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A los médicos se nos ha ido haciendo muy frecuente que lleguen a visitarnos personas con hígado graso. Algunos asisten con cierto grado de preocupación, pues saben que el hígado es un órgano muy importante y quieren ver lo que se puede hacer; mientras que otros lo hacen con cierta tranquilidad, pues conocen a muchas personas con el mismo padecimiento y aplican el conocido refrán “mal de muchos consuelo de tontos”.

El hígado graso es una afección caracterizada por la acumulación de grasa en el tejido de este órgano. La acumulación de grasa en su estructura puede afectar su adecuado funcionamiento.

El hígado es una de las grandes industrias de nuestro organismo; primero, es el que recibe de primera mano los nutrientes que vienen del intestino y los procesa o distribuye a lo largo del organismo; se encarga de la producción de factores importantes para la coagulación; produce la bilis para facilitar la digestión de las grasas, además que sintetiza sustancias y algunas hormonas que son indispensables para el control de la tensión arterial, el estado inmunológico, entre otros; y metaboliza sustancias importantes como algunas medicinas y el licor. Su función es muy completa e importante, razón por la cual debemos preocuparnos al ser reportada una lesión como la esteatosis hepática (nombre científico del hígado graso).

Además, otro aspecto importante es que esta grasa puede depositarse en diferentes cantidades y en algunos casos ocasionar inflamación del hígado o hepatitis, que a largo plazo se convierte en fibrosis y en una cirrosis.

¿Cómo se controla?

Lo esencial es entender que esta acumulación de grasa viene dada por exceso en la ingesta de las mismas, de alcohol y de carbohidratos poco saludables en la dieta. Para evitarlo y mejorarlo sugiero:

Consumir 1 cucharada de linaza o chía molida en 1 vaso de agua antes de cada comida. Consumir 2 a 3 tazas de frutas variadas en el día, ojalá mezcladas con vegetales verdes como brócoli, espinaca o apio.

Evitar la carne roja, consumir pescados por lo menos 2 veces por semana y reemplazar la proteína animal por proteína vegetal como garbanzo, lenteja o frijol más un cereal como maíz o arroz integral dos veces por semana.

Incluir 4 a 6 tazas de vegetales de colores variados. Distribuirlos en los tres tiempos de comida.

Evitar el consumo de licor en su totalidad, este se convierte en triglicéridos y se almacena en el hígado.

Preferir las harinas que tengan mucha fibra como el arroz integral, el pan integral, la pasta integral, los frijoles, la tortilla de maíz natural, la quinoa y los cereales integrales.

Introducir 2,000 mg de ácidos omega 3, un suplemento de vitamina E y consulte con su médico de confianza el uso de silimarina. Siendo responsable, su hígado podrá gozar de mayor bienestar.