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Rosario Aguilar (Nicaragua, 1938) es pionera en la exploración de temas tabú soslayados en la narrativa latinoamericana. Sus obras, unánimemente alabadas por los críticos más agudos de su país —Carlos Alemán Ocampo, Francisco Arellano Oviedo, Jorge Eduardo Arellano, Nydia Palacios Vivas,  Isolda Rodríguez Rosales, Nicasio Urbina, Julio Valle-Castillo—, sufren el mal endémico a la literatura centroamericana: reducida distribución dentro de las fronteras nacionales y casi nula fuera de ellas. 

Alguna resonancia ha tenido su narrativa en el país vecino de Costa Rica entre críticos como Seidy Araya, Jorge Chen Sham e Isabel Gamboa, y en las academias europea y estadounidense, en parte gracias a los loables esfuerzos de Jorge Román-Lagunas, organizador del Congreso Internacional de Literatura Centroamericana (Cilca), respaldado por la Universidad Purdue Northwest, que celebrará en 2018 su 25ª reunión.

La primera novela de Rosario Aguilar, Primavera sonámbula (1964), que ella publicó a la edad de 26 años, cosechó elogios del decano de las letras nicaragüenses, Pablo Antonio Cuadra, por lo novedoso del tema y del acercamiento, y mereció un prólogo del escritor Sergio Ramírez, quien luego tendría una larga trayectoria en la vida cultural y política de Nicaragua. 

No es la primera obra literaria en presentar la trama de una mujer recluida en un sanatorio para enfermos mentales —pensemos en The Yellow Wallpaper (1913) de Charlotte Perkins Gilman (EE. UU.), por ejemplo, o en las novelas victorianas citadas por Sandra Gilbert y Susan Gubar en Madwoman in the Attic (1979). Pero el punto de vista de Primavera sonámbula es diferente, interior a la joven protagonista que acepta su reclusión y narra sus dudas, miedos e intentos por parecer y ser “normal”. A diferencia de los textos de voz narrativa “doble”, con un subtexto que esconde niveles de significado socialmente menos aceptables, los argumentos de Rosario Aguilar ponen en primer plano los temas prohibidos y exploran las consecuencias para los protagonistas, especialmente para las mujeres. 

Como una de las primeras voces femeninas en la narrativa nicaragüense, Rosario Aguilar destruye los límites estereotipados impuestos a las mujeres protagónicas al humanizarlas con singularidades inauditas que explican su lucha, generalmente racional y ordenada, contra las circunstancias que viven: el legado pernicioso de abuso sexual transmitido de madre a hija y el asesinato por venganza cometido por una mujer (Quince barrotes de izquierda a derecha), el embarazo no deseado que restringe opciones vitales (Rosa Sarmiento, El guerrillero, Siete relatos sobre el amor y la guerra y otros), el alcoholismo como escape para la mujer sometida a demandas maternales “imposibles” (Aquel mar sin fondo ni playa), el acoso sexual a la mujer soltera desprovista de protección en el patriarcado (Rosa Sarmiento, El guerrillero) y el abandono de obligaciones familiares por el varón (Las doce y veintinueve), las conflictivas relaciones de género en el marco de una insurrección y sus consecuencias (Siete relatos), la instrumentalización de las mujeres por objetivos políticos (La niña blanca y los pájaros sin pies), el SIDA como consecuencia inesperada del amor libre (La promesante, Miraflores), la relegación de los deseos, sentimientos y pensamientos de las mujeres (Quince barrotes, Rosa Sarmiento, El guerrillero, Las doce y veintinueve, Siete relatos, La niña blanca, La promesante, Miraflores), los sentimientos de algunos curas respecto a las mujeres (Quince barrotes, Miraflores) y la hipocresía rampante en postulados religiosos y legales (Miraflores). 

