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La brevedad extrema —tan antigua como la sabiduría popular— y la cultura religiosa fue iniciada en nuestra América como ficción literaria por el mexicano Julio Torri (1889-1970), tras él surgió una tradición que ha tenido no pocos representantes sorprendentes. Aquí presento una muestra mínima de aquellos cuentos brevísimos o ultracortos, llamados también microrrelatos, afines a mi gusto personal y otros de mi autoría. 

Fecundidad / Augusto Monterroso

Hoy me siento bien: un Balzac. Estoy terminando esta línea [1972].

El cuento más largo del mundo / Álvaro Gutiérrez

EL mono bajó del árbol y se irguió para talarlo [1997].

Enamorado / Anónimo

Le propuso matrimonio. Ella no aceptó. Y fueron muy felices.

Variante del Génesis / Jorge Eduardo Arellano

En verdad os digo: Eva no se comió la manzana. Se tragó la serpiente [2008]. 

Nalgófilo / Ernesto Mejía Sánchez

¡Quiero nalgas! ¡Quiero nalgas! —clamaba el viejo mexicano—. ¡Aunque sean de mujer! [1981]. 

En voz baja / Magda Bello

Y a pesar de tu maldito acoso por cogerme, no has logrado convertirme en feminista [2017].

Escena conyugal / Luis Felipe Hernández

Lanzaba con presteza, uno tras otro, los cuchillos a su mujer, quien los recibía con el trapo para secarlos.

Platinum / Róger Fischer

Eulalia era mi novia, superficial, plástica… Tan plástica que en un eclipse de luna, se volvió tarjeta de crédito [2004]. 

Diógenes / Michèle Najlis

Pasó los largos años de su mísera existencia metido dentro de un tonel, buscando un hombre. En el instante preciso de su agonía, reunió con gran dificultad las últimas fuerzas que le quedaban, y alzó nuevamente su lámpara: por primera vez, los ojos del filosofo contemplaron un rostro verdaderamente humano: el de una mujer [1988]. 

La loba / Héctor Vargas
A mis quince años hice el amor por primera vez con una prostituta. Le decían “La loba”. Desde entonces, paso las noches aullando por ella [1990].

El nombre más corto del planeta / JEA

Uu certamen fue celebrado en Japón para premiar el nombre propio más corto del planeta. Un japonés creyó acreditarse el galardón. Se llamaba O. Un venezolano también aseguró merecerlo. Su nombre era Casi O. Pero el nicaragüense Ni-Casi-O fue el escogido [2015].

Lesbiano / Héctor Vargas

Tenía el órgano masculino completo, casi normal. Pero no se creía lo suficiente capaz para enamorar mujeres como macho. Más bien, tendía a ser macha. Y con ese sentimiento sí podía enamorarlas. Y lo hacía con frecuencia. Era un lesbiano. Yo conocí a uno. Francés [1981]. 

Respuesta de gay / Hamilton Cuadra

No seas ingrato,  Albertico. Dame el número de tu teléfono. 
Es el 71469. Es decir: la mitad de mi delirio, mi delirio completo y mi posición predilecta [1968].

Salomé, anciana / JEA

YA anciana, Salomé pensaba: tuve sal y amé. Fui de joven feliz, pero frívola. Ahora soy una desdichada. Me carcome el arrepentimiento. No le hubiera obedecido a mi madre. Debí escuchar y seguir al deslenguado que clamaba en el desierto y luego al señor, de quien el bautista se consideraba indigno de atar las correas de sus sandalias [2008].

Un negro en el metro / Inés Arredondo

Estaba sola. Al pasar, en una estación del metro de París vi que daban las doce de la noche. Era muy desgraciada. Las lágrimas comenzaron a correr por  mis pupilas. Me miraba con ternura, queriéndome consolar. Era un negro. Íbamos los dos colgados, frente a frente, en silencio. Sostuvo sus ojos fijos en los míos hasta que mis lágrimas se secaron. En la siguiente estación, bajó [1988].

Una pasión en el desierto / José de la Colina

EL extenuado y sediento viajero, perdido en el desierto, vio que la hermosa mujer del oasis venía hacia él cargando un ánfora en la que el agua danzaba al ritmo de las caderas. —Por Alá—gritó, dime que esto no es un espejismo. 
—No
—Respondió la mujer, sonriendo—. El espejismo eres tú. Y en un parpadeo de la mujer el hombre desapareció [1998].

Obsequio para el jefe / JEA

EL secretario privado de la Presidencia de la República, en recompensa por sus eficaces servicios, fue nombrado Enviado Extraordinario de Nicaragua en España y lo primero que hizo fue el ineludible viaje a Toledo. Allí compró una legítima espada de acero para obsequiarla a su jefe. Deseaba que este matase con ella a sus enemigos. 

Padre de la Patria / JEA

UN diputado nicaraguaco de los años cuarenta, influido por la aberración hitleriana de la raza pura, postuló una ley con el fin de perennizar la estirpe Somoza en nuestro paisito: extraerle todo el semen posible al general Anastasio Somoza García para iniciar un programa de inseminación artificial con todas las mujeres de Nicaragua. Así se lograría que el ínclito general fuera verdaderamente el Padre de la Patria [1985]. 

El rechazo del Cardenal / Faustino Sáenz

En los años cincuenta, cuando gobernaba el Vaticano Pío XII, su cardenal responsable de las finanzas rechazó ipso facto, alarmadísimo, la oferta de un multimillonario norteamericano. Sus colegas de Capelo, enterados que dicha oferta era de cinco millones de dólares, le preguntaron la razón de su negativa. “Bien sé cuanto bien podría hacer su santidad con tanto dinero —les dijo—. ¿Pero sabéis que condición pedía a cambio de los cinco millones? Que su santidad diese orden a todos los sacerdotes de España e Hispanoamérica de sustituir la expresión “dominus obispus”, pronunciadas por nosotros en el santo sacrificio de la misa cuando nos volvemos a los feligreses, por TOMEN CANADA DRY [1980].

Amor andaluz / Rubén Darío

EL amor popular en Andalucía es inquieto y fatal. La mujer ama con ardor y con miedo. Sabe que si engaña al novio, le partirá este el pecho y el vientre de un navajazo. “Una puñalaíta”. Hace algún tiempo, en un florido patio malagueño, se celebraba una fiesta, y cierta gallarda moza se puso a cantar. Cantaba maravillosamente. De pronto cantó una copla que dice en dos de sus versos: “No hay quien me pegue un tirito / en medio del corazón”. Un loco, o un enamorado novio, estaba allí, y sacó una pistola, y le pegó el tiro, en medio del corazón [Málaga, febrero de 1904].