•  |
  •  |

Si algo caracteriza a la doctora María Elena Pérez es su insaciable sed de cada día aprender más. Por eso sus títulos profesionales dan fe de sus conocimientos por triple partida; además de ser médico general, es ginecóloga y hace pocos meses terminó su diplomado en ultrasonido y gineco-obstetra. A esto debe agregársele que puede comunicarse en tres idiomas: inglés, alemán y su nativo español. Como complemento interesante, tiene tres nombres en su cédula de identidad: Rosa María Elena. Otro detalle es que ella es la mayor de tres hermanos.

32 años de edad, madre de un niño de 3 años y llevando una gestación de 32 semanas, Pérez Álvarez fue una destacada estudiante de primaria y secundaria en el Colegio Alemán Nicaragüense. Allí se graduó con honores, vivió una niñez y adolescencia llena de estudios, fiestas, paseos y actividades sociales que le despertaron sentimientos de solidaridad y compromiso con las personas necesitadas.

Pasaron cuatro generaciones en la familia de la doctora, desde su tatarabuelo, quien estudió medicina y escribió un libro, para que alguien fuera seducido por la medicina. Rosa María Elena fue heredara desde temprana edad de esa vocación humanitaria; desde que estaba en el colegio le gustaba ayudar a la gente y pensó que la mejor manera de seguir haciéndolo era a través de la medicina.

Apasionada por la música revolucionaria de Carlos Mejía Godoy y Pancasán, Rosa María Elena también disfruta bailando la salsa de Luis Enrique, Celia Cruz y Marc Anthony, la bachata de Juan Luis Guerra, los vallenatos de Carlos Vives, entre otros ritmos.

¿Qué la motivó a estudiar la especialidad de ginecología?

Viendo que hay tanta mortalidad infantil en Nicaragua, eso me motivó a estudiar esta especialidad; además, estudiando medicina general, me di cuenta que quería atender a las mujeres embarazadas, porque así tengo dos pacientes en vez de uno y porque en el embarazo no solamente se ve enfermedades, sino también a la persona sana que necesita control.

¿Qué siente cuando toma en sus manos a un niño recién salido del útero de una madre?

Es lindo, porque una se siente realizada, siento que logré una meta: traer una vida al mundo. Generalmente las pacientes hacen casi todo el trabajo, pero nosotros tenemos que estar allí, dándoles ánimo y la esperanza de que todo va a salir bien, es algo mágico.

¿Qué opina usted sobre la participación de las comadronas en la atención de los partos en la zona rural?

Pienso que tienen un rol fundamental, porque las pacientes confían más en las comadronas que en los médicos, porque ellas son parte de su entorno, de su cultura. A ella se les puede enseñar sobre cómo manejar a la paciente, un nivel científico es necesario aún.

¿Qué satisfacción le ha dado esta profesión?

Ver a la mamá cuando agarra a su bebé y llora, y de pronto le agarra la mano a uno y le dice ‘gracias, doctora, por estar aquí’. Esa sensación de gratitud del paciente no se puede describir, es lo más lindo que hay, es lo que hace que cada día nos levantemos para seguir ayudando.

¿Qué recuerdos tiene de su vida como estudiante?

En el colegio, éramos un grupo de 15 estudiantes en mi aula y siempre fuimos muy unidos. Ya en la universidad, tuve la suerte de conocer a un grupo de amigos, éramos 7 y nos mantuvimos lo más unidos posible, y hasta ahora mantenemos esa amistad. Al terminar la carrera, cada uno nos dividimos en distintas subespecialidades y así uno es ortopedista, otra es dermatóloga, otro es reumatólogo, dos son pediatras y una es hematóloga.

¿Cómo se describe?

Trato de ser lo más optimista posible, muestro mucha seguridad, soy responsable y siento que cada vez tengo sed de aprender más.

¿Cómo se divierte?

Me gusta pasar tiempo con la familia. Me gusta salir, pasear, el mar me encanta, la playa, la arena, ir al cine, hace mucho que no bailo, pero me encanta bailar y cantar en la ducha (ríe).

¿Le gusta comer comida de restaurante o prepararla usted misma?

Realmente no soy mucho de cocinar, yo soy más de salir a comer; hasta ahora es que estoy empezando a cocinar cosas para mi esposo.

¿Cómo fue su experiencia cuando le tocó estar en el papel de paciente con su primer hijo?

Es muy diferente, antes les decía a mis pacientes: ‘tienen que darle la leche materna, tienen que darle leche’. Entonces cuando yo tuve mi primer bebé, era difícil que me bajara la leche y hubo un momento que me sentí frustrada, porque yo les exijo a mis pacientes que hagan eso y yo no lo podía hacer, hasta que después de varios días lo logré, pero fue hasta que viví la experiencia. No es lo mismo dar consejos que vivirlo.

¿Su meta como mujer?

Me gustaría ser feliz con mi familia, que mis hijos tengan la educación que yo tuve o hasta mejor: quiero que puedan ser más competitivos.

¿Meta profesional?

Ya no basta ser especialista, hay que ser sub-especialista; por eso mi meta es tratar de hacer una subespecialización en medicina materno-fetal, perinatología o embarazo de alto riesgo.

¿Qué detesta de las personas?

Que me mientan, no me gusta la mentira porque pienso que hay que ser honesto, aunque moleste; hay que saber decir las cosas, pero hay que decirlas.

¿Qué autores le gusta leer?

Me gusta leer obras de Paulo Coelho, Gioconda Belli… esos son los tipos de libros que pasaría leyéndolos y releyéndolos.