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Demonios, hombres crucificados, huellas de pies que revelan caminatas cuesta arriba y manos que expresan apoyo, figuran entre las obras de pacientes de un psiquiátrico de Quito en "Entretejidos", una inusual exposición sobre su compleja existencia.

Esta muestra se exhibe en el Centro Cultural de la Pontificia Universidad Católica de Ecuador (PUCE), y ofrece una perspectiva intimista de los pacientes con enfermedades psiquiátricas, la mayoría con esquizofrenia aunque hay otros con adicciones.

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"Es la primera vez que se celebra en el país y se ha realizado muy poco a nivel mundial", explicó Arianna Moyano, coordinadora de la exposición y licenciada en psicología clínica en esa universidad.

El proyecto del hospital Sagrado Corazón abarca, en distintos estilos, el trabajo de un centenar de autores de todas la edades, algunos internados permanentemente y otros por períodos cortos.

Un demonio con sombras grises y forma de máscara era para uno de estos excepcionales artistas el ser máximo de su creación, "quien le sostiene y permite que su enfermedad no avance", explica a la psicoanalista Isabel Durango sobre el autor de uno de los cuadros.

En otro, a trazos de lápices de colores, una persona arrodillada frente a un hombre postrado en la cruz trata de transmitir la impotencia del autor frente al mal de la esquizofrenia.

En dos autorretratos, una paciente adicta a las drogas se refleja a sí misma con una sonrisa y, a la vez, con una fría mirada, casi enojada y con los cabellos sobre el rostro, representación de su doble vida.

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"Entretejidos", el nombre de la exhibición que estará abierta hasta fin de mes, no es ni mucho menos casual.

"Mediante el arte -señala Moyano- se entreteje el discurso, se le da forma y se convierte en aquello que les permite (a los pacientes) mantenerse en estabilidad a modo de una suplencia para su psiquismo".

Personas visitando la exposición "Entretejidos" en Quito (Ecuador). EFE/END

El inusual espacio de arte y destreza fue organizado para dar a los pacientes la oportunidad de conectar su inconsciente con múltiples dimensiones, de plasmar sus sueños, pensamientos y recuerdos, algunos ciertamente confusos.

Es el caso de un simple trazo a carboncillo: expone la compleja silueta de una mujer que se abraza dando forma a un corazón, indicio ambivalente del amor o soledad de la paciente.

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También refleja la dura realidad de unos enfermos atrapados entre dos mundos, y en la que la combinación de colores y patrones apuntan con claridad al tipo de enfermedad de cada uno.

Los esquizofrénicos rayan en el desorden y el caos, con estilos enredados y sin concordancia de colores.

Por el contrario, los adictos siguen un patrón y la coloración es más uniforme.

El proyecto responde a la iniciativa de seis jóvenes de la carrera de psicología clínica de la PUCE, que decidieron tomar el arte como punto de partida en sus prácticas profesionales y presentar un trabajo donde lo ilógico cobra forma y adquiere sentido.

Recontrucción

También docente de Psicología, Durango expresa que "el psicoanálisis comparte con el arte la ambición de transformar", por ello, los pacientes psiquiátricos necesitan de estos espacios porque "el sujeto puede reconstituirse con su creación".

En la muestra también hay pensamientos escritos por los internos, que plasman sus ansiedades e inquietudes.

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"Caricias de Dios en mi vida, poemas de amor por los campos lloran de hambre de sed, que venga mi madre pedimos a Dios", rezaba uno de ellos sin que tuviera una clara interpretación.

En lo que es un auténtico derroche de emociones, estos complejos textos se pueden leer en pequeños libretos o notas diseminadas por las paredes.

"Escribo una carta con mis débiles dedos para mi querido amor" o "me sentí mal, me sentí bien, porque me pesa el dolor, esperanza no tengo, ya murió mi ilusión", dicen otros mensajes.

Archivo/END

La psicoanalista explica en ese sentido que su disciplina "tiene mucho que aprender del arte", y sugiere que la técnica permite que se pueda construir algo mediante la subjetividad de cada paciente.

Las obras "no pretenden buscar rasgos" en el paciente o analizarlos, abunda, sino meramente dar rienda suelta a sus sentimientos.

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Mientras colgaba uno de los cuadros, Moyano coincide con su colega en que este espacio no trata de interpretar a los pacientes sino "darles un modo o un sujeto para que se sostenga en el arte".

Un "sujeto" que solo el autor conoce su sentido, y que al plasmarlo en su obra pretende dar a conocer las múltiples facetas de su personalidad, sus problemas y su enfermedad.