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La frase “Voy y vuelvo” sobre el féretro y la música de su hermana Violeta Parra protagonizaron ayer el adiós multitudinario al “antipoeta” Nicanor Parra en la Catedral de Santiago.

El escritor, ganador del premio Cervantes en 2011, falleció el martes a los 103 años en su casa del barrio capitalino de La Reina. Su muerte conmovió al país, que decretó dos días de duelo y abrió la catedral, reservada a los grandes eventos, para su despedida.

Como su obra, su muerte rompió los esquemas. La majestuosidad de la Catedral de Santiago, con sus vitrales y figuras religiosas, se inundó de sonidos y bailes populares relegando a segundo plano los formalismos representados en la presencia de la presidenta Michelle Bachelet y de su sustituto a partir de marzo, Sebastián Piñera.

Despedimos “al último de los Parra, el último de la generación de los hermanos de la Violeta, el hermano mayor, el más potente”, señaló Tita Parra, nieta de Violeta.

Tita, digna representante de la familia más artística de Chile, despidió a Nicanor tocando los acordes y cantando las letras creadas décadas atrás por su legendaria abuela. Los aplausos al son de la música encendieron a quienes acudieron a la ceremonia íntima que antecedió a la entrada de miles de personas.

Una pareja bailando Cueca, un baile típico chileno, y gritos de apoyo al poeta completaron la peculiar escena a los pies del altar. Afuera de la catedral ubicada en la popular Plaza de Armas de Santiago, cientos de personas de todas las edades, algunas con libros y flores en sus manos, hicieron fila para ingresar al templo a despedir al poeta.

“Es el reconocimiento de Chile hacia él, a su persona, a su familia, al legado que dejó en las aulas, en la vida cotidiana y en la gente sencilla”, comentó Leonardo Berríos, un técnico social de 45 años que, con libro en mano, despidió al escritor.

Nicanor Parra “bajó la poesía del cielo, rompió con las vanguardias y creó un sistema literario nuevo”, comentó Naín Nómez, académico de la Universidad de Santiago, al conocer la muerte del escritor.

Y es que Parra hizo historia en la poesía del siglo XX con un estilo rupturista que llevó a repetir sus versos a sectores populares. En la academia, rompió los esquemas con su antipoesía, género con el que instauró en las letras un lenguaje caracterizado por el léxico simple, la ironía y los temas cotidianos.

Las parodias y sarcasmos que utiliza son elementos que le dan a su poesía un lugar privilegiado, único”, aseguró el académico. Parra “rompe con la sacralización de la poesía, es decir, de la poesía como algo sagrado”.

“Gracias a la vida” 

“Ni muy listo ni tonto de remate / Fui lo que fui: una mezcla / De vinagre y aceite de comer / ¡Un embutido de ángel y bestia!”, escribió el autor en su “Epitafio”, un poema escrito en 1969 y leído el miércoles frente al féretro.

Físico, matemático y docente, el poeta dejó una obra en la que sobresalen “Poemas y antipoemas”, su segundo libro publicado en 1954, “Antipoemas” (1960), Manifiesto (1963), “Poesía política” (1983) y “Páginas en blanco” (2001).