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Claribel Alegría quería “entrar a la muerte” sin miedo, desprenderse y “nacer de nuevo intacta”, como habría escrito en uno de sus poemas. Ayer a las 8.30 de la mañana la poetisa nicaragüense nacida en 1924 falleció en su residencia en Managua, posiblemente vuelta a nacer tras ser reconocida hace poco más de dos meses con el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana.

El sábado a las 10 de la mañana se realizarán las obras fúnebres de Alegría en el cementerio de Santo Domingo, en donde descansará al lado de su esposo Darwin J. Flakoll, quien falleció en 1995 en Managua.

La poetisa, quien nació en Estelí hace 93 años, era un “referente importantísimo e indiscutible” para las escritoras nicaragüenses y latinoamericanas, según Martha Cecilia Ruiz, vocal de la Junta Directiva de la Asociación Nicaragüense de Escritoras (Anide), de la cual Alegría era presidenta honoraria.

El primer libro de poesía de la premio Reina Sofía fue “Anillo de silencio”, publicado en 1948. Desde entonces había publicado más de veinte libros de poesía y una decena de novelas. Su obra más reciente “Amor sin fin” fue publicada por una editorial de Madrid el año pasado.

“Ella tenía un encanto mágico y una personalidad poética, esa sonrisa roja, esa manera tan bella de contar las anécdotas”, añadió Ruiz.

Francisco de Asís Fernández, presidente del Festival Internacional de Poesía (FIPG) de Granada, aseguró que “América Latina pierde a una extraordinaria poetisa”, destacando que Alegría, aunque tenía nacionalidad nicaragüense y salvadoreña, tenía como patria la poesía. 

Fernández recordó que el FIPG fue dedicado a Alegría en su edición de 2011, por lo que en el “Parque de la poesía” hay actualmente una escultura de la poetisa. 

Alegría fue parte de la llamada “Generación Comprometida”, que surgió a mediados del siglo pasado en El Salvador, donde vivió su infancia. Estudió Filosofía y Letras en Estados Unidos en los años cuarenta, y en ese país contrajo matrimonio con el estadounidense Darwin J.Flakoll, con quien vivió en Nicaragua desde el triunfo de la revolución sandinista en 1979.

José Adiak Montoya, un escritor joven, manifestó sobre el alma de la poetisa Alegría: “era una de las jóvenes que yo he conocido. Cada que uno hablaba con ella, uno salía rejuvenecido de una plática con Claribel”. El escritor comentó que para los jóvenes, la poetisa “siempre fue una maestra con alma de luz que estaba completamente abierta a nosotros y siempre nos sentimos respaldados y acuerpados por sus alas hermosas”. 

En tanto, Jesús de Santiago, director del centro cultural Pablo Antonio Cuadra (PAC) recordó que la poesía de Alegría “mueve todas las fibras de cada uno de los corazones” por su calidad literaria. Aunque resaltó que la poesía de la discípula de Juan Ramón Jiménez “no se ha estudiado lo suficiente para darle el valor que tiene”. 

Consultada por El Nuevo Diario tras confirmarse que había recibido el Premio Reina Sofía, Claribel Alegría aseveró: “la poesía es mi pasión, y es así como yo me comunico, tanto conmigo misma como con mis seres queridos”.