejor alumno) y obtener una mejor educación retorné a Esquipulas a bachillerarme”, comparte.

Asimismo, refiere que en Esquipulas sufrió la aprehensión de lo que se imagina sufrieron Petrarca con Laura y Dante con Beatriz, de unos ojos cegadores que rescata en su poema “Fotografía”.

“Tuve un año sabático antes de ingresar a la UNAN, un ciclo campestre casi de retiro, de búsqueda de mí mismo. Me preparé solo para hacer el examen de admisión y clasifiqué para estudiar Filología y Comunicación. Esa fue una ruta que siguió mi vida a lo que le debo mucho, porque yo no sabía qué iba a ser: estaba indeciso entre ser cronista deportivo, ser un estadígrafo, un matemático… nunca contemplé ser un poeta. Aunque sé que el libro es una consecuencia de lo que se escribe, jamás pensé en publicar una obra. No estaba en mis planes”, confiesa con entera franqueza.

En esta entrevista el autor de “Cuadernos Universitarios”, el poemario que publicó este mes de julio en Matagalpa, nos habla sobre su quehacer literario y aspiraciones poéticas.

¿Cómo despertó tu voz poética?

Yo soy un bardo tardío, porque empecé a interesarme en la literatura cuando tenía unos 14 años de edad. Lo que sí me gustó desde primaria fue la lectura, pero de los periódicos. Era lectura informativa, vinculada a mi esfera de acción e interés: los deportes. Siempre el mundo de los juegos me apasionó. Y tuve que irlo dejando porque me interesaba más salir bien en clases. Entonces fui incorporando la noción, desde cuando estuve en cuarto grado, de que ser excelente estudiante era excluyente de practicar deportes, de que quienes iban a los parques no estudiaban bien; descarté ser deportista y me mantuve en el rango de fanático. Empecé a escribir en un cuaderno algunos textos, que aún conservo, cuando a las adolescentes de mi edad las comencé a ver con ojos soñadores, aunado a que en esa época cayeron en mis manos unas antologías de poesía que estimularon mi apetito lector. Eso fue como en el 2000. Mis textos tenían rimas, algunos con cierta influencia del Siglo de Oro español: Garcilaso, Lope, Quevedo, entre o
tros. Por cuestiones que no sé cómo explicar, no le di seguimiento a la escritura durante unos dos años. Podría ser porque no tuve quién me dirigiera, porque en mi familia nadie es artista, y me atrevería a decir que ni les gusta leer. Soy el extranjero, el gato raro. Mi inclinación poética fue definitiva cuando ingresé a la UNAN-Managua, ahí encontré los maestros que nunca tuve y que aceleraron mi proceso intelectual: los libros. No niego que los talleres que tuve con Christian Santos e Iván Uriarte, mientras estuve en el grupo literario EROS, moldearon ciertos criterios respecto a la poesía, pero los libros han sido la directriz de aprendizaje.

¿En qué momento pasás de investigar la historia del boxeo a escribir versos, o eran labores paralelas?

Creo que el proceso fue a la inversa: inicié escribiendo, leyendo, investigando y consultando la biblioteca antes de interesarme por la historia del boxeo de Nicaragua. Me di cuenta de que no existía una obra sobre el pugilismo nica hasta cuando hice en una pasantía en la revista Nockaut, que era especializada en box. Empecé a indagar para colaborar en un libro conjunto con el director de esa publicación: recopilé datos, hice el récord de más de 100 boxeadores, redacté artículos, ordené lo más que pude las carteleras de boxeo que había habido en el país de 1912 a 1979, etc. Entonces cuando vi que lo que tenía era muy grande, pensé que podía estructurar un libro. Desde primaria me gusta la geografía y la historia, pero nunca consideré que mi primera obra publicada iba a ser sobre historia. La decisión de publicar esa obra de box me trajo problemas, y hasta la pérdida de una “amistad”, porque mucha gente vive equivocada respecto a los derechos intelectuales y te quieren atar… esa es una historia similar a un bu
cle. Mientras estuve investigando nunca abandoné mi poesía o lo que se me apeteciera escribir o leer. Supe compaginar, como lo estoy haciendo ahora.

¿Qué Ritomar se devela en “Cuadernos universitarios”?

Es el de la poesía ingenua, atrevida, retadora en cierto momento. Consciente de su entorno medioambiental y que trata de concientizar a la sociedad sobre ello. Hay un poeta distinto al de “360 grados”, mi primer poemario, porque si bien es cierto algunas temáticas confluyen en ambas obras, “Cuadernos universitarios” tiene más dosis de vivencias personales, de búsqueda de una voz poética, hay un ludismo con la forma, ganas de darle ritmo a la escritura. Lo que recopilo en este libro son mis primeros textos, donde estaba tratando de encontrarme, de alzar una voz.

¿Cuáles son los temas que sirven como columna vertebral a esta obra?

Son dos: medioambiente y amor. Los títulos aportan para deducir los tópicos de cada poema, y a lo mejor los hubiera cifrado con los nombres de las destinatarias para oscurecer o aclarar su contenido. El idilio tiene sus variantes universales: el desamor, el desengaño que nos vende el maquillaje de la mujer moderna, la trampa de las relaciones personales y el interés de los ojos enamoradizos que solo piden apreciar como un almirante a la mujer que se erige frente a él, conforman el universo de la primera sección del poemario. Sobre el medioambiente escribí en la segunda y tercera sección de “Cuadernos universitarios”, abordé la contaminación, la cacería de los animales, la tala de árboles y las consecuencias del cambio climático.

¿Estás trabajando en otro libro?

Estoy retomando un proyecto lírico contemplado hace siete años, el cual es un reto al que había rehuido, no renunciado, porque me exigía visión, vivencias, imaginación en cierta manera, pero sobre todo disciplina. Ya he avanzado en él, aunque he ido aglomerando lecturas, requiere más apego a la ruta lectora estipulada. Espero que la teoría no hermetice el texto, que la paciencia sea una virtud pero no una traba que estimule un atraso en lo proyectado. Ya me fijé un plazo, pero forzaré lo que no esté apto.