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Dentro del espectro poético de Darío está la mujer como ser amado y también como causa de muerte. Esto lo leemos en muchos versos, como por boca del centauro Hipea en el célebre poema “Coloquio de los centauros”,  que en 2 estrofas alude al poder maléfico de la mujer: 

Yo sé de la hembra humana la original infamia / Venus anima artera sus máquinas fatales; / tras los radiantes ojos ríen traidores males / de su floral perfume exhala sutil daño: / su cráneo oscuro alberga bestialidad y engaño. /… mas la ponzoña ingénita  su máscara pregona / mejores son la yegua, el águila, la yegua y la leona/… y entre sus duros pechos, lirios del Aqueronte,  / hay un olor que llena la barca de Caronte. 

Al mencionar al barquero Caronte, ella es símbolo letal. Más adelante en un diálogo con Odites, Hipea, reafirma la sentencia a que están condenados los mortales:

 Ella la causa fuera de inerrable espanto: / por ella el ixionida dobló su brazo fuerte / La hembra humana es hermana del Dolor y la Muerte.   (274.275). 

Todos anteriores epítetos se contraponen al elogio que de la mujer realiza nuestro bardo en el  bellísimo poema “El poeta pregunta por Stella” en el cual pondera el amor de la mujer como esposa y madre que  dedica al fallecimiento de su amada esposa Rafaela Contreras. Poema que leeremos más adelante. Reafirmando la concepción que de la mujer tan negativa, sin duda alguna en las estrofas anteriores, las palabras del yo poético nos recuerda la maldición eterna que hemos heredado desde la caída del hombre. Nuestra madre Eva suele estar omnipresente en muchos escritores al igual que Helena de Troya, y Venus, la preferida por el poeta desde sus primeros poemas. En consecuencia, las protagonistas, ya sean históricas o creaciones literarias se articulan por la maldad, el infierno mismo. Dice el poeta: 

¡Belleza! ¡Las mujeres! ¡Oh magníficos seres/ que no son otra cosa / que un rebaño de lindos luciferes.  (Epístolas y poemas 125).

Uno de estos lindos luciferes es Cleopatra que atrae la lujuria de un esclavo liberto Rufo Galo, quien hace olvidar a Marco Antonio, el yo lírico nos dice: 

Y crujió su espinazo por mi brazo; / y, yo, liberto, hice olvidar a Antonio (¡0h el lecho, la mirada y la blancura!) / Eso fue todo… ¿Por qué en aquel espasmo las tenazas / de mis dedos de bronce no apretaron el cuello de la blanca reina en brama? Eso fue todo (“Metempsicosis”. El canto errante 397).
 Irresistible y débil ante la belleza de la reina, el esclavo olvida su condición y es seducido por Cleopatra. Asimismo, en el poema X de Cantos de vida y esperanza.  Leemos: 

Amor y dolor. Halagos y enojos / Herodías ríe en los labios rojos. / Dos verdugos hay que están en los ojos. He aquí a Herodías bíblica quien satisface su rabia pidiendo la cabeza del Bautista, hecho sanguinario que hace exclamar al  hablante lírico: Líbranos Señor, de Abril y la flor / y del cielo azul, y del ruiseñor, / de amor y dolor,  líbranos, Señor. 

“En balada de las musas de carne y hueso” agrega esta otra estrofa siempre aludiendo a la mujer como fuente de admiración y desde luego de inspiración: 

Da al cuerpo llama y fortifica el seso / ese archivado y vital paraíso: / pasad de largo, Abelardo y Narciso. / ¡La mejor musa es la de carne y hueso! (El canto errante 447). Y en el poema “Alaba los negros ojos de Julia”, el poeta se expresa así: Los ojos de las reinas / fabulosas / de las reinas magníficas y fuertes; tenían las pupilas tenebrosas / que dan los amores y las muertes  (261). 

Adicionalmente, es muy conocido el poema “Divagación” en el cual alaba, deslumbrado y fascinado, la belleza de las mujeres de todas las razas y continentes: alemanas, chinas, africanas, entre otras. Asimismo, en el primer poema de Cantos de vida y esperanza, Los cisnes y otros poemas, a manera de confesión nos dice: 

¡Y las demás! en tantos climas/ en tantas tierras siempre son/ si no pretexto de mis rimas / fantasmas de mi corazón. Y de nuestra carne ligera / imaginar siempre un Edén, / sin pensar que  la primavera / y la carne acaban también (356). 

Con inmensa pesadumbre, el yo lírico está consciente del inevitable paso del tiempo. En estas estrofas vuelve a mencionar la maravilla de un Edén terrenal que las escritoras rechazan, re-escriben, refutan, reformulan y decontruyen  las imágenes perpetuadas a través de las épocas. En la Santa Biblia se culpa la caída del hombre a nuestra madre Eva y se preguntan: ¿Por qué en las sagradas escrituras no se condena a Adán  también?; La tentación de conocer el misterio del Bien y del Mal, incita al ángel que le calza sandalias  a sus pies, expulsa a Eva y le murmura algo en el oído. Vale la pena traer a cuento este poema que lo considero magnífico:
 

De la mano me llevó a las puertas /  del paraíso y al final, de manera sorpresiva / y con un brillo de fuego en la mirada / se me acercó al oído / y me preguntó / casi me suplicó /  que le dijera qué sabor tenía la manzana. (Ana Ilce Gómez. Poemas de lo humano cotidiano en Escritoras ejerciendo la palabra de Nydia Palacios, 81).  
Pero volviendo al panida, nos llama la atención las probables experiencias vitales que menciona en “Canción de otoño en primavera” que para el inglés Sir M. Bowra en la Universidad de Oxford asevera en un Simposio, que es el mejor poema de Darío. Para nosotros es esencial en este poema su extraordinario final: 

En vano busqué a la princesa 
 
que estaba cansada de esperar . 

