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Una chinandegana nacida en el pueblo de Chichigalpa, el 8 de diciembre de 1893, merece ser recordada por sus méritos políticos y literarios. Fueron sus padres el abogado Román Zapata, fundador en 1887 del primer periódico chichigalpino: El Agricultor; y su madre la francesa María Luisa Malliè, hija de Louis Malliè, emigrante galo radicado en León.

Fallido atentado contra Knox

En la ciudad de Chinandega debió formarse, pues allí llegaría a editar —muy joven— La Voz del Pueblo: un periódico que elaborado en su propia imprenta, distribuía gratuitamente. Afiliada al partido liberal, fustigaba a los gobiernos conservadores y a la intervención norteamericana. El 6 de marzo de 1912 —cuando tenía 19 años— entregó personalmente en Chinandega al Secretario de Estado, Philander Chase Knox, un documento de protesta impreso en español e inglés, por su visita a Nicaragua. Incluso se involucró en la colocación de una mina de dinamita, entre las estaciones del ferrocarril de León y La Ceiba, para hacer estallar el convoy en que viajaba Knox. La explosión se dio una hora antes que pasara dicho convoy. 

Un artículo de 1915

Parece ser que su colaboración periodística más temprana corresponde al artículo “José Madriz” (La Patria, León, tomo VIII, enero de 1915, pp. 177-178), redactado en mayo de 1912. Para Zapata, aquel “no fue un alma trágica a lo Edgar Poe, ni a lo Atridas; fue un alma heroica…; la heroicidad consistía en la fe para el sufrimiento y para el Ideal”. Tal vez la heredera de sus genes, María Augusta Montealegre Denueda, localice otro de datación anterior.

Una novela irrescatable

María Cristina fue autora de la primera novela escrita y publicada por una mujer en Nicaragua. Pero aún permanece desconocida, y no creo que sea rescatable. A mí me mostró un ejemplar su yerno José Santos Rivera Siles (1922-1996): estaba tan deteriorado que no fue posible incorporar sus datos a la Nicaraguan National Bibliography (1986). De formato pequeño y escaso número de páginas, se refirieron a este curioso impreso Jerónimo Aguilar Cortés y Desiré Pector, ambos en 1925; el primero en Apuntes para una antología (León, Tipografía Los Hechos, p. 18) y el segundo en Régions isthmiques de l’Amérique tropicale (París, Societé d’Editions, p. 185). De manera que, hasta ahora, el primer aporte novelístico conocido de una nicaragüense le corresponde a Los Piratas (Managua, Tipografía Pérez, 1935) de la dama segoviana Carmen Mantilla de Talavera (1884-1937).

Efluvios líricos “En su álbum”

Para entonces, Zapata era una connotada figura intelectual. La prosa ágil y combativa, más el verso fluido, la distinguían. En León, Lino Argüello había estampado tres estrofas en su álbum de señorita, antes de contraer matrimonio con el caballero chinandegano Augusto César Montealegre Salvatierra. En ellas retrataba a María Cristina: “Poetisa: me gusta que dedos liliales / que besan la seda, la rosa, el marfil, / escriba los bellos asuntos triviales / en pétalos nuevos y hojas de Abril”, considerándola además “moderna” y “hermana”.

El irreductible Moncada

En 1928 tuvo destacada participación en la campaña electoral de ese año que llevaría a la Presidencia de la República al general José María Moncada. También escribió los siguientes versos pareados al pie de su retrato, el cual ornaba la sala —informó el diario La Noticia— de la señora Zapata de Montealegre, dentro de un original marco en forma de herradura. Dice así: “En una herradura dorada / tengo el irreductible Moncada. / Amuleto contra el mal, / la emboscada y el puñal. / Contra todo lo venal, / y contra el fraude electoral. / Es como una armadura, / fuerte, contra toda la desventura. / Símbolo de buena suerte, / escudo también contra la muerte. / Tal es mi herradura dorada / que escuda al invicto Moncada.”

Una carta de Sandino

El 17 de junio de 1933 escribió al general Augusto César Sandino, quien le contestó el 10 de julio: “Estoy debidamente impuesto de los importantes términos de su carta y, como le repito, en otra ocasión más tranquila seré con usted más amplio”. María Cristina era funcionaria del Tribunal de Cuentas y Sandino organizaba su cooperativa de Wiwilí con el apoyo del presidente liberal Juan B. Sacasa. Ella le propuso tomar a Blanca Arauz, recién fallecida, “como bandera de beligerancia y paz en los asuntos que atañen a la emancipación y honor de la mujer nicaragüense”. Sandino añadió: “Felicito a usted y a todas las mujeres que corren paralelamente, con el mismo impulso, de las mujeres de otros países civilizados”. Y concluía: “de este su hermano en ideales patrios reciba el cariñoso apretón de manos con que siempre la he distinguido”.

En pro de los derechos de la mujer

Zapata, representante en Nicaragua del Comité Interamericano de Mujeres, mantuvo correspondencia epistolar con señeras figuras —entre ellas Gabriela Mistral— y envió a congresos y seminarios trabajos en pro de los derechos de la mujer. De hecho, como lo asegura José Santos Rivera Siles, fue con su Josefa Toledo de Aguerri y Angélica Balladares de Argüello una de las primeras de su sexo en abogar entre nosotros “por el voto femenino, por la educación obrera y campesina y por una legislación que protegiera a la mujer en todos sus derechos. En esta labor llegó hasta fundar una escuela obrera gratuita, en la que enseñaba —además de las materias comunes— cocina, costura y economía doméstica”.

“Patricia del liberalismo”

También en sus últimos años, cuando fue condecorada “Patricia del liberalismo” por el mandatario Luis A. Somoza Debayle, contribuyó a la formación de muchos jóvenes de escasos recursos, a quienes ayudaba personalmente o les conseguía becas. En fin, resulta necesario elaborar su biografía y, sobre todo, rescatar sus escritos. De los que dio a luz, se conservan una conferencia de 17 páginas sobre cuidado e higiene del niño (1939), la semblanza panegírica sobre Santiago Argüello (1941) y el poema “A. Lilliam I, Reina del Ejército” (1942). 

Defunción y descendientes

María Cristina Zapata murió en Managua con asistencia médica, de arteriosclerosis en el barrio Bolonia, a las 8:30 de la mañana del 6 de marzo de 1970. Había testado ante los oficios notariales del doctor Pedro Navarrete y sus hijos fueron cuatro: Augusta Patria, Sergio Mario, Noel Salvador e Ilú, todos Montealegre Zapata.
 

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