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Sergio Jaime Cabrera Fajardo (febrero 10 de1941), parcamente conocido como Sergio Cabrera, es un poeta nicaragüense, nacido en Masaya, Nicaragua, casi desconocido, porque ha viajado y residido por buena parte del mundo. Sin embargo, empezó a escribir poemas desde su más temprana adolescencia, antes de cumplir sus 15 años. Su primer reconocimiento o bautizo de fuego provino del maestro de nuestra poesía, José Coronel Urtecho, cabeza de la Vanguardia y a su vez introductor de la gran poesía norteamericana. Se apareció en el colegio CENTRO AMÉRICA del Sagrado Corazón de Jesús, de Granada, con su natural efusión e hipérbole a dictar una conferencia y blandiendo un número de la revista literaria del colegio, preguntó por el alumno que había escrito el poema “La elegía del pescador”, que dice así:

    Pescador con tu red, olvidado
    Dame el pez antiguo que gua
    Tus manos de agua dulce.
    Sobre tus huellas, cargaré tu tragedia
    En su agonía de escamas;
    La solitaria costa insomne que recorre tu cuerpo
    Es la causa de mi tristeza
    Y el conformismo de tus redes
    Pueden más que mis manos.
    Dad exilio a tu agonía Pescador
    dadla en la lucha pescador
    O moriré al borde tus ojos.
Sergio, un joven delgadito,  se puso de pies y  le dijo:

Soy yo
Coronel Urtecho le expresó:
“Sos un buen poeta, no dejés de escribir. Te felicito”.

Este poema está inspirado en los pescadores pobres y por la vecindad del gran lago de Nicaragua o Cocibolca que configura un paisaje magnífico, desde los llanos chontaleños hasta las faldas del Mombacho, donde por las noches las sardinas plateadas por la luna palpitaban por millares en el  vaivén del oleaje:

En ese tiempo escolar Sergio conversaba brevemente  por los corredores con el padre y poeta español renacido en Nicaragua Ángel Martínez Baigorri SJ y al despedirse entre burlas y veras lo aconsejaba:

-- “Pelón, poeta cimarrón”.

Según la concepción del padre Martínez, expuesta en uno de sus sonetos irreparables,  “el poeta es un novillo cimarrón” que no se deja someter y anda siempre fuera de la manada.

Después, Sergio Cabrera publicó en el suplemento del diario La Prensa, que dirigía el poeta Pablo Antonio Cuadra.

Nacido como apuntamos en 1941, Sergio Jaime Cabrera pudo formar parte de los grupos que irrumpieron en los 60, que a su vez recogían la vigorosa y heterogénea tradición poética de Nicaragua: el modernismo de Darío y los modernistas de León, Managua y Masaya; el movimiento de vanguardia de los años 30, con figuras prodigiosas como Joaquín Pasos, Manolo Cuadra, Coronel Urtecho, Pablo Antonio; la generación de los tres Ernestos: Ernesto Mejía Sánchez, Carlos Ernesto Martínez Rivas, y Ernesto Cardenal, que con sus Epigramas confirmó la poesía del desamor de la lengua castellana, que ha corrido con tanta fortuna. Sergio pudo haber pertenecido a Ventana, de la UNAN León, a la Generación traicionada de Managua, al grupo EmE, a Presencia de Carazo, al Estandarte de los bandoleros de Granada, al grupo U de Boaco.

Pero como creatura congénitamente libre y en libertad, Sergio Cabrera fue desde entonces, poeta solitario apartado de academias, círculos o asociaciones poéticas.

Se advierte que tanto a Sergio como a sus otros hermanos los llamaban en el colegio, tan dado a remoquetes o apodos, los pelones y de aquí que Ángel Martínez llamara pelón al nobel poeta.

