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Pablo Kraudy Medina reunió en volumen ––editado en diciembre de 2017 por el Banco Central de Nicaragua––: las novelas de Rubén Darío. Ilustrado en su carátula con un retrato de Darío trazado a lápiz de grafito sobre papel acuarela de Julio Martínez Castillo, la obra consta de 436 páginas. En ellas, cada una de las novelas es objeto de anotaciones a través de las cuales Kraudy Medina identifica, traduce textos de otros idiomas ––especialmente del francés–– y comenta las abundantes citas y alusiones, referencias literarias e históricas. Así es posible comprender y disfrutar mejor estas páginas que reflejan la cultura de su autor y la mentalidad de la época entre fines del siglo XIX e inicios del XX. 

Presentación

En su prólogo, como presidente de la institución editora, Ovidio Reyes Ramírez expresó: “Una vez más, el Banco Central de Nicaragua retoma su labor editorial   ––precedida de notables aportes muy conocidos–– editando una obra reveladora y significativa: las Novelas de Rubén Darío. La calificamos de reveladora porque en ella se compilan, por primera vez, todos los intentos novelísticos acometidos por nuestra mayor gloria nacional en el ámbito de la cultura. Esos intentos y logros fueron cinco: Emelina (1887), Caín (1895), El Hombre de oro (1897), En la Isla de oro (1907) y El oro de Mallorca (1913); y vienen acompañadas de una suficiente cantidad de notas necesarias y esclarecedoras que permiten conocer a fondo las fuentes en que se sustentó su autor para escribirlas”.

Y añadió: “Pablo Kraudy Medina las señala con rigor filológico y erudición. De manera que ya podrá apreciarse la verdadera dimensión de Darío como novelista, aspecto que desarrolla Jorge Eduardo Arellano en el estudio preliminar. Y solo falta que este volumen se difunda como merece para que las novelas de Darío, hasta ahora no muy valoradas por la crítica literaria, sean ampliamente conocidas y reconocidas. Asimismo, esta obra resulta significativa porque continúa el estudio y la difusión de las creaciones rubendarianas, inmediatamente después que el Bolívar literario de nuestra América cumpliera en 2016 cien años de su defunción y en 2017 ciento cincuenta de su natalicio. Esa labor y ese culto intelectual no puede ni debe interrumpirse, dada la trascendencia de Darío como factor identitario de nuestra nación y orgullo de nuestro pueblo”.

Kraudy Medina y sus anotaciones

Al dariísta Kraudy Medina se le deben aportes fundamentales. Los principales corresponden a la más autorizada edición crítica de Cantos de vida y esperanza (INC, 2005) y a la colección de ensayos Rubén Darío y la condición humana (JEA-editor, julio, 2016). También es autor del ensayo laureado a nivel nacional: Modernidad, democracia y elecciones en Rubén Darío (2010). La función cívico-política del escritor, la pasión por el arte, la esperanza, los desheredados de la suerte, la guerra y la paz, entre otros, constituyen los aspectos en Darío abordados por él con lucidez. 

En total, las anotaciones de Kraudy Medina suman 773 y son de diversos tipos. Define vocablos cultos o desusados (ara, odeón, landó, pórfido, trémulo), neologismos (nefelibáticos, diánico); alusiones mitológicas (Orfeo, Tántalo, Aqueronte, Juvencia, Caja de Pandora); e incorpora datos básicos sobre ciudades (Ostia, Milán, Roma) y sitios de las mismas (Fórum, Vía Sacra); escritores antiguos (Horacio, Virgilio) y de los siglos XVIII y XIX (Goethe, Bécquer); personajes históricos (Creso, Tiberio, Gladstone); artistas plásticos (Doré, Böcklin) y músicos famosos ya olvidados como el italiano Tito Mattei.

