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Los lácteos son aquellos alimentos derivados de la leche, como el yogurt, los quesos, las cremas, las mantequillas y la leche agria.

La leche y sus derivados son alimentos considerados muy importantes para el funcionamiento adecuado del cuerpo humano, son fuente grande de proteínas, carbohidratos, grasas y vitaminas B6, B12, niacina, vitamina A, D y C y minerales como el calcio, hierro, magnesio y fósforo.

La leche puede ser entera (posee la cantidad de grasa original), semidescremada o 2% de grasa, descremada o 1% y cero grasa.

El queso es un producto lácteo muy denso nutricionalmente, pues para producir una libra de este se requieren 10 litros de leche aproximadamente.

El yogurt es una mezcla de leche y crema que se fermenta con cultivos de bacterias y adicionalmente tiene saborizantes y endulzantes. Este varía de acuerdo al tipo de cultivo que se haya usado para su preparación. Tiene gran utilidad en el restablecimiento de la flora intestinal.

Los beneficios que los lácteos aportan, según la edad, son los siguientes:

Infancia y adolescencia:

Ayudan a la formación de huesos, dientes y al desarrollo neuronal e intelectual.

Embarazo y lactancia:

Suplen la mayor necesidad de nutrientes esenciales y evitan la descalcificación ósea.

Menopausia:

Cubren las pérdidas de calcio y tratan de evitar la osteoporosis.

Ancianos:

Ayudan al mantenimiento de la masa ósea y la masa muscular (la que se pierde con el avance de los años).

El consumo de leche facilita la pérdida de peso, pues da saciedad por aportar algunas exorfinas y gran cantidad de proteínas de alto valor nutritivo. Esto facilita el crecimiento de los músculos y masa magra.

El potasio y el magnesio de los lácteos disminuyen algunos factores importantes para el control del síndrome metabólico y junto a un consumo adecuado de frutas y vegetales disminuyen la tensión arterial. En alteraciones del colesterol y los triglicéridos se deben consumir lácteos bajos en grasa o desgrasados, estos mantienen todo su poder nutritivo sin aportar grasas saturadas.

Los bebés deben consumir leche materna idealmente por el primer año de vida, siendo exclusiva los primeros seis meses. Luego fórmulas especializadas que tienen una composición más adecuada, con mayor porcentaje de omega 3, vitamina E y hierro. Posterior al primer año el consumo de lácteos debe ser alrededor de tres porciones diarias.

Las grandes federaciones consideran necesario que los adultos consuman alrededor de dos a tres porciones de lácteos en el día, aunque estos deben de tener como característica fundamental ser descremados y desnatados.

Si se presenta malestar digestivo con el consumo de lácteos, se pueden usar aquellos que son deslactosados o el yogurt.

La alimentación balanceada implica consumir una amplia gama de alimentos, es por esto que aparte de frutas, verduras, carnes magras, carbohidratos integrales altos en fibra, grasas polisaturadas, los lácteos forman parte de esta gama de opciones nutritivas que debemos consumir.

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