Sergio, en efecto no fue un poeta dado a la sórdida bohemia destructiva, pero era afable, alegre y cordial. Se asumió poeta en silencio, un poeta en su interioridad, íntimo, íngrimo y moral, porque cuando apenas iba a cumplir los 17 años era un recio opositor a la dictadura somocista, por lo que fue a parar 18 veces a las cárceles, en Masaya, la Aviación de Managua, (celda 16), después de ser torturado en las oficinas de la seguridad del Estado, contiguo al palacio presidencial del dictador y fue huésped además de varias cárceles de Nicaragua.

Así  en medio de los gustos y las influencias de la época formativa de Sergio, el gran poeta César Vallejos era todo un modelo: el cholo, el dolor desgarrador y mudo, y  la tristura…; no en vano el poeta escribió un poema a “César Vallejos”.

En una Nicaragua tiranizada y con una tragedia a cuestas, Sergio partió al mundo sudamericano y europeo, en el que se nutrió de una cultura superior, no solo de las naturalezas y de las bellezas de las mujeres y la observancia de las parejas enamoradas. De tiempo en tiempo nos encontrábamos en Masaya acaso en visita a sus padres, parecía que había dejado o abandonado la poesía, porque en las tertulias nunca hablábamos de literatura ni leía sus textos a sus contemporáneos  y a los menores de edad como yo que celebrábamos su presencia. Ahora que ha vuelto a Nicaragua, como un mago o un prestidigitador se saca de su cuerpo o de la chistera de su alma o de su imaginación sus poemas nuevos y antiguos, adolescentes, maduros de diferentes estados de ánimos o en una agitada y calma solemnidad en la que ha recalado.

“He puesto, por primera vez en mi vida mi obra completa, su historia espiritual y física del amor en manos de Julio Valle Castillo, con humildad y verdad lo aseguro”.

Ha escrito 62 años en secreto, lo que significa toda una vida, algo que resulta extraño porque todos los escritores en los diversos géneros escriben para comunicarse con los demás hombres y mujeres de las sociedades a las que pertenecen para compartir las vivencias trascendentales, los recuerdos, las nostalgias, las evocaciones. Sospecho que su plena madurez, que su infinita ingrimidad lo ha hecho establecer esta comunicación.

Desinteresado en reconocimientos y premios (ha obtenido 6 premios en Nicaragua y en el exterior) y si alguna vez fue a recibir uno fue obligado por su Padre don José Alberto Cabrera Blandino. En verdad “apartado de la manada es un solitario como afirma el gran poeta, ensayista, filólogo y catedrático de universidades norteamericanas y europeas, Ernesto Mejía Sánchez, en su poema con el mismo título.

Estamos en presencia de un poeta no tardío, sino que inédito, y por tanto desconocido, pero que ha escrito, como ya apuntamos desde los 14 años  hasta la actualidad. Poesía enclaustrada en su libertad, presa en el amplio pecho del poeta.  

“En el diario de mi vida, entendí perfectamente el concepto de cimarrón que me dio el padre Martínez, cuando me llamaba algunas veces en los corredores de la Universidad Centroamericana, ´Pelón poeta cimarrón, no seas como Carlos Martínez Rivas´. Siempre traté de romper la retórica, las estrofas literarias, buscar una versificación amplia vecina a la prosa, verso libre, vesicular y desmenuzar mis metáforas hasta rearmarlas de nuevo con sentido universal”, dice el poeta. 

Y agrega: “yo me encierro con mi ingrimidad, y con unos personajes muy míos como la Soledad de colores, la Magia y el Ocultismo para crear y recrear mi obra”…  Este libro es una antología, es decir, una selección rescatada de su obra,  por su propio autor  y reescritos durante 6 años con tres propósitos:

Hacer accesible  el lenguaje del amor apasionado  para los mismos enamorados y los lectores.

Contribuir sin prejuicios al entendimiento del amor verdadero 

como una Gracia, amenazada por los antivalores culturales.