La vida y dura amarga y pesa,

 ya no hay princesa que cantar…

La madurez y  la vida consciente de Rubén le provoca un hondo pesimismo del hombre que repasa su vida y se encuentra solo con las miserias y dolores, entonces exclama: 

Se triunfa del dolor y de la muerte … Y  hacia Belén la caravana pasa que interpretamos como un verso que muestra el verdadero Darío, el creyente, ungido por el amor a la divinidad, a la inocencia, además,  también notamos su mirada hacia el Oriente que según el diccionario de símbolos es señal de lo místico. 

Por otra parte, Rubén confiesa que él pudo haber sido feliz, si no se hubiera opuesto su funesto destino, sobre todo la falta de un hogar, que se disolvió en el mismo momento en que murió la esposa amada, Rafaelita Contreras, el amor de su vida,  a quien con un emotivo verso, la llama Azucena tronchada por un fatal destino recuerda y dedica en su honor aquel bellísimo poema “El poeta pregunta por Stella” que leemos a continuación: 

Lirio divino, lirio de las Anunciaciones, 

 lirio, florido príncipe, 

hermano perfumado de las estrellas castas,   joya de los abriles…

Las místicas estrofas de cánticos celestes 

 y el sagrado empíreo la mano de las vírgenes… 

en tus venas no corre la sangre de las rosas pecadoras, 

sino el ícor excelso de las flores insignes.

 Lirio real y lírico 

 que naces con la albura de las hostias sublimes, 

de las cándidas perlas 

 y del lino sin mácula de los sobrepellices: 

 ¿Has visto acaso el vuelo del alma de mi Stella, 

 la hermana  de Ligeia, por quien mi canto a veces están triste? (Prosas profanas 781).

Todas los epítetos de este poema al igual que el pronombre posesivo “mi Stella”, nos indican que consagrado al recuerdo de su esposa son símbolos de pureza: azucena, blancura, castidad, sagrado, lirio, estrellas castas, místicas, celestes, sagrado, albura, hostias, cándidas, sin mancha, versos tan delicados para un ser angélico, etéreo, espiritual como su inmenso dolor ante la irreparable pérdida de la que el poeta nunca se recuperará. A su fallecimiento, recuerda con intenso dolor y tristeza de esta manera: Pasé ocho días  sin saber nada de mí, pues en tal emergencia, recurrí a los abrumadores nepentes de las bebidas alcohólicas. (Historia de mis libros, edición de Fidel Coloma González, 1988, 123). El poema anterior solo es comparable con el poema “Gratia plena” del gran amigo de Rubén, Amado Nervo donde a su amada inmóvil le adjudica la gracia de la Vírgen María. 

Por otra parte, consideramos que la belleza de todas las mujeres, nuestro poeta la ha tomado de las profusas lecturas y que estos intertextos del imaginario femenino,  obedecen a que solo la mujer es capaz de inspirar a la poesía del demiurgo, pues su creación literaria, en este caso la poesía,  es un don divino. También creemos que nuestro insigne poeta que vivió  como un  ser dual lo que está demostrado con su poema “El reino interior” donde el alma se asoma  a la ventana y ve el desfile de vírgenes, las virtudes y de los mancebos que representan las pasiones y nos dice: Princesas cubridme con sus preciosos velos, príncipes, abrazadme con vuestros brazos rojos. Esta dualidad, el gran Pablo Antonio Cuadra con su magistral ensayo sobre Rubén Darío en su invaluable libro El nicaragüense, libro clásico que hay que leer siempre, afirma: 

En “Palabras de la Satiresa” insiste el poeta en fusionar su dualidad erótica integrándola a la dualidad cósmica”… Dual es la concepción de la mujer- pasividad y actividad, salvación y perdición-Stella, la virginal y la Sirena el monstruo (23-24). 

Finalmente,  y retomando un verso de Darío “Plural ha sido la celeste / historia de mi corazón, afirmamos que el acto poético es como un sacramento, revestido de solemnidad. lo que se transparenta en el discurso poético del hijo más ilustre de nuestro país, nuestro héroe cívico el gran libertador, “Nuestro Bolívar literario “(Jorge Eduardo Arellano). Hemos realizado un recorrido de los diversos poetas que de  en diferentes épocas dedicaron sus creaciones a sus amadas reales o no como el inmortal Petrarca y su Laura, los célebres cancioneros del siglo XII con el discurso del amor cortés, el gran poeta Garcilaso de la Vega, y su más dura que el mármol,  Galatea, la amada ideal del Caballero de la Triste Figura, la siempre inalcanzable Dulcinea del Toboso, el delicado y siempre triste, el español Gustavo Adolfo Bécquer, hasta llegar al modernismo con el más excelso de todos nuestros ilustre poetas, Rubén Darío. Creemos que el verdadero Rubén, sin máscaras, el hombre sensible, sincero, sin rencores, el hombre noble, como poeta, en su creación literaria, la imagen de  la mujer, responde a lo que se ha venido en llamar “el eterno femenino”, extensivo a todos los poetas.  En su visión de la mujer en sus obras, prevaleció la diosa del amor y belleza, Venus,  pero en la vida real, la imagen de Rafaela, la esposa amada, fue su musa dilecta quien a su muerte lo convertirá en un ser triste hasta la muerte. (Enero 2018).