Además, señala la importancia de las obras literarias aludidas por Darío (Atala, Lelia, Pablo y Virginia, Diccionario filosófico de bolsillo, Un invierno en Mallorca) y traduce frases célebres en latín como por omnia vita: por toda la vida; Stultinia dei: la necedad de Dios y Collega jumentatorium: asociaciones de caballerías.

Las valoraciones de Arellano

Por su parte, en el estudio preliminar Arellano ofrece una visión de conjunto sobre el tema, aprovechando todos los estudios y ediciones existentes hasta ahora. En efecto, cita trabajos de los chilenos Francisco Contreras, Armando Donoso, Raúl Silva Castro y Juan Loveluck; de los estadounidenses E. K. Mapes, Allen W. Philips e Ivan A. Schulman; de los argentinos Ángel Estrada y Alberto Ghiraldo, del uruguayo Roberto Ibáñez; del peruano Carlos Meneses, del puertorriqueño Ramón Acevedo, del colombiano Luis M. Fernández Ripoll; de los españoles Luis Maristany y Antonio Piedra; y de los nicaragüenses Orlando Cuadra Downing, Nicasio Urbina e Ignacio Campos Ruíz. 

En cuanto a las ediciones de las novelas, registra cinco de Emelina (cuatro en Chile y una en España), dos de Caín (una en Argentina y otra en Nicaragua), cinco también de El hombre de oro (tres en Argentina y dos en España); cuatro de En la isla de oro (una chilena, otra uruguaya y las dos restantes españolas), más diez de El oro de Mallorca. Esta es, para JEA, la novela de Darío más acabada y moderna. “Si El hombre de oro corresponde a la etapa triunfal del modernismo ––observa––,  El oro de Mallorca al postmodernismo: al Darío angustiado, acosado por pasiones conflictivas y preocupaciones religiosas y metafísicas”.

De sus ediciones han aparecido una en Chile, otra en Estados Unidos, una más en Argentina, cinco en España y las dos últimas en Nicaragua a cargo de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua y de las Ediciones Distribuidora Cultural, ambas anotadas por Kraudy Medina. Además, El oro de Mallorca se ha traducido al alemán y al danés.

Resumen

Hay que reconocer el interés que el Banco Central de Nicaragua ha demostrado al editar este volumen de Novelas, caracterizado por su calidad científica. Emelina (“ingenua, romántica, cinematográfica y terrorífica”) es más que una curiosidad bibliográfica y fue la única que se publicó en libro; las demás se difundieron en revistas y diarios. Caín se redujo a un fragmento inicial. Según Günther Schmigalle uno de sus personajes, Parisina (rubia y encantadora), se sustentó en el recuerdo de Marion de Lorme, amante de Darío en París; y el título procedía del protagonista Caín Marchenoir de la novela de León Bloy: La Desesperé (1887), leída y admirada por Darío.

El hombre de oro, inspirada en modelos franceses, consiste en la reconstrucción estética de un prestigioso pasado con el que Darío se identifica: Roma en tiempos del emperador Tiberio, poco después de la muerte y resurrección de Jesucristo. La novela contrapone el mundo refinado y decadente del imperio romano y el mundo austero e intenso del cristianismo primitivo. La isla de oro no pasó de configurar el germen de una posible novela primaveral, ceñido por el relato de viajes, muy de acuerdo con la tradición inaugurada en el siglo XIX por los románticos y que tanta fascinación ejercía sobre los modernistas.

Finalmente, El oro de Mallorca constituyó un maduro ejemplo de autobiografismo existencial e intimista. Rubén se identifica con un músico, Benjamín Itaspes, quien navega de Marsella a la isla mediterránea de Mallorca para pasar una temporada de reposo y terapia. Utiliza recursos textuales reservados históricamente al diario, al tratado filosófico, al ensayo de especulación religiosa, al documento médico y a la crónica de viaje. “Todo ello ––señala JEA–– se amalgama en esta novela existencial, donde Darío ejecuta también incursiones intertextuales”.