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Generalmente, la conquista española mueve a pensar acerca del mestizaje o “hibridación” racial que ocurrió en Nicaragua a partir de 1522, primero entre indígenas y españoles y eventualmente el agregado del negro africano.  Pero también aconteció un sincretismo o “hibridación” de formas culturales por la proximidad de la convivencia entre géneros étnicos diferentes que provocó la conquista. 

Gil González Dávila  reportó el bautizo de más de 9,000  indígenas en la región del istmo de Rivas, gesto que el conquistador no comprendió en toda su dimensión, pues es difícil suponer que los indígenas habrían comprendido inmediatamente el mensaje religioso de conversión que implicaba también la aceptación de la sumisión y el olvido inmediato de sus creencias y lealtades.

El bautismo era el instrumento con que españoles pretendían forzar al indígena a la sumisión y conversión religiosa, pero sería un acto formal pues no estaban los españoles en disposición de saber que el pensamiento religioso indígena era la base  de la identidad colectiva primitiva.   Una virtud vital de la sociedad indígena que concedía  a la religión un peso específico considerable para la organización y dirección de  las actividades productivas y a lo cual no renunciaría fácilmente.   González Dávila apunta en su crónica que…“…en dos o tres días que se les habló en  las cosas  de Dios, bino  a querer ser cristianos el  y todos sus yndios e mugeres, en que se babtizaron en un  día 9,017 ánimas chicas y grandes y con tanta voluntad y tanta atención… ”. 

A pesar de esto  es posible creer que le eran tan importantes sus preceptos religiosos, el acto ritual que le habría impuesto el español, no le haría abandonar su religión.   Y  así, el acto colectivo que consigna el conquistador sólo sería un acto formal o una estrategia del cacique.

Importancia del bautismo

El reporte de semejante cantidad de bautizados le era necesario al conquistador como requisito para avalar sus derechos de conquista, pues  implicaba que en el territorio existían una cantidad apreciable de  nuevos súbditos, con lo que aseguraba la soberanía real, y para esto sólo era necesario el bautismo de aquella población.   

El suceso   fue motivo de críticas de Pedrarias Dávila y envió al padre Bobadilla para que examinara el nivel de asimilación de los indígenas en la nueva religión.  Oviedo  comenta que Pedrarias…”…quiso haçer una probança por donde constasse que era burla é que aquellos no eran chripstiano…(…)…muy raros é poquissimos son los indios que se pueden deçir chripstianos de los que toman el baptismo en la edad adolscente ó desde arriba”. 

El extenso interrogatorio que aplicó  algunos  indios expresó toda la vitalidad de su cosmogonía, creencias religiosas, etc., mostrando que el acto formal del bautismo no garantizaba mayor cosa.   

Es importante indicar que a pesar del sistemático trabajo que la iglesia desarrolló con la predicación religiosa, el indígena sostuvo la validez de sus elementos identitarios, esto es lealtad a sus dioses, costumbres y rituales vinculados a su religión y otros.  Esto habría de combinarlo con los elementos culturales españoles que fue  “aprendiendo” en la medida que fue asimilando la enseñanza religiosa.   

Los indígenas apreciaron a los españoles como “gente nueva” según indica Mártir de Anglería, igual que los perros y caballos fueron una novedad muy trágica, junto a las armas (espadas, arcabuces y otros) que conocieron muy crudamente, sin tener acceso al uso de alguno.  El único contacto directo que hubo entre indígenas y españoles fue a través de la predicación  religiosa y por necesidad de los españoles de contar con apoyo para la conquista restante. 

Cuando Francisco Hernández de Córdoba  llegó al territorio de Nicaragua  (1524) fue inevitable el inicio de un proceso de socialización más firme donde unos y otros “aprendieron” rasgos de  la cultura ajena.   A pesar de la coerción que impuso la conquista como por esa persistencia de las formas culturales que sostuvo el indígena pues no podía renunciar inmediatamente a estas y que el español debió “aprender”.   

De manera que la  socialización  de elementos  culturales que diera paso al sincretismo inicial, esto es la asimilación recíproca de gestos, usos y otros; entre españoles e indios.  Españoles e indígenas correspondían a dos grupos étnicos diferentes que en la forzada convivencia se apreciaron desde sus propios universos culturales y asumieron aquellos gestos y usos, unos – los indígenas - por la vía de la coerción, en cambio; los españoles lo hicieron por necesidad de sobrevivir en un territorio extraño.  

En vista que la conquista concentró su interés en la región del Pacífico donde se concentraban la mayor cantidad de población, donde habitaban Chorotegas y Nicaraos y   eran ejecutores de un universo cultural específico y dominante con más similitudes que  diferencias por razón de sus orígenes mesoamericanos. Samuel K. Lothrop indica: “parece que en Nicaragua hubo dos propagadores de la cultura, los nicaraos y los chorotegas….”, en cuyo universo se basan todas las observaciones de los escritos españoles.   

