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Ya todos sabemos que “COMER” es una actividad que está influenciada por muchos factores, entre ellos la disponibilidad de los alimentos, el presupuesto familiar, las costumbres aprendidas en casa, los propios gustos, el ánimo que se tenga en el momento, el hambre que tengamos, etc. Las múltiples interconexiones de nuestras neuronas en el cerebro son las que dan complejidad a esta acción.

Tenemos la capacidad de establecer rutas, vías o hábitos cuando una actividad se repite de forma constante por un periodo de 21 días aproximadamente. Esto en algunas ocasiones es útil, pues permite cambiar algún hábito o implementarlo solo con disciplinarnos por un periodo de tres semanas repitiendo la acción de forma rutinaria.

Por otro lado existe también el reflejo condicionado, que es muy familiar para todos y que algunos seres vivos incluyendo animales funcionan cuando se practica. Esto hace referencia a que luego de una acción viene una recompensa, así ocurre con los perros o animales de entrenamiento que cuando hacen algo o dejan de hacerlo sus dueños o entrenadores dan una recompensa que los anima y los alienta a seguirlo practicando.

Muchas personas por diferentes razones al tener cierto sentimiento o por haber realizado cierta acción buscan cómo premiarse con alguna golosina, por ejemplo: me peleo con mi pareja y esto me hace merecedor de un chocolate, o saqué buenas calificaciones y por esto me gano una pizza o recoge tus juguetes y te doy la galleta que más te gusta.

No hago referencia a que las recompensas estén fuera de contexto, definitivamente son válidas, pero cuando hablamos de comida hay que tener extremo cuidado, pues nuestro cerebro la mayor parte de las veces busca recompensas a base de panes, golosinas, dulces, chocolates y excesos de alimentos que aportan pocos nutrientes, vitaminas y minerales.

Recordemos que cada que ingerimos algo de comida, tenemos la oportunidad de aportar a nuestro organismo los nutrientes necesarios para que esté más saludable y reciba lo que necesita para desarrollarse y funcionar adecuadamente. Es por esto que no es adecuado generar este hábito, pues a largo plazo puede ocasionar desequilibrio químico en nuestro organismo como también afectar el peso, que debe estar siempre dentro de los rangos normales para cada uno.

¿Qué debes hacer?

Si tienes avidez por estos alimentos que menciono, analiza muy bien las emociones y lo que te lleva a buscarlos. Realmente el consumo de alimentos no debe estar asociado a ninguna emoción y por esto ni la tristeza ni la alegría son disculpas para consumir X o Y alimento. Si fuera necesario es válido buscar apoyo sicológico para poder lidiar con estos sentimientos.

Busca alternativas para reconfortarte: puede ser leer un libro, regalarte unos zapatos, mimarte con un masaje, escribir un diario con tus emociones y sentimientos, salir a dar un paseo, etc.

Recuerda que los alimentos deben llenar nuestros requerimientos nutricionales y no emocionales. Trata de establecer solo hábitos y costumbres saludables.