Rosario Aguilar rechaza lo que Nicasio Urbina ha llamado las “grandes tendencias” de la ficcionalización de la América Central —la novela nacionalista, la eurocéntrica y la costumbrista— y se alinea con los escritores que hacia mediados del siglo XX buscaban “crear obras que, superando el localismo provincial, aspiraban a ser novelas más universalistas” (“La literatura centroamericana”). Es muy consciente su decisión de abarcar temas que considera universales: “los dramas humanos son comunes a todos los seres del planeta, no importa la parte del globo en que vivamos” (Aguilar).

Las celebraciones alrededor del quinto centenario de la colonización del Nuevo Mundo por los españoles (1492-1992) provocaron en las Américas nuevas interpretaciones literarias de la historia de la Conquista, especialmente entre las escritoras centroamericanas. Dentro de esta tendencia aparece la novela de Rosario Aguilar La niña blanca y los pájaros sin pies (1992), traducida al francés y al inglés y llevada al escenario operístico. Al incorporar en ella las historias silenciadas de mujeres, tanto indígenas como españolas, que habrían vivido el proceso de la conquista de la América Central, Rosario cambia la Historia al reescribirla.

Logra lo que Fernando Aínsa llama “una relectura desmitificadora del pasado a través de su reescritura [… donde] se dinamitan creencias y valores establecidos” (13). Pero a diferencia de la reescritura grotesca, paródica o irónica de la nueva narrativa histórica, y escrita tal vez a contracorriente del “boom”, la reelaboración de Aguilar se mantiene firmemente anclada en el presente al establecer siempre el nexo entre la Historia (las historias, las “herstories”) y el presente. En sus obras el enfoque ni siquiera recae sobre los tradicionales héroes y heroínas, sino que, como otros novelistas de fines del siglo XX y principios del XXI, especialmente las mujeres, Rosario Aguilar crea y recrea sujetos históricos ausentes,  plasmando lo que María Cristina Pons denomina “memorias del olvido”.  ¿Falsificación de la Historia? Al contrario, como apunta Aínsa:

Esta es la característica más importante de la nueva novela histórica latinoamericana, buscar entre las ruinas de una historia desmantelada por la retórica y la mentira al individuo auténtico perdido detrás de los acontecimientos, descubrir y ensalzar al ser humano en su dimensión más auténtica, aunque parezca inventado, aunque en definitiva lo sea. (30-31)

O, como explica Rosario, “Visité ruinas en México, Guatemala, Panamá, Nicaragua. Trataba de encontrar algo, aunque fuera un indicio de lo que había sucedido quinientos años atrás. Acaso los suspiros, las risas, los llantos de mis protagonistas”.

Rosario Aguilar, testigo de su tiempo, cuestiona las interpretaciones superficiales de la coyuntura actual, así como también de la Historia, y se convierte, como algunas de sus protagonistas, en actor contribuyente a la creación de nuevos discursos más abarcadores y más completos. Como observara Peter Sellars, director de la ópera The Indian Queen, con música escrita en Inglaterra en el siglo XVII y letra de La niña blanca: 

Vivimos en un tiempo regido por la CNN, en el que lo interpretamos todo literalmente, olvidando que en el siglo XVII en Inglaterra todo es poético, metafórico. Es la metáfora de una colisión cultural, de un corazón herido tanto como el de un continente dividido. Y ciertamente vivimos en un mundo cada vez más mezclado, de ahí que la imagen del G-8, o incluso el G-20, esté ya pasado de moda, porque responde a una forma periclitada de entender el mundo. Para mí, la imagen del siglo XVII fundida con la visión de esta brillante escritora nicaragüense, es exactamente una mezcla de mundos que se conectan de hecho, que es lo que amo. La narración escrita por Rosario en medio de la revolución nicaragüense, responde profundamente al momento de la conquista. Lo que une a nuestras historias es más interesante que lo que las separa. 

