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El Festival Internacional de Poesía de Granada reunió durante una semana a los principales poetas del mundo, sin embargo, entre sus invitados también figuraron editores de poesía con largas trayectorias, quienes brindaron sus puntos de vista acerca de la profesión  editorial en el siglo XXI.

Conversamos con Jesús García Sánchez, “Chus Visor”, de la editorial Visor, la más grande en lengua española; Walter Raffaelli, el editor más importante de la poesía  latinoamericana y caribeña en Italia; y Alfredo Zaldívar, poeta y editor cubano de editorial Matanzas, una de las más destacadas de la isla.

Desde sus realidades particulares, estos hombres concuerdan en que el libro impreso no va a desaparecer, en especial el libro de poesía. 

Chus Visor: “No veo a los lectores de poesía leyendo un libro de poesía en Internet, los veo leyendo en papel”

Mientras disfrutaba en Granada del sol —que en Madrid no ha salido— Jesús García Sánchez, conocido en el mundo editorial como “Chus Visor”, la evolución de un jovencito ávido lector que se convirtió en editor para leer a los poetas que se le venían en gana,  conversó con El Nuevo Diario sobre sus impresiones de la poesía contemporánea y los retos que la era digital trae a los editores.

“La poesía para mí como editor es mi modo de vida, desde que empecé la editorial Visor a los 21 años hasta el día de hoy, llevo 50 años editando y no hecho otra cosa más en mi vida”, comparte.Walter Raffaelli ha traducido al italiano a 300 escritores latinoamericanos. Melvin Vanegas/END

Asimismo, señala que cuando empezó a editar no sabía que la poesía podía ser más allá de un arte, un modo de vida, sino que empezó a editar porque quería leer algunos libros de poesía que no estaban en España “y se me ocurrió algunos de los autores que no había en el país. Primero fue Arthur Rimbaud, con “Una temporada en el Infierno”, luego Triztan Tzara, André Breton, fue porque los quería leer, así fue como empecé y ahora tengo más de 1,000 libros editados.

En los 50 años que lleva trabajando como editor de poesía, este personaje asegura que no ha habido mucha variación, aunque “en los últimos años las redes sociales han estado revolucionando la poesía, sobre todo Twitter y Facebook, pero más allá de ello en los últimos 30 años no ha habido mucha evolución”.

Al preguntarle qué criterios priman en Visor para publicar, dijo que al principio “era que me gustara a mí lo suficiente como para editarlo, pero con el tiempo te das cuenta que ese criterio no sirve, si no hubiera editado a muy pocos, así que empecé tener un criterio más amplio y empecé a editar a poetas que aunque a mí no me gusten sé que pueden gustar a otros, no puedo limitarme a mi gusto personal”.

En cuanto ha cómo ha ido variando ese ojo crítico, dijo que con la edad todo se hace más amplio, se hace menos crítico y se aceptan cosas que en otro momento no se aceptarían, pero considera eso como parte del proceso de la vida, como algo inevitable.

¿Cómo se enfrenta el editor al dilema de un mal libro que comercialmente puede ser rentable?

Esos yo no los edito, si estoy consciente de que es un mal libro jamás lo edito. Si es un buen libro aunque no me guste yo lo hago. Hay muchos buenos poetas que a mí no me gustan pero no tengo problemas con ellos, pero si es mal libro me lavo las manos y no lo edito.

¿Hay muchos libros malos en los estantes?

Sí, pero trato de que en Visor no lo estén.

¿Qué pasa con los fenómenos comerciales?

Están teniendo un público muy amplio, algunos salen de las redes sociales,  pero no todos son malos. Yo conozco dos o tres poetas que han salido de las redes sociales y son muy  buenas, en concreto dos mujeres, una de ellas es Elvira Sastre.

¿A qué se están enfrentando los editores en el siglo XXI con la explosión de las redes y la digitalización de las obras?

En el caso del lector de poesía tendré que decir que siempre va a ser el mismo, siempre va a ser pequeño, pero los editores de poesía tenemos la ventaja de que sabemos que nuestros lectores son pocos pero fieles. Los lectores de poesía son pocos pero no dejan de leer nunca.

¿Hacia dónde van las editoriales con el boom del internet?

Yo creo que eso a la poesía le afecta poco, toca más a las editoriales de novelas y de diccionarios, sobre todo de novela. Yo no veo a los lectores de poesía leyendo un libro de poesía en Internet. Yo lo veo leyéndolos en papel.El poeta cubano Alfredo Zaldívar ha sido ganador del Premio Nacional de Edición. Melvin Vanegas/END

¿Editorial Visor tiene libros digitales?

No me gustan. He editado algunos digitales pero no son de poesía, porque además de ella tengo una colección de filología, que tiene 200 títulos ya. En esa colección hay libros digitales sobre cuestiones muy específicas, estudios sobre Calderón, Lope de Vega, sobre Lorca.

¿Cómo pueden afectar las redes sociales a la literatura?

Creo que lo de las redes sociales es un tema complicado, pero en eso tienen que tomar mucha parte los gobiernos e instituciones públicas, porque si pones un libro en digital sabes perfectamente que va a durar muy poco, porque lo van a piratear mientras no sean castigados los culpables.

Pero este no es un tema solo de los editores, sino también de los autores que son los más perjudicados, también de las librerías. 

Es un tema complicado y creo que lo están dejando pasar. A mí me da igual, pero a los editores de novela les va a afectar.

¿En España hay leyes para proteger a los autores?

