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Todos los días se levanta a las 3:00 a.m. para escribir debido a que en ese momento no suena el teléfono y la ciudad está en silencio, así que aprovecha para convertirse en “un alma perdida de la literatura”. A partir de las 8:00 a.m. Celso Román se convierte en educador ambiental. 

Nacido un seis de noviembre de 1947 en Bogotá, el reconocido cuentista dio sus primeros pasos en el arte a los cuatro años, cuando dibujó un pollito en la pared de su casa. Por suerte, cuenta,  su mamá era profesora y no lo regañó. “Me dijo que el pollito estaba muy bonito, pero que debía dibujarlo en un cuaderno. Luego que había que limpiar la pared porque ésta lloraba por estar sucia e iba a parecer que tenía humedad”, recuerda.

El autor de “El pirático barco fantástico”, “El hombre que soñaba”,  “De ballenas y de mares”, entre otros, está en el país para participar en el octavo taller de cuentos para niños y jóvenes nicaragüenses que promueve la embajada de Colombia en Nicaragua  y la Agencia de Cooperación Española, y que se desarrollará durante tres días con más de 20 niños en el Instituto Nicaragüense de Cultura Hispánica (INCH). 

Román ha sido ganador del premio Latinoamericano de Literatura Infantil y Juvenil Norma-Fundalectura 1998 con la obra “El imperio de las cinco lunas”. La Asociación Colombiana para la Literatura Infantil le otorgó un premio por su libro “Las cosas de la casa” (1988). Ganó en ciudad de México el premio Netzahualcoyotl de literatura latinoamericana para niños (1982); tiene el primer premio en el concurso nacional Enka de literatura infantil (1979) con “Los amigos del hombre”. Además de escribir, Román trabaja para una fundación que se denomina Taller de la Tierra, un programa de educación ambiental, entre otros.

Este año el taller de creación literaria aborda el tema de los valores en la sociedad. 

El taller quiere acercar a los niños a lo que llamo el poder de la palabra, que sean conscientes que con la palabra podemos construir realidades mentales y es algo que podemos desarrollar todos los seres humanos que tenemos esa capacidad de vivir el mundo y expresarlo a través de la palabra. 

A los cuatro años descubrió sus habilidades artísticas, pero decidió primero estudiar veterinaria. 

Desde muy pequeño tuve un acercamiento con la poesía porque mi mamá era  profesora y ella siempre tenía libros en la casa. Me cuentan que cuando ella estaba embarazada  —somos nueve hermanos— siempre leía poesía  y eso ayudó a que todos fuéramos muy sensibles, a mí me correspondieron las artes.  

Los animales me gustan mucho porque desde la infancia pudimos disfrutar  la naturaleza en una finca que tenía mi padre, que ahora estará dedicada  a la educación ambiental para que los jóvenes estudiantes vayan a conocer los árboles, conocer los animales, porque eso cada vez es más escaso en nuestra cultura, somos prácticamente personas urbanas todos los habitantes de este planeta. 

El amor por los animales hizo que estudiara veterinaria, pero también me gustaba dibujarlos y hacerlos en arcilla,  y por eso estudié escultura. Sin embargo, la línea conectora era la literatura, la invención de cuentos, la trasformación de las realidades a través de la palabra y el disfrute de la lectura. 

¿Por qué escribirle a los niños?

Mientras fui estudiante de bellas artes tuve un trabajo los fines de semana, en un centro de creatividad infantil, y en ese acercamiento podía ver cómo los niños le ponen magia y fantasía a todas las cosas. El problema es que a medida que uno crece, como dice el psicólogo británico Ken Robinson, va perdiendo la creatividad, entonces hay algo que está fallando en este sistema educativo, yo diría que a nivel global. 

¿Cuál es la figura clave para inculcar a los niños el amor por las letras?

Es necesario que en el proceso de crecimiento, los niños estén siempre cercanos a la fantasía y, esa aproximación a la fantasía, la encuentras si los docentes son también personas sensibles que los acercan a la literatura, al arte y que les permite el redescubrimiento del entorno a través de la palabra y con la consciencia de los sentidos. Tú le dices a los niños que dibujen un animal  y te dibujan un elefante, que no tiene nada que ver con América Latina, porque hay un desconocimiento de nuestra fauna y flora. La educación tiene un papel fundamental en que los niños recuperen los sentidos, la percepción del mundo y  de expresarlo a través de la palabra y el dibujo. 