Sus novelas deconstruyen discursos sociales, religiosos y de género totalizadores que tienden hacia la homogenización de la historia y de los individuos. Ante todo, las ficciones de Rosario Aguilar cuestionan las suposiciones sociales y políticas tomadas por verídicas y nos muestran aspectos insospechados de experiencias vividas. Además, “en un juego de autorreferencialidad que ha llegado a ser una marca de la novela posmoderna”, en el que las protagonistas escriben la historia en la que participan, “no hay duda que con Rosario Aguilar, la novela nicaragüense entra en la modernidad, empieza a explorar el subconsciente y se preocupa por los actos de escritura” (Urbina, La estructura de la novela nicaragüense 140). 

Estas y otras novedades, como la dirección marcada por su última novela, Miraflores (2012), poblada de protagonistas masculinos, son las estudiadas en la nueva antología, Rosario Aguilar (Nicaragua): acercamientos críticos, que reúne variados acercamientos críticos a la obra de Rosario Aguilar, los cuales reflejan la diversidad de herramientas críticas contemporáneas, posmodernas, necesarias para abordar sus textos. 

El proyecto del libro nació con el deseo de reunir en un solo volumen las entrevistas y los ensayos más representativos sobre Rosario Aguilar, con el fin de contribuir a un mejor y más profundo conocimiento de su obra. Un propósito de la antología es que su distribución a nivel internacional estimule interés en la obra de Rosario Aguilar entre los lectores de otras culturas. Otro objetivo es propulsar nuevos análisis de las obras, incluso de sus ficciones cortas que, según sepamos, no han sido sometidos a la lupa de los críticos. Y creo que una de las venas menos exploradas y potencialmente ricas de sus ficciones es el trasfondo político, que nunca está ausente aunque no aparezca en primer plano en muchas de las historias de vidas a toda vista apolíticas. Como nota Helena Ramos, “Rosario Aguilar: subversiva y serena”.

Agradecimientos 

La gentil colaboración y múltiples contribuciones de Rosario Aguilar hicieron posible esta primera antología de entrevistas y ensayos en torno a sus obras. El contacto con sus hijas, Piedad y Yolanda, y el aporte de importantes materiales como discursos y fotos que obtuvimos gracias a su generosidad han representado un soporte documental único. Rosario Aguilar me brindó horas de conversación en su casa en León, Nicaragua, y le quedo inmensamente agradecida por su buena voluntad y apertura al diálogo. 

Les agradezco el permiso para incluir sus entrevistas a Ángela Saballos, Marta Leonor González, Ulises Juárez Polanco y Karly Gaitán. Los distintos ángulos de acercamiento a la novelista revelan diversas facetas de su vida y obra, además de reflexiones sobre su carrera como autora de ficciones. 

Colaboraron con la inclusión de sus artículos Carlos Alemán Ocampo, Seidy Araya, Jorge Eduardo Arellano, Jorge Chen Sham, Bárbara Dröscher, Karly Gaitán, Isabel Gamboa, Doris M. Fiallos, Milagros Palma, Sergio Ramírez, Helena Ramos, Isolda Rodríguez Rosales, Letzira Sevilla Bolaños, Raymond D. Souza, Julio Valle-Castillo y Ann Van Camp. 

Quisiera expresar mi especial agradecimiento a la primera crítica que dedicó amplio espacio al estudio de las obras de Rosario Aguilar —Nydia Palacios Vivas—, quien nos permitió reproducir aquí capítulos enteros de sus importantes libros: Voces femeninas en la narrativa de Rosario Aguilar, Escritoras ejerciendo la palabra: una mirada crítica nicaragüense y Estudios de literatura hispanoamericana y nicaragüense. 

Agradezco por otra parte a los autores que aportaron material original, redactado especialmente para su inclusión en este tomo: a Jorge Chen Sham, por su agudo artículo sobre una novela poco estudiada, “Quince barrotes de izquierda a derecha: novela de liberación de la conciencia opresora”; a Doris M. Fiallos, por su artículo, “La poética del espacio asociada al sujeto femenino en Siete relatos sobre el amor y la guerra de Rosario Aguilar”, y a Bárbara Dröscher, por su innovador análisis, “Transculturación en narraciones de autoras centroamericanas: Rosario Aguilar”, tomado de su extenso estudio en el libro, Mujeres letradas (ver bibliografía). 

