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La semana pasada iba de viaje a Guatemala para motivar a más de 1,500 mujeres en un congreso de la Cámara de Comercio de ese país. Cuando estaba a punto de abordar el avión en Miami anunciaron que el vuelo estaba retrasado. Pasó una hora y luego avisaron que aún los mecánicos estaban arreglando el desperfecto del avión y que no podían darnos un estimado de cuándo lo solucionarían.

Tras otra hora de espera dijeron: “Agradecemos su paciencia, estamos haciendo todo lo posible por resolver esta situación. De ser necesario buscaremos otro avión”.

La ansiedad se apoderó de los pasajeros incluyéndome a mí, eran las 10:00 pm y tenía que hacer mi presentación muy temprano a la mañana siguiente. Me angustiaba pensar no llegar a tiempo a mi conferencia.

Para endulzar mi preocupación decidí ir a comprar los famosos pastelitos de guayaba que venden en el aeropuerto de Miami. Y mientras saboreaba uno, un pasajero nos preguntó a los que esperábamos junto con él, qué opinábamos sobre la situación. Dije que no me importaba cuánto tuviera que esperar con tal de que no cancelaran el vuelo. Tras mi respuesta, este señor con aire de “sabelotodo” dijo: “Les voy a decir algo: yo soy profesor de matemáticas y conozco bien la Ley de Probabilidades. Esta dice que algo que intentas arreglar en dos ocasiones y no funciona, seguramente tendrá problemas más adelante”.

Hasta ese momento no había contemplado que el avión se fuera a estrellar, pero su comentario infundió miedo entre quienes lo escuchamos. Y lo peor es que yo tenía que tomar ese vuelo aunque le faltara un ala al avión.

Una joven dijo: “Ay Dios mío yo no me subo a ese avión”. Otra señora comentó: “Esto me acuerda el vuelo que iba de Brasil a Francia y se estrelló con más de 200 pasajeros”.

Por otro lado, un señor preguntó: “¿Todavía estaremos a tiempo de comprar un seguro vida?”. Sentí la obligación de traer positivismo a la puerta de embarque D-32. Me levanté y me dirigí al grupo como si estuviera en un escenario: “No soy ‘matemática, pero si sé que las probabilidades de morir en un accidente aéreo son de 1 en 11 millones, así que nada malo nos va a pasar”.

Y así sucedió, después de cinco horas de espera abordamos y todos llegamos sanos y salvos a Guatemala. Así como este profesor abrió su boca para crear inseguridades, siempre te toparás con personas negativas que te desalienten. ¡Jamás permitas que otros te contagien con su pesimismo!

Para motivación visita www.mariamarin.com y síguela en Twitter @maria_marin