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Hace dos años decidí comprar una casa. Después de meses de búsqueda, encontré una residencia hermosa y acogedora en Los Ángeles, California. Las calles del vecindario estaban adornadas con bellos sauces; manejar por este barrio daba la sensación de estar en un jardín encantado. Y lo que más me gustaba era que desde la sala de la casa se apreciaba a lo lejos un lindo campo de golf.

Después de recorrer la propiedad, le dije con rapidez a mi agente de bienes raíces: “Hagamos una oferta inmediatamente, esta casa tiene que ser mía”.

Imaginé los muebles, las cortinas y hasta los colores con los que la decoraría.

Luego, llamé a todo el mundo para contarle de mi futuro hogar.

Lamentablemente, dos días después sucedió algo inesperado, los dueños de la casa decidieron no venderla. ¡No podía creerlo, esta era la casa de mis sueños! Desilusionada y triste pensé: “No voy a encontrar otra casa que me guste tanto como esta”.

Seguramente, a ti te ha sucedido lo mismo. Deseabas algo ardientemente pero no se te dio. Tal vez fue un trabajo, un amor o una gran oportunidad que no pudiste conseguir. En aquel momento te sentiste desilusionado o frustrado. Sin embargo, más tarde apareció algo mejor y hoy te das cuenta que, después de todo, lo que tanto querías no era lo que más te convenía.

Lo que está para ti, no llega en el momento que tú lo quieres, que tú lo decides o que tú lo pides, más bien llega cuando te conviene. Todo  en esta vida tiene un orden divino, las cosas suceden en el momento preciso, ni antes ni después.

En mi caso, doy gracias de que no pude comprarme “la supuesta casa de mis sueños” pues un mes después me llegó una excelente oportunidad de empleo en Miami que demandaba mudarme a la Florida. Si hubiera comprado aquella casa, mi traslado hubiera sido complicadísimo y seguramente no estaría viviendo en mi residencia actual, la cual adoro. No está rodeada de un jardín encantado, pero el sol, las palmeras y las amistades que he encontrado en Miami me hacen sentir que encontré el hogar que tanto anhelaba.

Si hay algo que deseas y aún no llega, es porque todavía no estás preparado para recibirlo o sencillamente no es bueno para ti. Ten calma y no te desanimes.

Dios conoce tu situación, Él sabe exactamente lo que necesitas y te entregará en el momento apropiado.

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