Agradecemos a los editores y las casas editoriales que autorizaron la reimpresión de textos cuya fuente original se cita al final de cada artículo. Damos gracias a Ivo Buzek, editor de Études Romanes de Brno de la República Checa, a la Revista de Filología y Lingüística de la Universidad de Costa Rica y a su director, Mario Portilla, y editora, Carolina Marín, por habernos autorizado la inclusión de artículos publicados en sus revistas, así como a la revista Letras de la Universidad Nacional de Costa Rica y a su directora, Sherry Gapper Morrow. Gracias a Armando Rivera, de la editorial Letra Negra de Guatemala, quien aprobó la inclusión del artículo de Ann González, “(Re) Visiones de la conquista…”, publicado en la antología de Amanda Castro, Otros testimonios: voces de mujeres centroamericanas. La viuda de la editora, María Arechaga, también nos brindó su aprobación para incluir el artículo aquí y se lo agradecemos. Gracias a la buena voluntad y creatividad de Sally Welch, Acquisitions and Permissions Administrator de la Ohio University Press, logramos incluir un análisis clave, el de Laura Barbas-Rhoden, que forma un extenso capítulo de su libro, Writing Women in Central America. Gender and the Fictionalization of History. 

En Nicaragua, agradecemos la colaboración del director de la Academia Nicaragüense de la Lengua, Francisco Arellano Oviedo, y el permiso para usar algunos de los artículos de su excelente publicación, Lengua. Boletín de la Academia Nicaragüense de la Lengua. 

El subdirector Douglas Carcache de El Nuevo Diario muy gentilmente autorizó la reimpresión de los artículos que primero se publicaron en el periódico y en el suplemento Nuevo Amanecer Cultural. ¡Gracias! La revista en línea Carátula nos permitió incluir la entrevista hecha por Karly Gaitán en el momento de la presentación en Madrid de la ópera The Indian Queen con música escrita en Inglaterra en el siglo XVII y letra de la novela de Rosario Aguilar, La niña blanca y los pájaros sin pies. Agradecemos la ayuda de Antonina Vivas de Carátula y la aprobación del director de la revista, Sergio Ramírez. En 2011 la revista literaria del Centro Nicaragüense de Escritores, El hilo azul, dedicó un número en “Homenaje a Rosario Aguilar, narradora pionera”. Agradecemos al director, Sergio Ramírez, su venia para incluir aquí varios textos publicados en ese número. Y, en especial, yo quisiera manifestarle al entonces-editor Ulises Juárez Polanco mi profundo agradecimiento por su empatía y generosidad al proveerme de una versión digital de los artículos, ventaja que me ahorró horas y horas de tecleo. También le agradezco al fotógrafo “Javier del Real” del Teatro Real de Madrid por su permiso para la inclusión de dos de sus bellas fotografías del estreno de The Indian Queen. 

El valioso trabajo bibliográfico de Jorge Eduardo Arellano es imprescindible para el comienzo de este tipo de proyecto. Aprecio también los datos reunidos cuidadosamente por Helena Ramos en diversos artículos y notas sobre Rosario Aguilar y su empeño en desenterrar la historia de las antecesoras de las generaciones actuales de escritoras. 

Finalmente, muchas personas colaboraron de diversas maneras en la preparación de este volumen. Quisiera darle las gracias a Ángela Saballos por su colaboración en múltiples frentes, especialmente su perspicaz y fiel transcripción de mi entrevista con Rosario Aguilar. Le agradezco a Karly Gaitán sus mil maneras de colaborar en reunir materiales y comprometerse con este proyecto con el mismo empeño que si fuera propio. Por sus generosos aportes les doy mis gracias a: Nydia Palacios Vivas, Erick Aguirre, Magda Zavala, Helen Umaña, Roberto Carlos Pérez, Doris M. Fiallos, Javier Vargas de Luna, Marie Pfaff, Iván Aguilar, Yolanda Aguilar y Piedad Aguilar.