Qué va. Es España hay libros que hoy salen a la venta y ya están en las redes gratis, por eso hablo de que hacen faltan leyes con urgencia. 

Raffaelli: “Los editores no deben temer a la tendencia digital”

El italiano Walter Raffaelli hace 26 años decidió dedicar su vida a la edición de libros, particularmente a los de poesía en español, por ello es considerado el editor más importante de la poesía latinoamericana y caribeña en Italia.

“En la poesía de Italia y de Europa en general, advierto una crisis de calor, de humanidad, por ello decidí mirar hacia la poesía de Latinoamérica, donde ese calor y esa humanidad abundan”, comparte Raffaelli.

Relata que su contacto con los poetas de habla española empezó con los escritores de España, sin embargo, siguió su búsqueda hasta llegar a los latinoamericanos, donde encontró los elementos que lo atrapan en cada verso, por lo que hasta hoy ha publicado a más de 300 poetas de esta región del mundo.

Asimismo, señaló que los poetas que publica la editorial Raffaelli deben cumplir con el requisito primordial de “la autenticidad y tener la capacidad de mover al mundo con cada uno de sus versos”.

En cuanto a los desafíos de la industria del libro de papel, Raffaelli advierte que “los editores no deben temer a la tendencia digital, sino que deben tomarla como herramienta y complementar su trabajo con ella”, por eso él cuenta con buena parte de las obras en su editorial digital.

“Tengo una colección digital muy amplia. El libro de papel va a existir siempre, tiene mucho más futuro que el libro digital, porque este último ofrece la posibilidad de llegar a la gente gratuitamente y todo el pueblo puede llegar a él. En cambio, el libro de papel es un objeto de arte, especialmente los libros de poesía, pues los versos son una de las grandes artes”,  explica el escritor de ensayos y crítica de arte. 

Para él, “el libro de papel es siempre un objeto bello, aún en el siglo XXI, el de la era digital, no perderá su valor”, comparte.

Asimismo, Raffaelli señala que entre los retos de los editores el principal es encontrar el arte. Además, comparte que aunque se dice que la gente consume poca poesía, en realidad esta es el motor que mueve al mundo sobre todo en los países de América, donde  festivales como el de Granada reivindican este arte y reconoce que “en Europa es muy difícil realizar este tipo de encuentros”.

“Aquí el sudor, la sangre, la vida y la muerte son motivos para escribir. La poesía latinoamericana es maravillosa”, concluyó.

Mundo editorial cubano, un caso particular

Alfredo Zaldívar es un poeta y editor cubano que inició su formación en talleres literarios a principios de los años 80, sin embargo, desde 1985 empezó a trabajar en la editorial Vigía, la que él mismo creó. Estuvo 15 años elaborando libros artesanales, hechos a mano, con carácter artístico, y desde hace 18 años dirige la editorial Matanzas, una de las más importantes del país.

Fue distinguido con el Premio Nacional de Edición, por la obra de toda la vida, y asegura que compartir la labor del editor con el creador es algo que le satisface mucho.

“En Cuba vivimos una realidad particular en cuanto a que existe muchísima demanda del libro impreso, porque el digital apenas empieza a entrar, aunque ya hay editoriales dedicadas solo a obras digitales. Hay ofertas de los libros que vendemos impresos en digital listos para descargar. Pero no está en posición todavía de competir con el libro de papel, por eso las ferias de libros de la Habana que termina en Santiago y recorre todas las ciudades de la capital es multitudinaria, la gente sigue llegando a buscar las novedades, pero también libros viejos, reediciones y creo que a pesar de que muchas veces tememos de que lo digital absorba al papel eso no se dará, sino que van a competir”, resalta el poeta y editor.

Para Zaldívar es inigualable la intimidad que llega a tener el lector al manosear el libro, al poder llevarlo a cualquier rincón de la casa donde se sienta cómodo para leerlo, eso no tiene comparación con sentarse frente a cualquier medio electrónico, porque considera que esto último es algo frío, muy alejado del “goce espiritual” de poder sentir la obra en sus manos.

“Ser editor en Cuba, un país bloqueado con mucha precariedad de la industria poligráfica, que tiene problemas para producir los propios libros, a pesar de que hay un movimiento autorial muy fuerte y un grupo editorial con mucha experiencia, es totalmente diferente al resto del mundo, aunque existe voluntad de la autoridades para promover y subvencionar el libro”. 

“Como editores tenemos el reto no solo de seguir promoviendo la literatura, sino también de buscar lo mejor de los escritores, y, sobre todo, que la industria del libro, no solo desde el punto creativo, sino desde la parte técnica y material de la impresión, llegue a tener gran calidad, algo para lo que creo todavía nos hace falta. En el mundo fuera de Cuba, por lo que he podido ver cuando viví en España y cuando he salido de viaje, los conceptos del mundo editorial son diferentes”, señala.

En cuanto a esas diferencias, resalta que en Cuba se busca que el libro tenga un valor espiritual, educativo y formativo de valores, pero fuera ve que hay mucho mercantilismo, por lo que se vende mucha literatura barata y deficiente, con autores que no tienen calidad, porque lo que interesa es vender, más que educar y entretener.

Finalmente, señaló que Cuba es un país donde se escribe mucha poesía, pero reconoce que se ha equilibrado un poco con la aparición de jóvenes narradores, sin olvidar la veta de literatura histórica y de ficción, aduce que también el género testimonial ha tomado mucha fuerza, por lo que las editoriales tratan de tener un balance a la hora de hacer su catálogo para ofrecer todos los géneros aunque la poesía es el más cultivado.