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Mi primer oficio es la literatura, dice categóricamente la escritora ecuatoriana Aminta Buenaño, para quien escribir está antes de cualquier otra cosa porque lo empezó a hacer desde muy joven.

Irrumpió en las letras con el poemario “Cantos de amor y juventud”, cuando apenas tenía 17 años. Posteriormente publicó los libros de cuentos “La mansión de los sueños” y  “Mujeres divinas”;  las novelas  “La otra piel” y “Si tú mueres primero”.

“Para mí la literatura es una fuente importante del conocimiento, es la manera en que un escritor puede visibilizar los problemas y puede sensibilizar a la gente. Me parece que es uno de los oficios más nobles y como la literatura refleja la realidad, yo escribo sobre la realidad cotidiana, sobre los temas que me tocan y me conmueven”, comparte.

Buenaño es la embajadora de Ecuador en Nicaragua y admite que su vida ha sido muy sorteada entre la literatura y el activismo social. 

La calidad de sus obras no admite discusión. Ganó el Premio Internacional de cuento Jauja de Valladolid, con su cuento Mama Isaura. 

Aminta Buenaño es comunicadora, durante muchos años fue profesora de comunicación, y llegó a la diplomacia por llamado del expresidente Rafael Correa.

Desde hace tres años ejerce sus labores diplomáticas en nuestro país y durante ese tiempo dio vida a los que llama sus dos hijos nicaragüenses,  los libros “Con (textos) fugaces” y “Darío en el Ecuador de mi memoria”.

El primero es una obra publicada bajo el sello de Hispamer que será presentada este viernes 27 de octubre a las 6:30 de la tarde en el Centro Cultural Pablo Antonio Cuadra.

“Con (textos) fugaces” constituye su primera aproximación al género del microrrelato, experiencia de la cual habla en esta entrevista. 

¿Cómo es la relación que ha logrado establecer entre literatura y diplomacia?

Yo creo que la vida diplomática se hermana muy bien con la literatura, porque es un trabajo de representación, de buscar posicionar al país y dar una imagen cultural y un escritor está muy relacionado con la representación, con el desarrollo cultural y la imagen y la promoción de su país.

Son profesiones que van cerca del arte, que es una pasión, una de las cosas más bellas que tenemos los seres humanos, por eso agradezco el don de la escritura que Dios me ha dado  y que me permite transmitir lo que hago.

¿Qué tal fue la experiencia de escribir microrrelatos?

“Con (textos) fugaces” es un libro que empecé hace tres años como un  desafío, pues tomé el reto de escribir microrrelatos. Escribir novela y cuentos, siendo complejo y difícil, es menos extenuante que escribir microrrelatos, porque este género es precisión, concisión, es crear un universo con pocas palabras.

Augusto Monterroso ha sido uno de los grandes cultores de este género literario, él expresó un mundo en 7 palabras con su microrrelato “El Dinosaurio”.

Considero que es el género de hoy, por ser postmoderno en esta era digital que se adapta mucho a estos tiempos que son como un rayo, como un relámpago, estos tiempos caracterizados por la velocidad, por las redes sociales, por decir todo en pocas palabras, algo que ya Twitter nos enseñó, es apretar una idea hasta llegar a la semilla.

Para mí eso era un desafío, un reto. Empecé a escribirlos en Nicaragua, especialmente los fines de semana. Me daba contra las paredes, hacía una historia y luego debía condensarla. Lo más lindo de los microrrelatos y cuentos breves es que si le gustaron al lector los puede volver a leer.

Logré concluir 154 microrrelatos y cuentos breves. 

¿Hay temáticas sobre Nicaragua en “Con (textos) fugaces”?

Quizás una de las cosas que me inspiró fue ver la problemática de la violencia contra las mujeres, que no se ve solamente en Nicaragua. En mi país también se da y se está legislando y estoy peleando desde la ventana que es mi columna en el diario El Telégrafo para apoyar esa ley, porque yo creo que la violencia contra las mujeres es una pandemia que tenemos que erradicar.

Es increíble que en pleno siglo XXI tengamos un pensamiento medieval, feudal, en el que existe el marido propietario que se cree dueño absoluto de su mujer y de sus hijos, con poderes sobre su vida y sus cuerpos.

Este es un tema que me dolía porque subsiste en América Latina, creo que  es una obligación del escritor de visibilizar los dramas.

Me inspira la naturaleza de Nicaragua, la alegría y sensibilidad de la gente, ese clima emocional que tiene este país de gente amable y solidaria te impulsa, porque te crea un bienestar humano alrededor.

¿A qué se debe la tendencia al erotismo en algunos microrrelatos?

Me interesa el erotismo  en la mujer de la mediana edad. Me interesó explorar el mundo de esas adolescentes apasionadas de 50 o 60 años que procuran exprimirle los últimos jugos a la vida, que se sienten apabulladoramente jóvenes y que viven intensamente el presente, que han madurado tanto que saben cómo vivir.

También escribo sobre la infidelidad, la traición, el miedo a envejecer, el miedo a la muerte. El miedo a envejecer me interesa mucho porque en esta sociedad patriarcal las mujeres, si queremos estar en el  mercado laboral, tenemos que ser siempre jóvenes y eso de estirar la juventud hasta los extremos es un atentado contra los derechos humanos. He explorado también el tema de los derechos de las minorías sexuales.

¿Qué aportes ofrece en la investigación “Darío en el Ecuador de mi memoria”?

Este libro lo publicaré con Caruna el 17 de noviembre y se lo dedico a mi padre. Nació de una invitación que me hicieron para el simposio anual en honor a Darío que organiza Manuela Sacasa.

Darío siempre me ha fascinado porque mi padre era un cultor apasionado de su obra. Mi papá en una pared había escrito en letras verdes el poema “Lo fatal” y había un árbol desgarrador, un ceibo con sus manos desgarradoras, pintado en esa misma pared.

Yo recuerdo que esa era la oración matinal de mi papá y nosotros la repetíamos porque nos encantaba. Al llegar a Nicaragua empecé a investigar la unión, la relación que Darío tuvo con mi país porque tenía contactos y amigos en toda América.

Descubrí que había influido poderosamente en la Generación de los Decapitados, de Ecuador, que es una generación de grandes poetas de los primeros años del siglo XX. Presenté mi ponencia en León y tuvo muchos aplausos y eso me motivó a desarrollarla hasta completar el libro.

Este es mi legado a este país que me ha dado tanto cariño, tanta amistad.