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La “dieta mediterránea" es una de las dietas que mundialmente ha sido reconocida por miles de estudios debido a la capacidad de mejorar la salud de nuestro corazón y por disminuir la incidencia de enfermedades cardiacas.

Esto suena muy interesante y creo que muchos quisiéramos implementar algunos de sus principios para lograr el mismo objetivo.

¿Cómo podríamos seguir aquí en Nicaragua, al otro lado del mundo, los principios de este tipo de dieta? ¡ES MUY FÁCIL!

Esta dieta rescata la importancia de la actividad física diaria, un adecuado descanso y el compartir con amigos y familia los momentos al lado de la mesa y en torno a los alimentos.

Cada tiempo de comida debe incluir uno o dos harinas; estas deben ser idealmente integrales y con mucha fibra, pues así conservan su riqueza nutricional. Dentro de estos carbohidratos tenemos el arroz, el pan integral, la pasta, el couscous y la papa, ocasionalmente. Los típicos como los plátanos, yuca y quequisque quedan por fuera, porque son 100% almidón con pocos antioxidantes y sin fibra.

Cada tiempo de comida debe tener vegetales variados en colores y texturas; esto asegura su riqueza en vitaminas, minerales y antioxidantes. Por lo menos 2 tazas en almuerzo y cena, una de ellas cruda.

Las frutas son permitidas; dos a tres porciones al día y son la mejor opción para postre. Así nos ahorraríamos las calorías vacías de los dulces y las reposterías.

Para picar lo ideal es limitarse a las frutas, a las semillas o a las aceitunas. Esta dieta exige una hidratación adecuada, con agua o infusiones calientes de hierbas naturales, simples o con mínima cantidad de azúcar.

Los lácteos; una o dos porciones al día, bajas en grasa.

Como condimentos las hierbas, el ajo, la cebolla son ideales; siempre lo natural es lo mejor.

Las grasas preferiblemente del aceite de oliva, para aderezar y cocinar sin dejar calentar hasta el punto de humeo, y así no perder sus propiedades benéficas.

Las proteínas son usadas como complemento de todo lo anterior, no son la parte principal del plato, pero pueden ser de origen animal: pescado, mariscos, pollo y carne roja, una o dos veces por semana y magras. La combinación de proteína vegetal (leguminosas, frijoles o garbanzos) con cereal es una excelente opción, si se quiere reemplazar la carne y es ideal por lo menos dos veces por semana.

Los dulces, caramelos y postres de forma muy ocasional y en poca cantidad.

No olvidar un aspecto importante: las bebidas fermentadas como la cerveza, en poca cantidad y mucha moderación. Mejora los niveles de colesterol bueno o HDL cuando el consumo es moderado, es decir, un vaso pequeño diariamente acompañando alguna de las comidas.

Todos los aspectos arriba mencionados permiten rescatar, desde Nicaragua, los principios de esta prometedora dieta que mejora la salud de nuestro corazón y que disminuye el riesgo de que este enferme.