¿Es más difícil escribir para los niños?

Escribir para todos es difícil,  lo que pasa es que con los niños tienes la oportunidad de desarrollar el campo de la imaginación porque un adulto va perdiendo la capacidad  de soñar, lo que se llama la capacidad de extrañamiento del mundo, de verlo por primera vez, entonces por eso insisto que hagan como don Gonzalo Fernández de Oviedo, que empezó a escribir sobre los animales que veía porque para ellos todo era nuevo. 

¿Qué debemos hacer para promover el hábito de la lectura?

El hábito de la lectura empieza desde la casa y escuela. Si nosotros buscamos que los profesores logren que los padres de familia también se les inculque lectura para que en la casa después de la cena, en vez de estar pegados al televisor o al radio oyendo malas noticias, logramos que la lectura, la fantasía, los cuentos, las leyendas vuelvan a la casa como algo tan natural, seguramente esos niños se van a formar con más sensibilidad y permitirá en un futuro generar un sentido crítico acerca de su realidad y ser consciente de lo importante que es conservar el entorno que está en tanto peligro hoy en día. 

¿La tecnología aporta a este objetivo? 

La tecnología es una herramienta importantísima, el problema  es el uso que le estamos dando, pues los niños se hipnotizan con el juego, claro que desarrollan algunas capacidades pero pierden la capacidad de dialogar con nosotros y jugar en grupos, como lo hacíamos nosotros. Hoy, los niños están cada vez más aislados y eso hay que eliminarlo con el ejercicio del arte. 

¿Cómo ayuda la lectura a formar una mejor sociedad?

Ayuda porque en el futuro será un ciudadano consciente y con valores. A través de la lectura y literatura podemos construir uno nuevo dentro en la mente de los niños para que en el futuro sean adultos sensibles, que no maltraten a sus niños o parejas, y cuidadores del medioambiente. A través de la lectura se están formando en valores y desarrolla la capacidad de compartir porque somos una sociedad egoísta. 

¿En Colombia se trabaja en la promoción de la lectura?

Hace muchísima falta, pero creo que en América Latina estamos iguales. En este momento el gobierno nacional tiene toda una campaña para aumentar los indicadores de lectura, pero ha sido muy difícil por cuestiones de voluntad, pues hay profesores que no quieren cambiar, pero poco a poco vamos tratando de conseguir ese acercamiento a la lectura y que cada niño lea dos o tres libros  al año. 

¿Cuál es el mensaje que deja en sus libros? 

Que debemos respetar la vida, a los demás, ser solidarios, trabajar en equipo y  que tengamos esa consciencia que el mundo siempre puede ser mejor. Actualmente hay pesimismo y hablan de guerra nuclear, que la contaminación es inatajable, que  el calentamiento global y cambio climático en 10 años nos tendrán postrados, pero mientras exista un niño con una sonrisa existe la esperanza que el mundo sea mejor, y esa sonrisa se ayuda a construir con la lectura  y el arte. 

Publicarán cuentos en un libro

El embajador de Colombia en Nicaragua, Carlos Salgar, anunció que al finalizar el taller, los cuentos que realicen los niños participantes quedarán publicados en un libro. 

“La finalidad de este taller desde hace ocho años es para contribuir con la niñez nicaragüense y el mejoramiento de las relaciones. Que les ayuda en el proceso de contar y escribir cuentos, siempre dirigido en el marco de una temática especial, este año son los valores de la sociedad”, detalló. 

Para esta edición los niños utilizarán su capacidad creativa. El escritor colombiano Celso Román estará en el proceso acompañando a estos niños para que escriban sus propias historias. 

“Ellos van a trabajar un cuento individual. Celso les ayudará a escribirlo y decirles  cómo lo pueden ilustrar, luego se hará una especie de concurso y se premiarán. Sin embargo, el premio mayor es que todos terminen publicados en un libro, ya tenemos siete, que los distribuimos en bibliotecas y se le entrega a cada uno tres ejemplares para que tengan un recuerdo de su primera creación literaria”, mencionó Salgar. 

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