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Javier Alvarado es uno de los poetas centroamericanos más prolíficos de nuestros días. A sus 35 años acumula en el apartado de bibliografía activa cerca de una veintena de títulos que inician en los “Tiempos de vida y muerte”, de 2001, y llegan, hasta ahora, a la “Dolorosa primavera de las hermanas de Kafka”, de 2017. Un lapso también contrapunteado con una cantidad igualmente impresionante de premios y reconocimientos, con el Hispanoamericano de Poesía de San Salvador (por la “Epopeya de las comarcas”) como el más reciente; pero además con otros de peso en su región, como el Rogelio Sinán (en 2011 por la “Balada sin ovejas para un pastor de huesos”) o el Rubén Darío (el mismo año, esa vez por “El mar que me habita”), y fuera de ella. Alvarado, reconocido en 2015 por el Instituto de Cultura de su natal Panamá con el Premio Nacional Ricardo Miró (por “Cartas arrojadas al Neva”), se refiere en esta entrevista a la edición electrónica de su título más reciente, que mereció el tercer puesto del Premio Municipal León A. Soto, convocado por la Alcaldía de Panamá.

El libro que estás publicando con Álastor es un inédito y además mereció el tercer lugar en un premio con una trayectoria ya dilatada en Panamá; uno pensaría que la decisión de lanzarlo en formato digital es, por lo menos, osada. ¿Por qué escogiste esta opción?

Uno de los grandes obstáculos para el escritor hoy en día es la publicación de su trabajo a través del papel. Se depende del compromiso editorial si el mismo es premiado por una institución o buscar en todo caso algún mecenas y que se dé el milagro. También toma en cuenta que se suelen agotar los ejemplares y ahí empieza nuevamente el proceso. Cuando obtuve este tercer premio en el Concurso Municipal León A. Soto me asaltó nuevamente la incertidumbre de cómo hacer para editarlo y en eso obtuve la proposición de los editores (de Álastor) y acepté. Hoy en día el formato digital es una plataforma para la promoción y la expansión de conocimiento e información y lo veo como una buena alternativa. Espero que algún día surja una publicación en físico de “Dolorosa primavera de las hermanas de Kafka”, pero, por ahora, celebro que se dé a conocer por Álastor.

¿Qué opinión te merece la poesía actual de Centroamérica en contraste, por un lado, con su propia tradición y, por otro, con la que están escribiendo poetas de otras regiones?
La poesía actual de Centroamérica tiene como en otros lugares contrastes y apuestas interesantes. Lo de la “tradición” es digamos un término o una instancia que se acuña desde la distancia temporal y desde nuestra postura actual. Yo no suelo ver tradiciones, sino continuidades y un gran mosaico donde pueden existir, convivir, hermanarse y hasta distanciarse ciertas estéticas y autores y es ahí donde radica lo estimulante y lo permanente. En el norte, en el centro, en las Antillas y en el sur hay semejanzas ya sean temáticas, pues nuestra historia y nuestras luchas sociales son muy parecidas, la misma gente que sufre, que llora, que sueña y alcanza y en las estéticas, claro que hay sus características propias y también sus puntos concordantes y diferencias.  

La poesía actual de Centroamérica sigue teniendo escasa difusión, pese a publicaciones y a festivales de poesía, antologías y ese tipo de proyectos. En la actualidad nos hermana, creo, la falta de una política cultural fuerte y sostenida de nuestros gobiernos, enfocada a la promoción de autores y a esos autores les toca una lucha ardua por escribir, trabajar y dar a conocer su trabajo frente a los pocos estímulos y a la descomposición de la literatura. Es un tema complicado, la calidad literaria de los géneros: novela, cuento, teatro, poesía y ensayo, se enfrenta a una parafernalia donde siento, yo, que hay un énfasis más en hacer una figura o un personaje que de crear una obra de calidad. Lo siento más que todo en las ferias de libro, donde puedes ver de todo y donde puede pesar más la cantidad de ventas que la calidad y donde también hay un afán del espectáculo.

Finalmente, ¿considerás que la poesía actual está conectando con las personas comunes, con los “no iniciados”? Todos somos comunes. No hay diferencias. Así lo siento cada día más. Quizás el enfoque de tu pregunta está ligado a las personas que no están acostumbradas a las lecturas de poesía. Siempre hay algo, algún referente oral, de tradiciones o de recuerdos escolares. Yo acabo de tener una experiencia hermosa en El Salvador, donde fui a leer poemas de mi libro “Epopeya de las comarcas” a gente muy humilde, inclusive personas que están empezando a leer, y hubo una conexión por el tema, entre los indígenas panameños y los nahua pipiles y sus luchas de sangre ante la explotación y la expropiación de tierras, los mismos sueños, los mismos ideales, los mismos deseos. Me encantó el hecho de que la Alcaldía de San Salvador, en todas las presentaciones que se hizo, dio mi libro de forma gratuita. Vi gente de todo tipo de profesiones y condiciones queriéndose hacer con el libro. Para mí ha sido una experiencia más que maravillosa y conmovedora. La poesía más allá de los lectores acostumbrados, poetas, escritores o académicos. La poesía es para el pueblo.

En Nicaragua, donde radica esta publicación periódica (Álastor), se ha hecho un trabajo hermoso con el Festival de Granada, donde las personas no importa su profesión ya se han ido acostumbrando a la presencia de los poetas y a sus versos. La poesía debe llegar a todos y esa debe ser la meta.