Esto refiere la cultura material pero también a  elementos intangibles que la componen, de lo cual debe concluirse que la mayor parte de las formas culturales que subsistieron en este proceso de aprendizaje, fueron mesoamericanas y  son las que aún se deja ver.  Otro elemento notable es la lengua que sufrió cambios inmediatos, especialmente cuando se ordenó enseñar al indígena el idioma español para facilitar el trabajo de conversión religiosa.  Una cédula real del 7 de junio de 1550 mandaba…”…procurar que essas gentes sean enseñados en nuestra lengua castellana…(…)…porque por esta via con más facilidad podrán entender y ser doctrinados en las cossas de la rreligion cristiana…”.  

La enseñanza del castellano probablemente se había iniciado con irregularidad desde antes de la cédula mencionada, obedeciendo a las necesidades naturales de comunicación, pero los efectos que provocó establecieron las bases para la re elaboración de un nuevo idioma que contaría con un respaldo ideológico muy mal construido y defectuoso como sugiere F. Pérez Estrada.  

El mal aprendizaje del idioma español involucró una evidente deformación ideológica y pésima asimilación de representaciones e imágenes en todo el complejo mnemológico; además de la mala pronunciación del idioma  español, baste indicar la figura de Dios que fue el “Teotle” indígena.  En el texto de La Loga del Niño Dios,  se lee…”Porque yo no soy inracioná / Ni tampoco gindio cualquiera /Lo sé las letras gablá /Yo los leyé las cartillas /Bastante lo sé rezá / Sabo muy bien el vendito / La salvilla y los evegolo no má / Tan bien sabo el pagre nuestro / Y bien me sé persiñá…”.  

Es evidente la mala pronunciación del idioma español pero además se puede notar el manejo ya aprendido de elementos culturales propios de la religión que fue el instrumento básico a través del cual lograron conminar al indio a su aprendizaje.  Lo que deja en evidencia el proceso de sincretismo ya encaminado. 

En la medida que la convivencia se fue afirmando los cronistas españoles fueron percibiendo una variada realidad cultural que empezaron a asimilar junto a los soldados de  la conquista.  Poco a poco  fueron encontrándose con la necesidad de aprender las diversas manifestaciones del complejo cultural indígena ya fuera para reparar sus armas como para conseguir alimentos.    Eugenia Ibarra Rojas expresa…”…en 1524  Gil González y sus hombres tuvieron que elaborar escudos (adargas) de algodón de  la tierra y usarlos en lugar de los de cuero originales,  los cuales se habían perdido en la batalla con el cacique Diriangen. Las armas cambian de materia prima pero no en sus funciones”.  

Esta autora sugiere, igualmente, que en los primeros años habría ocurrido una “hibridación cultural laboral”,  en lo cual los indígenas aprendieron nuevos oficios como la construcción de casas, barcos y otros.  Agrega también que los españoles estarían experimentando ese fenómeno, referido a…”la adaptación de los españoles a una alimentación < de la tierra >, por las limitaciones para adquirir  alimentos europeos, tenían que construir sus viviendas con materiales autóctonos…”. 

Comida

Estas muestras preliminares de sincretismo fueron más allá en poco tiempo cuando se enfrentaron a la falta de alimentos que fueran propios de su dieta, a pesar de la introducción de semillas y ganados de la península ibérica, pues las semillas no progresaron por diferencias del clima.   El medio geográfico imponía sus propias condiciones en medio de la convivencia forzada que habían provocado los mismos  españoles y así estos debieron empezar a conocer  las virtudes naturales, recursos que ofrecía para la alimentación y otros aspectos.   

Debieron recurrir a la dieta indígena que les ofrecía alimentos en base al maíz que se producía en grandes cantidades, para esto fue importante el preliminar inventario de bienes naturales que elaborara Gonzalo Fernández de Oviedo.   Ese inventario de bienes con que eventualmente aprendieron a elaborar  sus propios alimentos o variar  la elaboración los alimentos indígenas que conoció. 

La decisión de los españoles por quedarse los llevó a someterse a ese proceso de intercambio cultural en el que cada grupo debió asumir  la experiencia cultural  del otro, unos para sobrevivir, otros adaptarse al nuevo estado de sumisión que vivían.   Esta primera fase del sincretismo temprano presenta un saldo favorable al  español en que estos habrían utilizado la coerción sobre el indígena utilizando sus implementos culturales, especialmente el religioso y las formas particulares del poder.     

Con todo  el intercambio cultural fue  inevitable pues la construcción de las ciudades españolas requirió del esfuerzo laboral indígena que debió aprender nuevas técnicas constructivas y nuevas formas de ordenamiento espacial, mientras el español aprovechaba la producción de alimentos y el uso de recursos que ofrecía el territorio y población.