•   París, Francia  |
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  • EFE

El célebre violinista francés de jazz Didier Lockwood murió de un ataque al corazón este domingo en París, a la edad de 62 años, anunció su agente a la AFP.

"Su esposa, sus tres hijas, su familia, su agente, sus colaboradores y su compañía discográfica anuncian con dolor la brutal desaparición de Didier Lockwood", indica el comunicado publicado por su agente.

Lockwood, que estaba casado con la soprano francesa Patricia Petibon, había participado en un concierto el sábado por la noche en el Bal Blomet, una sala de jazz parisina.

El violinista fue un gran representante del jazz francés en el extranjero, con una carrera en la que dio cerca de 4.500 conciertos y grabó más de 35 discos.

Nacido en Calais, en el norte de Francia, el 11 de febrero de 1956 en una familia franco-escocesa, este hijo de un profesor de música comenzó el aprendizaje del violín a la edad de siete años, y se interesó muy pronto por la improvisación gracias a su hermano mayor Francis.

A los 17 años, Lockwood debutó en el seno de Magma, que entonces era el grupo estrella del rock progresivo en Francia.

Luego ocupó la escena musical a través de numerosos encuentros y proyectos en diversos estilos: jazz fusión eléctrico, jazz acústico, gipsy jazz y música clásica.

Durante su carrera creó dos óperas, dos conciertos para violín y orquesta, un concierto para piano y orquesta, poemas líricos y otras muchas obras sinfónicas, sin olvidar músicas para películas.

"Didier era el señor 100.000 voltios. No me lo puedo creer", declaró su agente Christophe Deghelt. "Era muy humano. Era un hombre muy elegante. Le gustaba compartir, enseñar".

"Teníamos muchos proyectos en curso. Acababa de grabar un disco con su esposa Patricia Petibon", añadió Deghelt.

Lockwood estaba también muy implicado en la educación musical. Autor de un método de aprendizaje del violín para jazz, creó en 2001 el Centro de Músicas Didier Lockwood, una escuela en la que se enseña la improvisación, en Dammarie-les-Lys, cerca de París.

En 2016, le entregó al Gobierno francés un informe sobre la enseñanza de la música en su país, en el que se preocupaba por una infancia "formateada" por la tecnología moderna y abogaba por el aprendizaje de la música mediante una mayor oralidad y menos solfeo.