Estructurar el poema de manera tal que como en la antigüedad .

puedan ser cantados con la lira o el laúd, musicalizarlos de fondo, y devolviéndole al verso su musicalidad.

Esta obra de Cabrera, Los años del amor, pareciera un solo poema extenso y en prosa, poemas o prosemas intensos,  líricos, prosa que  en la edad media fue  verso cantable  y en el modernismo dariano  fue Prosas profanas, un poema en prosa, prosa que equivale a verso por su ritmo extenso, que como tal está estructurado de otros poemas de diferentes extensiones, pero unificado por el tema constante del amor. Los años del amor o el amor de los años. Leiv motiv. Cada poema es el nombre de una mujer con sus connotaciones, su historia, su desamor, sus encuentros y desencuentros; y cada mujer, su cuerpo, su cuello, su cabellera, sus ojos negros, sus pechos, sus manos, sus caderas, sus piernas, es la criatura verbal, o sea el poema, verbo hecho carne: Glena, Charmián, Ximena, Rosanna, Maria T, Leyla, Bertha Lucia, Malena, Ivonne,  Maríe Antoniette, Anahí, Brenda… Otro factor unificador es la musicalidad, el ritmo, una oralidad  que puede cantarse, versículos que van desarrollando la melodía. 

Otro elemento unificador es la imagen de la palabra, las metáforas que son como sabemos el corazón de la poesía moderna: un habla  como en  sueños, una memoria del futuro, cierto surrealismo, cierta escritura automática, que no quiere ser literatura sino habla, lengua, para ser entendido.

Esta obra de Cabrera, pertenece a los innumerables libros de poesía de amor que se han producido en todas las culturas y desde muchas concepciones desde muchos siglos antes del “Cantar de los cantares”, incluso en el orbe novo que no pensaba en descubrirse. 

Imaginémonos un encuentro de amor prehispánico o en América, donde la mujer y la naturaleza, el hombre y la naturaleza comulgaban con sus dioses 

15 mil millones de años es la posible edad del universo y la nuestra, y aun así,  no somos seres acabados todavía, y no alcanzamos la perfección.        

Poesía de amor que cubre de extremo a extremo el poemario, amor por la naturaleza humana, amor por la naturaleza mineral, amor por la naturaleza vegetal; las flores y todas sus especies han pasado a ser  símbolos del amor cuando se convierten en ofrendas o pruebas del amor o cuando levantan las columnas para las adoraciones y oraciones de los templos de todas las religiones, porque como obras de Dios, forman parte de Dios.

De tal manera que los símbolos de la naturaleza de Dios, son símbolos también del amor, el amor no es producto del sexo y del erotismo, sino que el amor produce el erotismo y el sexo.

Donde están dos en mi nombre estoy YO. Dios es el centro de la irradiación del amor. La Trinidad. Nada sexualmente  es pecaminoso, pecado, todo lo contrario es pureza. Elevación, creación y recreación, el erotismo es la veneración tierna del cuerpo que  es cuerpo de Dios. 

Por eso Dios o el amor, vive en perpetua boda con el cosmos y la humanidad. Romance  con su creación y romance de la creación con su creador. Somos su imagen  y semejanza.

Como dice Rubén Darío en las “Dilucidaciones”, La muerte se trasmuta en vida y mientras vivimos esperamos la muerte para reinar con el Amor. “La poesía existirá mientras exista el problema de la vida y de la muerte. El don de arte es un don superior que permite entrar en lo desconocido de antes y en lo ignorado de después, en el ambiente del ensueño y de la meditación, hay una música ideal como hay una música verbal. No hay escuelas; hay poetas. El verdadero artista comprende todas las maneras y halla la belleza bajo todas las formas. Toda la gloria y toda la eternidad están en nuestra conciencia.

Sergio Cabrera, es un poeta con una nueva concepción del amor tan teológica, tan antigua como moderna, en la lengua española.

Masaya, Septiembre – Octubre 2017.