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A raíz del magnicidio de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, hace 40 años, Luciano Cuadra (compañero de la expedición autotransportada desde Costa Rica a Olama, Chontales, en 1959: una táctica sin dirección estratégica) afirmó: “Tenía huevos de pro”. Por su lado, José Coronel Urtecho dijo que el periodista mártir ya no representaba a una coalición de partidos (UDEL: una estrategia sin táctica), sino “al pueblo de Nicaragua sublevado”. Pero en esta semblanza añadiré datos desconocidos y apreciaciones críticas sobre Pedro Joaquín.

Con los jesuitas en Granada

Nacido en Granada el 23 de septiembre de 1924, estudió la primaria en el Instituto Pedagógico de Managua (donde coincidiría con Anastasio Somoza Debayle) y la secundaria, interno, en el Colegio Centroamérica de Granada. Uno de sus profesores y guía scout, el mexicano Felipe Pardinas, lo evocaría: “Aquel chiquillo regordete, jadeante en las caminatas, no parecía destinado a la aureola de los héroes: apuntaba en él un carácter firme para obtener lo que deseaba y una serena independencia para elegir el camino que le parecía mejor”.

En el Centroamérica, regentado por los jesuitas, se graduaría de bachiller en ciencias, letras y filosofía, durante la promoción del curso 1941-1942 con otros 23 compañeros, entre ellos Alejandro Bolaños Geyer (1924-2005).

Este y Pedro Joaquín fueron declarados príncipes del Colegio, figurando ambos en el cuadro de honor del quinto curso. Además de ser electo presidente de la Academia de Sociología e Historia San Pedro Canisio, Pedro Joaquín obtuvo el primer puesto en la asignatura de economía política, el segundo en agricultura y el tercero en apologética, cosmografía y química. Bolaños Geyer, por su parte, el primero en agricultura, filosofía y física, más el segundo en química.

A Pedro Joaquín también le correspondió pronunciar el discurso de despedida “a nombre de sus compañeros. El joven Chamorro demostró capacidades que le servirán de llave en su entrada al mundo” (El Diario Nicaragüense, Granada, 24 de febrero, 1942).

Líder estudiantil y anticomunista

Luego ingresó a la Universidad Central de Managua para estudiar derecho, destacándose como líder estudiantil. “Participé ––recordaría–– en las manifestaciones del 27 de junio y del 4 de julio de 1944 contra la dictadura, y este último día pronuncié mi primer discurso en una calle sumándome en contra de la reelección de Somoza. Fui arrestado por primera vez y pasé varias semanas preso”.

Trasladado a México, prosigue sus estudios hasta licenciarse en la Escuela de Jurisprudencia de la UNAM, donde le reconocieron las materias cursadas en Nicaragua. Su monografía de grado fue utilizada por algunos profesores en la Universidad Nacional, en León. El derecho del trabajo en Nicaragua (1948) se titulaba y en ella se vislumbra su pensamiento reformista, el cual contraponía al comunismo en 1961, “porque desconoce la diginidad humana, niega las libertades del hombre y destruye su conciencia moral”.

Cinco roles

De hecho, la vida de Chamorro Cardenal estuvo marcada por dos roles inseparables: el de político y el de periodista, sin prescindir de dos no menos importantes que desempeñaría paralelamente: el de empresario y, sobre todo, el de jefe de clan, o de hermano mayor. Fundidos en su personalidad, habría que agregar uno quinto: el complementario de narrador, aflorado durante la censura decretada a raíz de la toma por el Frente Sandinista de la residencia de Chema Castillo el 27 de diciembre de 1974. Tres obras muy conocidas resultaron de esa experiencia: dos novelas cortas y un libro de cuentos, laureado en Guatemala.

Anteriormente, el constante manejo de la pluma había llevado a producir un testimonio denunciatorio, pasado en limpio en Costa Rica por Manolo Cuadra (1957), un diario de su experiencia carcelaria en 1959, dos reportajes geográficos en 1970 y tres panfletos políticos.

Los editoriales de La Prensa

Pero la mayor expresión mental de Pedro Joaquín se concretó en los editoriales de La Prensa, medio escrito que había heredado como patrimonio familiar y que pretenciosamente asumía de acuerdo con su antetítulo, como “el pensamiento nacional”. En esta página plasmó su ideología, vinculada a dos figuras cardinales de la segunda mitad del siglo XX: John F. Kennedy y Juan XXIII.

Por eso no creía en una insurrección sangrienta, sino en una revolución democrática de signo cristiano. Tampoco en el socialismo marxista que, según él, repartiría la miseria en Nicaragua. “Nos basta con la honestidad, con un nacionalismo moderado y reformas sociales profundas, pero racionales”, anotó en su diario político (editado póstumamente por su hijo Carlos Fernando) el 14 de noviembre de 1977; 46 días antes de morir.

La compilación antológica de sus editoriales, realizada por su hija Cristiana en 2007, abarca de 1948 a 1977 y distribuye su material en declaraciones de principios y aspectos básicos de La Prensa: visión y misión, la problemática nacional, los diferentes sectores sociales y la libertad de expresión en el contexto nacional e internacional.

Encuentro con Fidel

Tal fue la carrera política de Pedro Joaquín (“curtida de fracasos”, como él decía), simplificada, pero coherente con su extracción social. También coherente fue su actitud ante Fidel Castro, a inicios del 59, cuando viajó a La Habana, con el fin de solicitar apoyo para el intento armado de Olama y los Mollejones. Castro se lo negó argumentando que no estaba dispuesto a otorgárselo porque él era un reaccionario de los Chamorro “vende patria”. Pedro Joaquín le replicó que él era de otra generación y su ideología distinta de la de sus antecesores. Y también le aclaró: ´La sangre que llevo en mis venas no me la puedo sacar.´

Dos citas imprescindibles

Para terminar, rescataré dos citas de importancia histórica. Una: el 6 de julio de 1963, perteneciente a la editorial del semanario Orientación popular, órgano del Partido Socialista de Nicaragua, se leía: “El odio animal que Pedro Joaquín Chamorro tiene contra los Somoza es producto de la envidia. Chamorro sueña con la presidencia de Nicaragua para servir mejor a los multimillonarios norteamericanos, para colgar comunistas y enriquecerse mucho más, desde el poder”.

Y la otra, tomada de un ensayo de Manuel Fernández Vílchez: “Para la juventud intelectual democristiana/socialcristiana, la élite formada en los colegios católicos de la restauración conservadora durante la primera mitad del siglo XX, la política se convirtió en el antagonismo de Pedro Joaquín Chamorro (contra el sistema) versus somocismo (el sistema). Desaparecen las opciones de alternativa política.

Y en las mentes de una generación aparece una figuración de denostación del somocismo (una construcción ideológica), olvidando que Anastasio Somoza Debayle y Pedro Joaquín Chamorro Cardenal pertenecían a la misma clase social, en la que coincidían por lazos de intereses económicos”. Y concluye: “Pedro Joaquín era el pivote del precipicio a la violencia. Su pronóstico de un profundo e inevitable estallido social era su programa. La sombra de Pedro Joaquín no dejó crecer otro líder político desde 1971. Pedro Joaquín fue asesinado y dejó un país sin alternativa, abocado a la violencia”.