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La praxis

Cierto día de mi vida terrenal

cuando el sol espléndido recalentaba

por el asfalto las calles en Managua

quise conocer al camarada Bravo.

Sus artículos muy bien escritos 

me habían gratamente impresionado

al hablar él de la utopía socialista 

y su fraternal ideología humanista

bañada con frases revolucionarias

apuntalando siempre la solidaridad que amaba 

con su modus vivendi la praxis

en territorio nicaragüense.


Era uno de esos hombres tan raros

que luchan toda su vida, como dijo Brecht

que batallan sin descanso 

por el terco sueño de un mundo socialista

y siempre dispuesto

a tender sus manos a sus semejantes 

cuando de salvar al hombre se trata.

Y termino este poema luctuoso 

para el camarada Francisco Bravo Lacayo

con unos versos de William Shakespeare:

“duerme, duerme, que así podrás soñar”.

Balada del hombre crucificado

Dedicado al fraterno amigo Ricardo Trejos Maldonado.

La noche era muy bella

Y la Luna parecía que sonreía sola.

Aquel hombre sería fusilado

en la mañana por otros seres llamados hombres.

Aquel hombre era un rebelde

ante la vida sin justicia por los caminos.

Aquel hombre lloraba seriamente

igual que el héroe al final de la batalla.

El recuerdo de unas luchas cotidianas 

corrió hacia su pecho atormentado.

Algunas marchas populares

se oían con recuerdos breves y lejanos 

y una leve imagen de la primavera

se ocultó con el silencio y el rumor del viento.

La figura de una madre 

surgió de su pasado besando sus cabellos

y vio una playa cubierta de canoas bajo el sol enrojecido.

Por las mismas calles protestando

oyó los gritos de su pueblo proletario acorralado

y pensó en el trabajo esclavizado

en las grandes fábricas modernas e higienizadas.


Un frío tenebroso empezó a meterse suavemente

en su celda solitaria y escondida.

Aquel hombre era un extraño en los pueblos 

para otros hombres llamados ya antiguos.

Aquel hombre sentía miedo

por la soledad impuesta sobre el mundo.

Aquel hombre se quedó dormido 

al pie de las paredes cubiertas de recuerdos.


Aquel hombre salió tranquilo de la celda

y le preguntaron cuál era su último deseo.

Aquel hombre pensó un momento mirando al cielo

en todos los desamparados del mundo.

Aquel hombre respondió sin bajar sus ojos:

“deseo ver felices a mis hermanos los hombres”.

La mañana era muy triste

y el sol parecía que lloraba solo.

Utopía

 In memoriam a Mario Fulvio Espinoza

Una oscura meditación 

te advierte de la inverosímil  amenaza

que imperceptiblemente avanza destrozando

la creatividad de los hombres críticos.

Amenaza a los transeúntes por las calles

amenaza el cambio de la historia

amenaza a la ciudad que trabaja día y noche

amenaza a los verdaderos héroes de nuestro tiempo 

la clase trabajadora

y te persigue por tierras hermanas

del cacique Lempira.

Mientras tanto,

en la incoherencia tranquila de las horas

la mala amenaza se acerca

ella no busca los botines de oro y plata

ella sí busca la destrucción de la utopía.

Pero el poeta y profesor

El visionario de la prensa libre

Sin un minuto que perder

Salta por la ventana de su casa 

y lo que queda de él se echa a correr

acompañado solo por el silencio de la noche

por las calles de Managua que duerme.

¡La oscura meditación ha salvado la utopía

del camarada Mario Fulvio Espinoza! 

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