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Entrevisté en mi programa de radio a una mujer admirable. Desde los siete años de edad ella esperaba alcanzar metas grandiosas: “Quiero ser científica, encontrar la cura para el cáncer y ganar el premio Nobel de la Paz”.

Hoy día esta niñita es la doctora Jenny Romero, exitosa oncóloga, quien diariamente le gana la batalla al cáncer a través de muchos pacientes. Sus aspiraciones descabelladas fueron precisamente las que la llevaron a triunfar. El caso de esta mujer es una de las muchas historias que prueban que existe un paralelismo entre lo que una persona espera en la vida y lo que llega a obtener.

Quien tiene expectativas altas alcanza mejores resultados que quien tiene expectativas bajas. Aquel que espera poco obtiene poco, y el que espera mucho obtiene mucho. Este principio aplica tanto en los negocios como en el amor.

Por ejemplo, si tus aspiraciones en la vida son tener una profesión o tu propio negocio y ganar mucho dinero, seguramente vas a llegar mucho más lejos que alguien que está esperando encontrar un empleo que le ayude a cubrir sus gastos.

En el amor también

De igual manera sucede en el amor. Es decir, una dama con expectativas grandiosas de encontrar a un hombre elegante, educado, trabajador, sin vicios, romántico, espléndido, responsable, fiel y, sobre todo, ¡buen amante!, seguramente acabará con un mejor partido que aquella que dice: “Yo espero poder conseguir un hombre que no sea borrachón y no esté casado”. Atrévete a pedir más de lo que crees que puedes conseguir; ya sea una mejor pareja, un mejor salario, un mayor descuento o un mejor puesto. Quienes piden más ¡logran más!

No tengas miedo a soñar con metas exuberantes. Tus resultados en la vida irán en proporción directa a tu nivel de expectativas. La razón por la cual muchos no alcanzan más éxitos es porque no se atreven a aspirar a más. Desde hoy eleva tus expectativas y aplica mi regla dorada del triunfo: “!Pide Más, espera más y obtendrás más!”.