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Aunque a muchas personas les aterra y le huyen a la muerte, el doctor Pedro Matute se topa con ella con mucha frecuencia, pues su trabajo como médico forense le obliga a estar presente después que ocurre un homicidio, un accidente de tránsito o se encuentra una osamenta humana, para determinar la causa de esa defunción.

Pedro Joaquín Matute Hernández es originario de Ocotal, Nueva Segovia. Tiene 54 años de edad, 26 de ellos ejerciendo la medicina. Esta carrera la estudió en Voroshilovgrado, región de Lugansk, Ucrania, exrepública de Unión Soviética.

Cuando regresó graduado de médico general, Matute Hernández fue ubicado en hospital de su pueblo natal, Ocotal, y luego estuvo como jefe de área en Jícaro. A inicios del año 1990 sus antiguos compañeros del ejército, del que fue político de un batallón de milicianos, le dijeron que necesitaban médicos y se trasladó a la institución armada, en donde siguió capacitándose y actualizándose en el Hospital Militar “Alejandro Dávila Bolaños” en cirugía, traumatología, epidemiología, salud reproductiva y medicina militar, que consiste en prepararse para abastecer médicamente a un batallón en la defensa del país.

Después quiso estudiar medicina forense y el ejército le consiguió una beca para estudiar la especialidad en la Universidad Católica, Unica, de donde egresó en 1997, en la primera promoción de médicos forense realizada en Nicaragua y Centroamérica. Desde entonces, su vida gira en torno a los lesionados, muertos y víctimas de violencia, a quienes atiende con dedicación en cualquier momento que se le necesite.

¿Por qué escogió medicina legal?

Me llamó la atención conocer el tiempo que una persona tiene de fallecida, saber de qué sexo es, qué raza, qué le causó la muerte, todos los detalles, es muy intrigante.

¿Cómo determina la causa de una muerte?

Interpreto todas las evidencias que encuentro y lo bonito de la medicina forense es que metafóricamente los muertos hablan, te cuentan todo lo que pasó, te dicen la verdad. En cambio un vivo miente. Nuestro trabajo es describir las lesiones que encontramos, determinar si se usó arma de fuego, corto punzante o contusa. Eso le va ayudar al juez, al fiscal y a los abogados a dilucidar mejor.

¿Qué otros aspectos atiende un forense?

Nosotros miramos todo lo que es violencia intrafamiliar, cuando un hombre agrede a su esposa, sus hijos o cualquier familiar. Vemos las lesiones que suceden en los accidentes de tránsito, la violencia callejera, los estados de salud de los detenidos y más.

¿Qué fue lo más difícil de su estancia en Rusia?

Lo más difícil es estar lejos de la familia, pero recibir una carta allá era lo más bello, una carta de cuatro páginas que leía y releía una y otra vez, porque me contaban de mi papá, mis hermanos, y allí nomasito empezar a escribir la respuesta para responder, mandar fotos o postales. Eso fue duro, duro.

¿Cómo se adaptó a la comida rusa?

Fue difícil, o sea, me hacían falta los frijolitos, la tortilla, el gallo pinto, esa jodida taza de café calientita, que es lo más rico, con ese cariño que nos engrandece en el norte.

¿Cuál ha sido la mayor satisfacción en su trabajo?

He atendido a muchas personas y jamás he cobrado una consulta, pero el mejor pago que he recibido es la sonrisa de la gente.

¿Qué piensa de la muerte?

Es una bendición, nos libera. El problema es que le tenemos miedo, y no la sabemos enfrentar.

7 años estuvo en Rusia estudiando el Dr. Matute.